Fabiano Conti
—¿Filete? —pregunta Viola—. ¿En serio le estás cocinando filete a la hermana de Lucio?
Suspiro.
—No es nuestra prisionera.
—¿Crees que Lucio está cocinándole filete a Cloe?
Dejo la pimienta en la isla y me giro.
—Viola —digo su nombre como una advertencia.
—¡Ese hombre debe estar lastimando a nuestra Cloe! —exclama con ira antes de romper en llanto—. Y tú estás aquí…—limpia su nariz con el dorso de su mano—, cocinándole a la hermana del hombre que acabará con mi pequeña.
—¡Basta! —exploto—. Solo… por favor, no digas una palabra más.
Un Capo no pide por favor, eso lo sé bien. Pero Viola ha sido nuestra nana desde que éramos unos bebés.
—No le daré ni un vaso de agua a esa mujer —espeta antes de dejar caer su mantel sobre la isla y alejarse hecha una furia.
Me obligo a continuar cocinando mientras pienso en Cloe.
En su preciosa sonrisa.
En su capacidad para hacernos reír hasta en los momentos más oscuros de nuestras vidas, como en el funeral de nuestros padres.
Teníamos diecisiete años. Nuestro mundo como lo conocíamos se había acabado… y ahí estaba ella, tomando mi mano y bromeando sobre las flores y la vela que no podía quedarse encendida. Incluso insinuó que papá nos estaba cursando una de sus tantas bromas al arruinar su propio funeral.
Cloe.
Mi hermana.
Mi gemela.
El amor de mi vida.
Entierro el cuchillo en la tabla cuando pienso en todo lo que le puede estar haciendo Lucio en este momento.
Fui un idiota.
No supe leerlo bien.
Lucio siempre demostró interés por mi hermana, pero nunca me gustó. Y tampoco a Cloe, quien lo ignoraba cada vez que el imbécil ese se le acercaba.
Mi hermana me pidió que, si tenía que casarla, que lo hiciera con cualquiera menos con él y yo le dije de inmediato que ella podría casarse con quien quisiera, y que nunca la obligaría a casarse con alguien a quien no amara.
Fui ingenuo.
Pensé que Lucio no era un peligro.
Cuando llegaron las noticias de su boda pensé que esa obsesión con Cloe por fin había terminado, pero me equivoqué.
Solo se casó para que bajara la guardia.
Me ganó en mi propio juego y se llevó lo que más amo en esta vida.
La otra mitad de mi corazón.
—Señor.
Me giro cuando escucho a Elio a mi espalda.
—Es Lucio, señor.
Le recibo el celular y lo primero que escucho es su risa.
—Si piensas que te intercambiaré a Cloe por mi hermana, es que no me conoces.
—La mataré —amenazo—. Todo lo que le hagas a mi hermana se lo haré a la tuya.
—Supongo entonces que deberías empezar a follarte a Alessia, te llevo bastante ventaja —dice y todo mi cuerpo se tensa—. Pero no es un trato justo, Fabiano. Mi hermana es virgen y la tuya no lo es. Es mercancía usada.
Todo el aire abandona mis pulmones.
Durante un segundo dejo de escuchar el mar golpeando contra los acantilados.
Dejo de sentir el peso del teléfono en mi mano.
Solo escucho esa frase.
Mercancía usada.
Mis dedos aprietan el aparato hasta que el plástico cruje bajo la presión.
Cierro los ojos.
No.
No puedo perder el control.
Eso es exactamente lo que Lucio quiere.
—Escúchame bien, Lucio. Si le vuelves a poner una mano encima... —Hago una pausa. No porque dude, porque quiero que escuche cada palabra—. Voy a arrancarte la piel centímetro por centímetro hasta que ruegues por una muerte que no voy a darte. —Del otro lado solo hay una risa—. Después voy a arrancarte los ojos antes de llevar tu cabeza a los pies de la tumba de mi padre. —El silencio dura apenas un segundo—. Y cuando termine contigo... —Mi voz no tiembla. Nunca tiembla—. Nadie volverá a pronunciar el apellido Castelli sin recordar cómo terminaste.
—Buena suerte con eso, Fabiano —dice y lo escucho abrir una puerta.
—¡No! —grita mi hermana y todo mi mundo desaparece—. Por favor, otra vez no.
Un espasmo recorre mi mandíbula.
Siento el sabor del hierro en la boca cuando los gritos de mi hermana siguen llegando.
—Te dejo, querido Fabiano. Seguiré usando a Cloe como la mercancía barata que es —dice antes de colgar.
Bajo lentamente el teléfono.
Lo dejo sobre la isla.
El silencio pesa tanto que nadie se mueve.
Tomo el cuchillo con el que estaba cocinando y lo clavo en la cubierta de mármol. La hoja atraviesa la madera de la tabla y se incrusta varios centímetros en la piedra.
Nadie respira.
—¿Señor? —pregunta Elio tan furioso como yo me siento—. Si quiere podemos matar a la hermana de Lucio ahora mismo.
—No. Matarla no ayudará a Cloe.
—No. Tiene razón. No es lo mismo —sisea—. Puedo entregársela a nuestros hombres para que la follen y…—se detiene cuando lo tomo del cuello.
—Escúchame bien. Si uno solo de mis hombres toca a Alessia Castelli sin su consentimiento... lo mataré yo mismo.
—Pero la señorita Cloe…
—Lastimar a una mujer inocente no cambiará nada para Cloe. Ella ya… Ella ya está sufriendo… Y nosotros le fallamos —digo y me obligo a soltarlo, porque hoy tengo ganas de ensuciarme las manos y no puedo hacerlo con mi gente—. Encuentra a mi hermana. Después cierra las fronteras. Nadie sale de Italia. Quiero que Lucio Castelli descubra que hay destinos peores que la muerte.
—Sí, señor —dice antes de salir y dejarme solo.
Los gritos de mi hermana son todo lo que puedo escuchar, son todo en lo que puedo pensar.
Hoy Lucio no solo le declaró la guerra a La Corona.
Hoy despertó al hombre que mi padre pasó toda una vida enseñándome a no convertirme.
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Updated 56 Episodes
Comments
Violette Hernandez
pregunta ❓ haber si alguien me contesta, aparece más adelante cuántos años tiene Lucio??? porque Alessia tiene 18 está muy jovencita
2026-09-15
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susana soto
Hmmm quiero un mafioso como ese!!!
2026-09-29
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Cinzia Cantú
Lucio que basura de persona
2026-10-10
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