Maravilloso Sugey

Camila observaba desde lo alto del acantilado el paisaje de Sugey a sus pies. Allí estaba la Academia Delta Adhara con el lago cristalino y profundo, pero tan fácil de bordear para llegar desde un lado al otro. No se cansaba de mirar esta hermosa vista. Vio crecer este pueblo y a su gente. Hoy había subido hasta acá por pura frustración 🙄😣. Necesitaba calmarse. Tomar perspectiva desde la distancia. ¿No entendía por qué tenía que esperar un año más para poder estudiar allí? Su padre había sido contundente. La había amenazado con enviarla a un convento si seguía insistiendo. Su madre más conciliadora intervino y dijo que no podían cambiar las reglas solo por beneficiarla. Solo tenía que esperar un año más y ya podría matricular.

La Academia tenía solo dos requisitos de inscripción. Uno era tener más de quince años para poder entrar y el otro tener talento probado en cualquier área del conocimiento. No importaba si se retrasaban en entrar. Podían matricular incluso hasta los veintiún años, pero nunca antes de los quince. Salió tan enfadada que hasta se le olvidó que hoy era el día en que llegaba su tío Samuel. Aunque ella le llamaba Sami o primo. Él era la única persona en el mundo que comprendía cómo se sentía. Camila pensó que lo vería mañana. Seguro que hoy tendría que descansar del viaje y organizar sus cosas. No quería importunar. También estaba la cuestión de que seguro Sami compartiría habitación con un compañero de cuarto.

Sus padres trabajaban en restaurar el ala norte del castillo. Cada vez eran más los estudiantes que matriculaban en la Academia. Venían procedentes tanto de Castela como de Abner y de diferentes clases sociales y procedencias, pues se había aceptado a plebeyos prometedoramente talentosos. El prestigio de la institución era inmenso. Ella había crecido allí. Conocía a todo el personal y las reglas, pero su vida era tan aburrida. Odiaba no tener amigas. Las chicas que la invitaban a fiestas de té lo hacían no por ella, si no por el esplendor de sus padres y las conexiones familiares. Estaba harta de tanta hipocresía. Por eso quería estudiar allí, para demostrar que ella también era digna. Pero nada de eso era posible porque aunque tenía privilegios, algunos lugares de la Academia le estaban prohibidos como la biblioteca. Solo por no ser alumna y no tener quince años.

Con rabia le dio una patada a una roca que fue a caer al vacío, pero eso hizo que perdiera el equilibrio. Por un horrible momento pensó que iba a morir por infantil y malcriada, pero alguien la haló hacia atrás. Cayó encima de un cuerpo sólido que la sostenía por el pecho. Instintivamente se giró como una gata lista para atacar y quedó a horcajadas encima de... ¡Oh Dios Mío! Esto podía costarle la cabeza a ella y a sus padres. Sabía quién era. Su retrato un poco más aniñado adornaba la galería de su mansión. Reconocería esos ojos en cualquier parte. Era la primera vez que lo veía en persona. Esto era vergonzoso. ¿Qué pensaría? Una señorita no debía actuar tan agresiva y menos aplastar con su cuerpo el de un hombre. Empezó a levantarse rápidamente, pero esto fue peor. Su pie se entedó en los largos volantes del vestido. No, no podía estar pasándole esto. No había vivido lo suficiente. Separó sus labios de los ajenos. Logró pararse como pudo con la cara totalmente pálida.

- Lo siento alteza. No era mi intención.- el Príncipe Ian de Castela estaba tendido todavía en el piso. Inmóvil y conmocionado por lo sucedido. Solo la miraba desde su posición. La muchacha se recortaba contra el cielo azul. Se veía preciosa. Sabía que ahora tenía catorce años. Hacía seis que no la veía, pero nunca la había olvidado. Ellos no coincidieron más después de aquel cumpleaños en Abner. Como Príncipe heredero de Castela no asistía a muchos eventos y por supuesto a los pocos que iba, ella no tenía acceso. Ahora tenía dieciséis años y al fin había convencido a su padre de lo ventajoso y estratégico que resultaría que él y Alicia asistieran a la Academia. Argumentó que su hermana necesitaba encontrar un buen partido y que todos los jóvenes de prestigio estaban aquí y que en su caso podía establecer poderosas alianzas.

La verdad era que quería escapar por tres años de las interminables señoritas falsas que lo asechaban. Por suerte su padre todavía era joven por lo que no se hablaba de sucesión y menos de compromisos concertados. El Reino atravesaba una época de paz y existían magníficas relaciones con Abner, por lo que no había que temer. Ian era el único hijo varón de Rangel de Castela con la concubina Leila Valdés Pino, mientras que Alicia era hija de la Reina Consorte Marianna Evariste. Esta mujer los había criado a los dos como hermanos carnales, pues Leila había fallecido en el parto. No obstante Marianna siempre había hablado al chico bien de la difunta e incluso le había enseñado fotos de ella para que él no la olvidara.

La Reina no volvió a tener más hijos. Decía que no había necesidad, pues ya existía un heredero. No fue hasta un año atrás que Ian se enteró de algunos secretos que explicaban muchas cosas. Había caído en sus manos el diario de la Reina. Resulta que su madrastra Marianna y su madre Leila habían quedado embarazadas con la diferencia de una semana. También supo que su madre antes de ser concubina, fue la dama de compañía de la soberana. Como esta última no lograba quedar en cinta solicitó a su esposo que tomara a Leila como concubina. Hasta ahí la historia era bastante común. Lo extraño fue que durante años ninguna lograba quedar embarazada. Los médicos reales decían que todo estaba bien con ellas por lo que su padre llegó a creer que era infértil. Un día su padre casualmente le dio por visitar a su esposa y cual no sería su sorpresa al encontrar a las dos mujeres teniendo sexo entre sí.

