El Patán De Mi Jefe
El teléfono vibró sobre la mesa de madera desgastada justo cuando Lisa terminaba de servir el desayuno. El sonido, persistente y ruidoso rompió con la armonía del silencio de la cocina, lo que hizo que su mano temblara ligeramente, derramando unas gotas de café sobre el mantel individual. Al ver el prefijo del número, el corazón le dio un vuelco. Era de la oficina de Recursos Humanos de Sterling Industries.
—¿Diga? —dijo Lisa al responder con la voz algo apretada.
La conversación fue breve. Del otro lado una voz femenina, carente de cualquier calidez, le informó que su perfil había sido seleccionado para una entrevista presencial ese mismo día a las diez de la mañana. No era una invitación, era una citación que no admitía cambios. la mujer al otro lado de la línea fue enfática con informarle que era una oportunidad única. Y claro que lo era, Lisa jamás imaginó que pudieran llamarla de semejante empresa. De todos los sitios a los que envió su hoja de vida, ese era el que consideraba más remoto, por nod ecir imposible. Lisa colgó el teléfono y se quedó mirando el aparato durante varios segundos, asimilando que la oportunidad por la que había estudiado noches enteras estaba finalmente frente a ella.
—¿Te dieron la cita? —le preguntó Mía al verla ansiosa cuando se asomó por el arco de la cocina con el uniforme escolar a medio poner.
Lisa asintió, sintiendo un nudo en el estómago que amenazaba con quitarle el apetito.
—Es hoy. En dos horas. Si consigo esta pasantía, Mía, con el ingreso que me den podré completar el pago del depósito del departamento cerca de tu nueva escuela. Es el primer paso para salir de este lugar.
Lisa miró a su alrededor. El pequeño apartamento que compartían desde la muerte de sus padres era digno, pero los gastos se acumulaban y la zona se volvía cada vez más insegura. Para una chica de veintidós años que cargaba con la tutela de una adolescente de quince, aquella llamada era un salvavidas de oro puro.
Sin perder más tiempo, Lisa corrió hacia su armario. El pánico comenzó a crecer cuando extendió sus opciones sobre la cama. Tenía tres faldas de color azul marino, dos de color gris y cinco blusas blancas idénticas de cuello cerrado. A sus ojos, era la indumentaria perfecta para una profesional de la administración: seria, discreta y funcional.
Mía entró en la habitación de su hermana y enseguida arrugó la nariz al ver la selección.
—Lisa, vas a una entrevista en la empresa más importante de la ciudad, no a un convento —le dijo la adolescente, revolviendo entre las perchas—. Tienes que ponerte algo que diga estoy viva y dispuesta a comerme el mundo. Esta falda es espantosa, parece que te la prestó una bibliotecaria de los años cincuenta.
—Es una falda formal, Mía. Soy una profesional de los libros y de los números, no voy a un desfile de modas —replicó Lisa, recuperando la prenda de las manos de su hermana—. En Sterling Industries valoran la eficiencia y el orden. No quiero que se fijen en mi ropa, quiero que vean mi currículum.
—Se van a fijar en que pareces una cortina vieja —insistió Mía, sacando un vestido de flores que Lisa solo usaba para ir a la iglesia—. Al menos ponte esto. Te hace ver la figura, Lisa. Tienes curvas, aunque intentes esconderlas bajo esas capas de tela aburrida.
Lisa suspiró, sintiendo la presión del reloj. Se miró en el espejo del vestidor. Tenía el cabello castaño recogido en un moño tan tirante que le estiraba la piel de las sienes. Sus lentes de montura negra descansaban sobre su nariz pequeña, y su piel, clara y sin una gota de maquillaje, la hacía parecer aún más joven de lo que era.
—No, Mía. Voy a usar el traje gris. Es el más profesional que tengo —dijo Lisa en un tono de voz tajante, dando por terminanada la discusión.
Se vistió con movimientos torpes, producto de los nervios. Los dedos le fallaron al abotonar la blusa y tuvo que empezar tres veces hasta que el cuello quedó perfectamente alineado. La falda gris le llegaba cuatro dedos por debajo de las rodillas y los zapatos de tacón bajo estaban tan pulidos que brillaban bajo la luz del techo. Se sentía protegida dentro de aquel uniforme de rigidez. Para ella, su ropa era una armadura contra un mundo que siempre le había parecido demasiado ruidoso y agresivo.
Mía la observó desde el marco de la puerta, con los brazos cruzados y una expresión de resignación.
—Te ves... como tú misma, supongo. Pero prométeme que si el jefe es un tipo guapo, al menos te soltarás un botón de la camisa.
—El señor Sterling es un hombre de negocios, Mía. Lo último que le importa es cómo me veo yo. Probablemente ni siquiera note que estoy frente a él.
Con un beso rápido en la mejilla de su hermana y su carpeta de documentos apretada contra el pecho como si fuera un escudo, Lisa salió del apartamento.
No sintió el trayecto en el metro, el pesod e sus nervios se robó toda su atención. Repasaba mentalmente los estados financieros de la empresa, los nombres de los directivos y las posibles preguntas que podrían hacerle. Sabía que Maximilian Sterling era un hombre difícil, pero su formación académica era impecable. Estaba segura de sí misma, tenía las mejores notas de su promoción y una capacidad de organización que rozaba la obsesión.
Cuando finalmente llegó frente al edificio de la corporación, Lisa se detuvo un momento. Miró hacia arriba para comprobar que la torre de cristal y acero se elevaba hacia el cielo, reflejando el sol de la mañana. Era una construcción que imponía poder.
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Comments
Cons Espher
Buena suerte a Lisa y por supuesto a ti Autora, la historia promete y seguiré leyendo 👏👏👏
2026-04-11
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Rosa Rodelo
Foto de los protagonistas de la historia 🥰🥰
2026-08-03
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Rosa Rodelo
Foto de los protagonistas de la historia 🥰🥰🥰
2026-08-03
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