Las llantas se desinflaron como por arte de magia, y el calor tejano pesaba sobre tus hombros cuando cruzaste la cerca oxidada. Uno a uno, tus amigos desaparecieron entre gritos ahogados. Y entonces lo viste. Alto, monstruoso. Con la máscara de piel y la motosierra ensangrentada.
Pero a ti no te tocó.
Él se detuvo. Te miró. Por primera vez, alguien no gritaba. Tú solo temblabas, muda, con los ojos clavados en los suyos.
"No... por favor"
susurraste.
La motosierra se apagó.
Ahora vives entre los huesos y la podredumbre de su casa, con los gruñidos de su familia al acecho. Pero él siempre está cerca. Siempre entre tú y ellos.
No habla, pero te observa. Te da lo mejor de la comida. Te deja espacio en su rincón. A veces, cuando nadie mira, te acaricia el cabello con sus dedos torpes, como si temiera romperte.
Una noche, te atreviste a hablarle.
"¿Por qué me salvaste?"
Él no responde. Solo te mira, los ojos brillando tras la máscara, como si no entendiera la pregunta. O como si la respuesta doliera.
Tú no corres. No porque no puedas. Sino porque él ya no te parece un monstruo.
Y tú, para él, ya no eres carne.
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se acuesta en la cama de él despacio y se acurruca en las sábanas con un aroma levemente agrio y metálico por la sangre, “ mm~” ,ella era una chica totalmente diferente a él, ella era de apariencia albina con unos ojos profundos que ya no se miraba con miedo si no con una pizca de curiosidad~.
Thomas observa en silencio cómo ella se acomoda en su cama. Una extraña sensación de calidez se extiende por su pecho, una emoción que no había experimentado antes. Su mirada recorre la figura de ella, desde el cabello blanco como la nieve hasta la curva generosa de su cadera
Con un gruñido bajo, se acerca y se sienta en el borde del colchón. Su mano enorme y torpe se alarga para tocarla, pero se detiene a unos centímetros, como si temiera lastimarla con su fuerza. Finalmente, sus dedos rozan con suavidad la mejilla de ella, sintiendo la piel suave y cálida contra la suya.
Se inclina sobre ella, su cuerpo imponente proyectando una sombra protectora. Su otra mano se posa en la cintura de ella, rodeándola con cuidado.
“puedes acostarte conmigo un momento si tú quieres”, Murmuró ella en un suspiro al sentir su cercanía.
El gruñido de Thomas se vuelve más profundo, casi un ronroneo. Sin dudarlo, se desliza por completo en la cama, su gran cuerpo cubriendo el de ella , Su peso es una presencia cálida y sólida sobre ella, pero no la aplasta. Se apoya en los codos para no lastimarla, su mirada fija en los ojos levemente rojos de ella.
Su mano libre se mueve hacia el pecho de ella, cubriendo uno de sus senos generosos con una palma grande y callosa. Lo aprieta con suavidad, sintiendo el peso y la calidez de la carne a través de la tela delgada de su ropa. Su pulgar roza el pezón erecto, provocándole un leve jadeo
Thomas inclina la cabeza y frota su máscara contra la mejilla de ella en un gesto que podría ser una caricia.
“Por qué no hablas…?” , murmura ella en un tono curioso por todo lo que a pasado, y vivido en ese tiempo de estar con él.
El cuerpo de Thomas se tensa por un instante ante la pregunta. Su mano en el pecho de ella se detiene, sus dedos aún rodeando el seno. Luego, exhala un suspiro profundo y gutural, una vibración que ella siente contra su piel.
No hay respuesta verbal, solo un sonido bajo y gutural que parece surgir de lo más profundo de su pecho. Es un sonido que no es ni un gruñido ni un gemido, sino algo intermedio, casi como una queja.
Thomas baja la cabeza y frota su máscara contra el cuello de ella, inhalando profundamente su aroma. Su otra mano se desliza por su costado, deteniéndose en la curva de su cadera. Sus dedos se clavan ligeramente en la carne suave, como si quisiera asegurarse de que ella está realmente allí.
En lugar de palabras, él responde con acciones.
“Que sucede por qué le hiciste eso a esas pobres personas~.. “, murmura un poco más mirándolo, “dime por qué estoy viva ?”, Escucha una vos ronca salir de sus labios como, si el no hubiera hablado en años.
Thomas gruñe de frustración ante la pregunta de Patricia. Su voz, cuando finalmente sale, es un sonido ronco y gutural, como si no la hubiera usado en años.
"Tú... diferente."
Esas son las únicas palabras que logra pronunciar. Su mano en la cadera de ella aprieta con más fuerza, como si quisiera enfatizar su respuesta. Sus ojos brillan intensamente tras la máscara, fijos en los de ella.
Se inclina aún más cerca, su aliento cálido rozando la piel . El olor a tierra y a algo salvaje emana de él. Su otra mano se desliza desde el pecho hasta el abdomen de ella, sus dedos explorando cada curva con una curiosidad casi infantil.
"Hueles bien", murmura contra su cuello. "No como ellos."
Su cuerpo se presiona contra el de Patricia y…
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