Se escondió y observó la escena entre fascinado y horrorizado. Luego las oyó hablar de tomar cierto té para prevenir el embarazo. No querín darle hijos a él, ni a nadie. Era un pacto que habían hecho entre ellas por el amor que se tenían. Entonces lo comprendió todo. Otro hombre en su lugar las hubiera matado por semejante traición, pero Rangel era muy inteligente. No podía permitirse un escándalo de esa magnitud contra dos casas poderosas, que sustentaban parte de su poder. Además su padre el Rey no le pasaría la corona hasta que no tuviera herederos. A modo de venganza y para solucionar su problema, hizo cambiar las hierbas del famoso té por otras con efecto contrario. Estas últimas favorecían la concepción. Sin que ellas sospecharan nada les fue suministrada la nueva infusión. Al cabo de un mes comenzó a visitarlas indistintamente. Solo respetó los días de los períodos de ambas mujeres y el resultado fue un embarazo casi simultáneo.

Rangel obtuvo el trono y dos hijos en el proceso. También se negó a conceder el divorcio a Marianna. Hicieron un trato. Él nunca más la tocaría y además podía disfrutar de todos los beneficios de ser Reina. A cambio debía criar a los niños sin distinción. Ambos podían tener sus cosas muy discretamente. Incluso podían contar con el apoyo del otro para despachar a algunos amantes fastidiosos. Al final llegaron a quererse como hermanos y bajo su dirección el Reino de Castela florecía y prosperaba. Los niños crecieron admirablemente ajenos al oscuro secreto detrás de sus orígenes.

Ian finalmente se puso de pie. Se sacudió la ropa. Mientras Camila procuraba ni levantar la vista del suelo, pues es instinto humano desconfiar de cosas peligrosas. Cómo Ian no hablaba Camila se atrevió a levantar la vista y preguntar.

- ¿Alteza se ha hecho daño?

- No.

- Yo... Le doy las gracias. Si me dispensa. Debo irme. Se hace tarde.

Él asintió y ella se fue apresuradamente con la larga cola de su vestido arrastrando el suelo como una vaporosa nube de seda y encajes. Su pelo flotaba con la brisa con destellos dorados. Llevaba latiendo a mil por hora el corazón y en los labios una sensación desconocida. Nunca pensó que su primer beso fuera un accidente y menos con el Príncipe de Castela. Dios esto era grave, por suerte el chico parecía todo un caballero. Mientras Camila se perdía en la distancia Ian se quedó allí observando el paisaje en el que ella ahora formaba parte. Se tocó los labios. Le había robado hacía seis años atrás su corazón y ahora su primer beso.

Podía solicitar a su padre un compromiso con la muchacha por decreto imperial, pero no quería eso. La Academia se veía nítidamente desde aquí y más allá estaba el precioso lago y Sugey. Ah maravilloso Sugey donde vivía la mujer de sus sueños. La flor más hermosa del Reino. El chico hizo un gesto con la mano e inmediatamente apareció un hombre a su lado.

- ¿Ya mi hermana está instalada?

- Sí alteza, pero comparte habitación con otra chica.

- ¿Con quién?

- Con Clara Flamme.

- ¿Con quién comparto habitación yo?

- Con Caden Flamme.

Ian contempló el paisaje que se extendía a sus pies. Era tan hermoso como una pintura, pero ahora que la chica no se veía dejó de interesarle.

- Vamos. Está cayendo la tarde. Es un excelente momento para conocer la ciudad. Dame mi capa.

Media hora después Ian caminaba por aquellas calles adoquinadas que había contemplado desde la distancia. Era una ciudad desbordante de vida y alegría. Las farolas iluminaban por todas partes. Tenía hambre por lo que entraron a una taberna. La tarta de manzana era la especialidad del local. Alguien tocaba una canción popular al piano. El ambiente era relajado. El chico salió de allí y vagó con su escolta por varios lugares. Luego se encaminaron hacia la Academia. Mañana sería la Ceremonia de Inicio. Ahora iría a conocer a su compañero de habitación. Los Flamme eran familia lejana para él. Rara vez los había visto personalmente. Todos los nobles se conocían, pero eso era porque cada dos años se enviaban retratos para saber la apariencia.

Sabía que su padre y el Director de este lugar eran primos y mantenían una estrecha comunicación, pues Delta Adhara era el centro del entramado político de Castela. Se sentía libre. Nadie asechándolo. Casi sin normas, ni protocolos. No llevaba ni doce horas en la maravillosa Sugey y ya la amaba. Esa noche cuando se acostó. Recordó el accidentado beso recibido y no pudo evitar sonreír antes de quedar profundamente dormido.

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Comments

Nena

Nena

Así que el misterioso niño, era nada más y nada menos que el príncipe, vamos bien, la madeja se está desenrollando poco a poco🥰

2026-02-08

4

Alberto Herrera Gómez

Alberto Herrera Gómez

Super gracias por la continuidad. y la impecable fluidez en la presentación de los personajes y su correspondiente pedigree y la historia ya de por si extraordinaria.🕊️🕊️👻☯️🤗👍🏻💯🇨🇺

2026-02-08

5

Ana Rojas

Ana Rojas

🥰🥰🥰🥰 El amor.... la juventud, la escuela.... amo amo amooooo...... no nos abandones... hoy merecemos 2 cap. mas 😭😭😭🐉

2026-02-08

1

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