El vals de las horas imperfectas
🫴🌜🧡💯🔥
Era un reloj de arena con grietas finísimas por donde se escapaba la vida, grano a grano, hacia un suelo que nadie había pisado todavía. Lo supo desde el principio: que la existencia era ese frágil cristal entre las manos, siempre a punto de resbalarse.
🤫🤔☺️😶🌫️
En lugar de apretar más fuerte, decidió bailar con él.😔🥺😑
Aprendió a mecer la pérdida como se mece una cuna vacía, con ternura, porque hasta lo ausente merece un arrullo. Dejó que la melancolía fuera su compañera de vals, esa que susurra al oído que cada instante es un adiós disfrazado de llegada.🤗🤫🙃
“No intentes detener la caída de los granos”, se dijo una tarde mientras la luz moría en su ventana como un pájaro cansado. “Aprende más bien a amar su descenso, la curva que trazan al caer, el sonido de arena besando arena. Porque lo bello no es lo eterno, sino lo fugaz que sabe que lo es”.
🖤🤍🖤🤍
Y así, con el polvo dorado del tiempo escapándose entre sus dedos, bailó. Bailó con lo que se iba, con lo que llegaba herido, con las esperanzas que tenían la duración de una canción. Descubrió que la vida no se vive ganando batallas, sino perdiéndolas con tanta gracia que la derrota parezca otro modo de volar.💯💯💯🤍🤍🤍
Al final, cuando el reloj esté casi vacío, quedará el recuerdo de ese baile: los giros, la música que solo tú podías oír, la ligereza de haber sostenido lo quebradizo sin miedo a que se rompiera. Porque la actitud no es una armadura, sino la valentía de abrir las manos y dejar que todo pase, sabiendo que el verdadero tesoro no era la arena, sino la danza.