Pocas esperanzas
Pov Draven
Termino de vestirme a toda prisa, el aire aún cargado con su esencia. Miro a Ryler; su cuerpo sigue sobre la cama, la imagen de su piel contra las sábanas se graba en mi mente como una maldita marca que no logro borrar.
Aprieto la mandíbula, el remordimiento comienza a arrastrarme como una marea implacable.
¿Qué demonios acabo de hacer?
Esto no debió pasar así.
Tomar su primera vez... No soy ese hombre.
Debería haber esperado, darle su tiempo, su espacio. Debería haber sido paciente, dejar que construyera su propio mundo, no imponer el mío.
Pero no, no puedo pensar con claridad cuando se trata de ella.
Ryler es un demonio en forma de mujer, “eso es lo que es”.
No deja de seducirme, empujarme al borde del abismo, hasta que no sé dónde termina mi voluntad y dónde empieza su poder sobre mí. Me roba cualquier posibilidad de felicidad, de paz.
Salgo de la habitación sin una palabra, cierro la puerta tras de mí con un golpe seco.
Camino hasta mi despacho, buscando el consuelo que solo el licor puede ofrecer. Me sirvo una copa, luego otra.
Pero no importa cuánto beba, ella sigue ahí, clavada en mi cabeza. Su risa, su mirada retadora... Maldita bruja crespa.
Está hechizándome y robándome cualquier posibilidad de encontrar a mi compañera.
No por el deseo sexual que pueda tener hacia ella. Para ser sincero, he tenido muchas mujeres en mi cama. Han pasado más de 15 años desde que Lyra me abandonó, y por supuesto, soy un hombre lobo; el sexo siempre ha estado en mi vida.
Pero lo que esta bruja provoca no solo aumenta mi deseo, sino también mis sentimientos. No logro sacarla de mi cabeza...
“Debo alejarme.”
Es la única solución. Poner distancia antes de que esto nos destruya a ambos.
El fin de semana pasa, y me obligo a mantenerme ocupado, lidiando con los asuntos del territorio sin permitirme pensar en ella.
Entonces surge una situación, y aprovecho la oportunidad para huir físicamente de lo que me atormenta.
Josh, hace dos años, al cumplir su mayoría, decidió ir a estudiar al territorio humano. Es un gran hombre y será un gran Alfa, aunque a él nunca le gustó el liderazgo. Es más de obras; será un gran ingeniero cuando termine su carrera profesional.
Siento un gran orgullo al pensar en mis hijos. El carácter de Josh no es tan amargado o estricto como el de su hermano Caius, pero es fuerte y dominante.
A pesar de pasar unos días con mi hijo, me es imposible sacarla de mis pensamientos. Ryler sigue presente en mi mente, como una sombra imposible de disipar.
Es fin de semana, y estoy volviendo a Eclipse Salvaje. Para mi sorpresa, me entero de que los jóvenes y algunos universitarios tienen fiesta en la casa frente al lago.
De inmediato pienso en una sola persona: Ryler. Entrelazo comunicación con Ezra y hago la pregunta, aunque ya sé la respuesta.
—¿Ezra, dónde está Ryler? —Ezra calla y ya sé la respuesta.
Desvío mi camino y voy por ella. Cuando llego, mando apagar la música y la mayoría de los jóvenes se dispersa.
Los murmullos y risas que rodean avivan el fuego en mi interior. Los celos y la rabia me consumen.
Ryler es un demonio, uno que me consume.
No sé si quiero protegerla de todos o arrasar con lo que la mantiene lejos de mí. Lo único que sé es que no puedo quedarme quieto.
Cuando me ve, susurra mi nombre.
—Draven...
—Alfa Draven, señorita Vaspieris. No olvide que soy el Alfa Supremo, quien manda y dirige este territorio.
Ella guarda silencio, pero no estoy conforme. Le dejaré claro que yo soy quien manda aquí.
—¿Le quedó claro, señorita Vaspieris? Usted aquí solo es mi invitada, y merezco respeto. —Se forma un silencio total, pero yo necesito un culpable, y ella es la elegida.
—¡No la oigo! ¡CONTESTE! —le grito.
—Sí, señor... Alfa Supremo —me contesta. Sé que está llorando; mi oído desarrollado percibe su angustia.
Pero cuando llegamos a casa, no me hallo. A pesar de la vergüenza que le hice pasar, quiero amarla y tenerla en mi lecho.
Voy a mi oficina y bebo una copa, pero cuando voy por la segunda no logro contenerme. En un parpadeo estoy frente a su puerta.
Toc, toc, toc.
Cuando abre, me ve con sus hermosos ojos enrojecidos.
—Alfa...
Aunque me mira con determinación y rabia, no me importa. Me acerco y le sostengo la mirada. No hay palabras, solo deseo.
Me lanzo por sus labios y sonrío interiormente cuando ella me corresponde con el mismo deseo, o tal vez más. Sus piernas se enredan en las mías, y la cargo hacia su cama.
Mis labios recorren su cuello hasta sus pechos. Lentamente, toco el borde de su vestido y se lo quito en un solo movimiento. No sé en qué momento me he quitado mi ropa; ahora estamos prácticamente desnudos.
—Draven... —intenta decirme algo, pero estoy dominado por el deseo y la silencio con besos.
—Mmm... Draven... es que...
—Shhh... después, bruja —digo mientras transformo mis manos en garras y rompo sus bragas.
—¡Ah! ¡Las dañaste! —exclama. Pero no me importa. Mi deseo es superior.
En un instante, me quito el resto de la ropa y estoy listo para ella.
Abro sus piernas con urgencia y guío mi miembro a su interior. Noto cómo se estremece, tal vez temiendo dolor, pero le aclaro:
—Tranquila, ya no dolerá. O por lo menos, no igual.
Ella sonríe y busca mis labios. Ingreso fuerte, mis embestidas intensas.
—¡Ah, Draven... cuidado! —jadea, pero tomo fuerte su quijada y la miro a los ojos.
—¿Qué reclamas, bruja? Si esto es lo que quieres. Négame que no deseas que te folle y te dé duro.
Ella intenta contestar, pero no se lo permito.
La volteo en cuatro, pongo una almohada bajo su vientre y la empujo con fuerza. Mi mano baja a su centro, y en segundos siento cómo se estremece con un grito.
Llegamos juntos al clímax, y, aunque no quiero, termino dándole besos en la espalda.
Aun gimiendo, ella intenta hablarme.
—Draven... espera, quiero hablar...
La miro antes de salir.
—Después, bruja. Ahora duerme.
Salgo rápidamente sin darle tiempo a responder.
Ryler es una tentación para mí, y ella será mi perdición. Debo alejarla.
Voy a mi habitación, la que fue de mi compañera Lyra, y que aún espera a mi segunda oportunidad...
Niego definitivamente, “Debo alejar a Ryler de mi vida, ella podría acabar con las pocas esperanzas que me quedan de ser feliz”.
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Teresa Moran Guerrero
Es tan cerrado, de los indicios de sus sentimientos, que no quiere entender, que ella es su segunda oportunidad, su confución es porque mucho mas joven que él
2025-02-15
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