Los años pasan y mi cuerpo se marchita. Me inquieta ver los cambios que mi apariencia experimenta. A veces pienso en los momentos felices e infelices, aunque esos se ven cada vez más difusos.
Extraño mi viejo yo, ese que soñaba en grande y no creía en imposibles, el que se desvelaba haciendo lo que más le gustaba. Ahora, en cambio, me desvelo ante el existencialismo, me duele no haber alcanzado aún mi mayor anhelo,lo que me impide dejarme caer en los brazos de Morfeo.
Desistir no es una opción.¿Qué propósito tendría la vida si tuviera que renunciar a lo que de verdad amo? Aunque sea esta, la vida, la que en parte vuelve el camino pedregoso.
Pero,como dicen algunos: "Los sueños mueren cuando el soñador perece."