𝑬𝒏 𝒐𝒕𝒓𝒐 𝒑𝒖𝒏𝒕𝒐 𝒅𝒆 𝒍𝒂 𝒄𝒊𝒖𝒅𝒂𝒅...
Mientras tanto, en su apartamento, el director disfrutaba de la soledad que lo acompañaba desde hacía mucho tiempo. Siempre había sido un hombre autosuficiente, orgulloso de no depender jamás de la fortuna familiar.
Pero esa noche no lograba sentirse tranquilo. Por más que lo intentaba, la imagen de aquella joven volvía una y otra vez a su mente.
𝘼𝙡 𝙙𝙞́𝙖 𝙨𝙞𝙜𝙪𝙞𝙚𝙣𝙩𝙚
En su oficina, el director estaba pensativo. Una extraña urgencia lo llevó a querer conocer más sobre la nueva estudiante, así que llamó a Berenice, quien llegó enseguida, lista para obedecer.
—Dígame, señor —respondió Berenice.
—Necesito el expediente de la nueva —pidió el director.
—Por supuesto, señor. —Berenice salió de la oficina y, al poco tiempo, regresó con la carpeta en las manos. Se la entregó y luego se retiró con discreción.
El director quedó mirando el expediente sobre su escritorio. Apoyó un dedo en la barbilla, dudando si abrirlo. Al final, empujado por la misma curiosidad que lo acompañaba desde el día anterior, tomó el documento y empezó a leer.
📁 Expediente estudiantil — Universidad Parkerson
Nombre: Micaela Sofía Chávez Rojas
Edad: 19 años
Dirección: Barrio El Laberinto, calle 12 #22-11
Procedencia: Escuela Pública Gabriel García Márquez
Promedio: 9.8 / 10
Observaciones: Estudiante destacada, responsable y dedicada. Obtuvo el mejor promedio de su promoción anterior y fue admitida a la Universidad Parkerson con beca por mérito académico.
—Tiene un buen promedio; ahora solo queda ver si aprovecha la oportunidad —comentó.
Mientras tanto, en el salón 122, el ambiente era distinto. La profesora Sonia explicaba un tema importante y, luego, pasó a dar instrucciones sobre la actividad grupal que contaría mucho para la calificación final.
—Muy bien, estudiantes, formen parejas de a dos. Esta actividad vale mucho y, si fallan, no habrá forma de recuperar la nota. Espero que no tenga que repetirlo —dijo la profesora, seria.
—Yo trabajaré con la nueva, con Micaela —anunció Kenta, sonriendo con malicia.
Los demás estudiantes se quedaron boquiabiertos, porque no esperaban que la chica más popular eligiera a la becada.
—Perfecto, Kenta. Ojalá que esta actividad muestre algo más que tu popularidad —le dijo, mostrando su fastidio.
—No se preocupe, profesora. Todo saldrá perfecto, mi popularidad es solo uno de mis muchos talentos —replicó Kenta
Micaela, por su parte, entendió que no tenía opción y, sin protestar, aceptó trabajar junto a Kenta.
Minutos después, al llegar la hora del descanso, Micaela salía del aula cuando Kenta la alcanzó y le puso una mano firme sobre el hombro.
—Ya sabes que harás la actividad conmigo, ¿verdad? Pero necesitamos el libro que sirve para desarrollarla, y yo no lo tengo. Como tú eres nueva y un poco nerd, seguro te será más fácil conseguirlo. El problema es que ese libro está en la oficina del director De la Vega, así que tendrás que entrar y sacarlo.—le dijo Kenta, ya con todo fríamente planeado para dejar mal a la becada.
—¿No sería más fácil pedirlo prestado? —preguntó Micaela, buscando una opción lógica.
Kenta rodó los ojos, adoptando esa actitud típica de quien está a punto de chantajear.
—Micaela, ese libro el director no lo presta a nadie. Si no encontramos la forma de conseguirlo, no podremos entregar el trabajo. No querrás perder tu beca, ¿cierto?
Micaela dudó un momento, la sola idea de perder la beca la llenó de temor, así que negó con rapidez y aceptó. Cuando llegó a la oficina del director y vio que estaba vacía, entró con cuidado, tomó el libro y salió apresurada, sintiendo cómo la culpa le oprimía el pecho por su primer acto de atrevimiento.
Cuando se encontró con Kenta, esta le pidió que se llevara el libro a casa “para estudiarlo mejor”. Sin embargo, lo hacía para que, cuando el director notara la ausencia, Micaela quedara como la responsable.
Más tarde, mientras Micaela leía el libro que había tomado de la oficina del director, percibió un aroma fresco y masculino que emanaba de sus páginas. Lo acercó a la nariz y, al inhalarlo, no pudo evitar sentirse fascinada… y reconocerlo.
—La Merveille —murmuró.
Al día siguiente, el director entró a su oficina y, como cada mañana, intentó encontrar su libro favorito antes de comenzar a trabajar. Al no hallarlo, revisó los estantes con prisa, que uno de los más grandes terminó cayéndole en el pie.
—¡¡Berenice!! —gritó, retorciéndose de dolor.
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Comments
Claudia Izquierdo
ojalá le salga mal la jugada ala lenta y m8caela valla y hable con el director dígale que ella fue apedr8le permiso pero el no estaba y lo copio prestado y si le adecir algo se l9 diga aella sola no delante de l9s demás así no ñe da gusto a esa vivora ojalá esa vovora nunca ñe pueda hacer danam8caela todo le salga mal a Kenya
2026-01-24
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Andrea Morganti
Un horror los grupos y los abusos 🫣 siempre deberían poder elegir con quién estudiar 🙈
2026-01-23
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Señora guzmán
Sea que no se salga con la suya la kenta esa
2025-11-14
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