Puedo decir que ya te dejé ir, que borré tu nombre de cada rincón de mi mente y que mi vida sigue sin ti...
Pero no puedo, sin darme cuenta ya estoy ahí de nuevo, cerrando los ojos y volviendo a sentir cómo eras cuando me hablabas bajito - tus palabras suaves como el algodón, siempre tan cuidado de no asustarme ni hacer daño... Y en ese momento mi pecho se apretó tanto que casi no puedo respirar, como si algo me estuviera apretando desde adentro, recordándome que aunque quiera borrarlo, todo eso fue real y me marcó para siempre.
Es que te veo en cada esquina donde nos detuvimos, en las melodías que bailábamos juntos y cuando la noche se pone tan larga que el silencio me grita tu nombre...
Me pregunto, ¿por qué nos encontramos si tenía que ser así? ¿Qué tiene este amor que nos unió con fuerza pero no nos dejó estar?
Eso me pregunto siempre, porque de mi vida realmente tú no te vas...
Estás ahí, en cada cosa que guardé de ti, en cada gesto que me enseñaste, en cada rincón de esta casa que fue nuestra.
No sé cómo lo lograste, pero te metiste tan hondo en mí que ahora no sé dónde empiezo yo y dónde terminás vos...
Y aunque sé que no debería, que tengo que seguir adelante, no puedo evitar pensar en ti, en tu manera de sonreír, en cómo me calentabas las manos cuando hacía frío...
En todo lo que me hacía sentir que existía, en todo lo que me hacía creer que éramos para siempre.
¿Por qué nos tocó este camino? ¿Qué nos espera ahora que ya no estamos juntos?