Hay algo extraño en nuestra generación: hemos aprendido a editar el sufrimiento.
La tristeza ahora tiene filtros.
La ansiedad tiene frases bonitas.
La depresión se convierte en estética gris, café frío y canciones melancólicas de fondo.
No está mal hablar del dolor.
Es necesario. Es valiente.
Lo preocupante es cuando empezamos a confundir profundidad con sufrimiento constante.
No todo lo que duele nos hace interesantes.
No toda oscuridad es poética.
El amor moderno a veces premia la intensidad tóxica.
Las redes premian la vulnerabilidad si es “bonita”. Y poco a poco, sin notarlo, empezamos a pensar que sanar es aburrido y que estar en paz nos vuelve comunes.
Pero la estabilidad también es valiente.
Ir a terapia es valiente.
Tomar medicación cuando se necesita es valiente.
Pedir ayuda es valiente.
No somos más reales por estar rotos.
Somos más libres cuando dejamos de decorar nuestras heridas y empezamos a tratarlas.
El dolor merece respeto, no aplausos.
Si tiene que doler, que duela.
Si ha de llegar, a personas; con pensamientos diferentes. Lo hara.
Si ha de golpear, que golpeé.
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Un tema que no muchos estan preparados para tener de conversación.y otros son demasiados maduros para retenerlo.
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Otros leen y pasan paginas. Luego viene el que leyó, pero se le olvido en si de que trataba.
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( T_T)\(^-^ )