Los viajes para ir a acampar con mi familia no eran para nada extraños. Siempre lo hacíamos tres días después de fechas especiales; ya sean cumpleaños, bodas, bautizos e incluso divorcios.
Eran tan frecuentes que de todo el año, 45 veces acampamos en el bosque y no es extraño ya que los orígenes de mis abuelos salían del campo.
Es así como ayer, salimos a acampar luego del cumpleaños de mi prima quién cumplía 3 años y mis tíos decidieron acampar en una zona nueva.
Casi nunca traemos celulares para evitar "desconectarnos" de la naturaleza y sus beneficios, tales como la paz y la armonía. Yo tenía mis amigas de la universidad y debido al baile de graduación aproximándose decidí romper esa principal regla.
... Una pésima idea ...
Desde que llegamos a la zona señalada que estaba cerca de un río empezé a notar fallas en mi celular tales como estar fuera de señal, descontrol de aplicaciones e inestabilidad de la batería. Creí que era debido a la poca cobertura en zonas despobladas, así que ignoré falsamente esta "falla"
En la noche hicimos lo de siempre con los 10 integrantes que conformaban nuestra familia.
Yo estaba malhumorada por no poder hablar con mis amigas como se los había prometido, entonces decidí aislarme no muy lejos de la fogata para no perderme.
El teléfono empezó a funcionar solo para el reproductor de músicas y la radio, así que decidí colocarme ambos auriculares mientras me perdía en mis pensamientos.
Poco a poco empezaba a relajarme hasta que constantes fallas en el audio de la música me estaban fastidiando. Cambié de canción e instantáneamente la aplicación de la radio se activó por cuenta propia.
La distorsionada voz de un hombre dijo entre susurros "No la apagues". Presa del pánico tiré el celular al piso junto a los auriculares.
Voltee a ver a la dirección donde se supone debía estar mi familia, pero un cielo verdoso iluminó todo, dejando ver qué no había nadie más que yo.
Aterrada empezé a gritar el nombre de todos los integrantes de mi familia, pero no obtuve respuestas más que de los cuervos que habitaban en el bosque.
Con la sangre helada me animé a agarrar nuevamente el celular y quitar los auriculares del mismo. Se oían voces en forma de canto en un idioma extraño, pero la misma frase de hace poco se repetía suavemente.
"No la apagues, no la apagues, no la apagues, no la apagues, no la apagues, no la apagues"
Conforme aquella música avanzaba, la voz empezó a cambiar de tono, está vez era más gruesa y parecía que estaba con tos debido a la ronquera de su voz. La ansiedad estuvo por apoderarse de mí y estuve a punto de apagar el celular o destruirlo, es ahí cuando pensé en la frase antes dicha.
"Quizás no deba apagar la radio" pensé.
Cuando el bosque parecía silenciarse, me percaté de que las voces del celular no eran solamente producidas en la radio, si no que era como si estuvieran a pocos metros de mí.
Caminé cautelosamente hasta que lo comprobé. Había gente danzando alrededor de una fogata mientras una mujer era preparada para ser arrojada al fuego.
Su mirada encontró la mía y pude ver cómo me pedía auxilio con los ojos porque su boca estaba cubierta con una venda negra.
Un hombre se acercó a ella y empezó a rezar el lenguas extrañas mientras otras personas avivaron el fuego con más leña.
Es entonces cuando aquella mujer fue arrojada a la gran fogata retorciéndose de dolor. Todas esas personas volvieron a danzar, pero está vez hicieron una columna para irse del bosque.
Ni siquiera se habían ido completamente cuando decidí correr hacia ella e intentar sacarla del fuego, pero cuando pude hacerlo era tarde. Su piel estaba completamente quemada y su cuerpo seguía expulsando humo.
Empezé a llorar porque los nervios se apoderaron de mí, pero al mirar por todo el suelo me di cuenta de que habían trozos de periódicos que anunciaban la muerte de más de 15 mujeres quienes murieron calcinadas. Todas con cortes y símbolos extraños por todo el cuerpo.
Pero un trozo de papel llamó mi atención. Esa secta religiosa había matado a la primera de todas esas 15 mujeres asegurando que era un ente maligno que poseía a las jóvenes para después seguir asesinando.
Impactada por la nota decidí voltear la mirada hasta que esa mujer quién sonreía de una manera espeluznante mientras me sujetaba del cuello.
Lo último que recuerdo es el sonido de la radio con volúmen al máximo repitiendo...
"No debiste apagarla"
—
A la mañana siguiente desperté en una tienda de acampar junto a una familia gritando que debíamos empacar para regresar.
Esto es interesante, porque desde que desperté no conozco a ninguna de estas personas, pero recuerdo claramente el rostro del hombre que me arrojó al fuego...
Quizás deba deshacerme de él primero...