La manipulación sutil

La mañana llegó cargada de una atmósfera espesa, casi como si la mansión misma percibiera la tensión invisible que Álvaro tejía en silencio. Desde la cocina, podía escuchar la risa de Catalina resonando en el comedor. Era una risa que antes había sido su melodía favorita, pero ahora no era más que un recordatorio de su traición.

Con la mirada fija en su reflejo en una cuchara, Álvaro murmuró para sí mismo: "Hoy damos el siguiente paso. Te haré caer en tu propia trampa, Catalina."

Mientras llevaba una bandeja de frutas a la mesa, fingió torpeza, dejando caer una servilleta cerca de ella. Catalina, siempre atenta, se inclinó para recogerla. Al alzar la vista, sus ojos se encontraron con los de Álvaro.

—Gracias, señora, — dijo con una sonrisa humilde, cargada de intención.

Ella parpadeó, sorprendida por la intensidad de su mirada. Había algo en Felipe que no podía definir, algo que la inquietaba y la intrigaba al mismo tiempo.

—Felipe, ¿alguna vez pensaste en hacer algo más con tu vida? — preguntó repentinamente, rompiendo el silencio.

Álvaro, quien ya anticipaba preguntas como esa, respondió con un tono melancólico: —Claro, señora. Todos tenemos sueños, pero a veces la vida no nos da las herramientas para alcanzarlos.

Catalina inclinó la cabeza, como si estuviera considerando sus palabras. —Eso es lo que más me frustra de la vida. A veces parece que las personas con más potencial son las que menos oportunidades tienen.

—Quizás, pero creo que las oportunidades también se crean, — replicó, plantando la semilla que sabía germinaría en su mente.

El siguiente movimiento

A medida que los días pasaban, Álvaro se hacía cada vez más indispensable en la casa. Se ofrecía para pequeñas tareas que estaban fuera de sus responsabilidades, siempre con una actitud servicial. Catalina, quien al principio había sido distante, comenzó a buscar su compañía con frecuencia.

—Felipe, acompáñame al mercado, — dijo un día mientras se ponía sus gafas de sol. —Necesito alguien que me ayude con las bolsas.

Álvaro, ocultando su satisfacción, asintió. —Claro, señora. Será un placer.

El paseo al mercado fue una oportunidad que Álvaro no dejó pasar. Mientras caminaban entre los puestos de frutas, comenzó a hablarle de su vida ficticia, historias que había elaborado cuidadosamente para tocar las fibras más sensibles de Catalina.

—Mi madre siempre decía que las personas más felices son las que saben apreciar los pequeños momentos, como este, — comentó mientras elegía unas manzanas.

Catalina lo miró de reojo, sorprendida por la profundidad de sus palabras. —Tienes una forma curiosa de ver la vida, Felipe. No lo esperaría de alguien en tu posición.

—La vida me ha enseñado que las apariencias engañan, señora, — respondió con una sonrisa enigmática.

La conversación continuó con una fluidez que parecía natural, pero cada palabra de Álvaro estaba calculada. Con cada frase, empujaba a Catalina un paso más cerca de la red que estaba tejiendo.

Una confidencia inesperada

Una noche, mientras limpiaba los candelabros del salón, Catalina entró con una copa de vino en la mano. Parecía más relajada, incluso vulnerable.

—Felipe, — dijo, llamándolo con una voz que carecía de su habitual autoridad.

Álvaro giró lentamente. —¿Sí, señora?

Catalina se sentó en el sofá, observándolo en silencio antes de hablar. —A veces siento que no puedo confiar en nadie. Es como si todos a mi alrededor estuvieran esperando que cometa un error para aprovecharse de mí.

Álvaro dejó el trapo y el candelabro en la mesa, fingiendo sorpresa. —Eso suena muy solitario, señora. No debería sentirse así en su propia casa.

Ella suspiró, pasando los dedos por el borde de su copa. —A veces pienso que cometí errores que no puedo corregir. Que tomé decisiones... que me alejaron de las personas que realmente importaban.

Por un breve instante, Álvaro sintió una punzada de algo parecido a compasión. Pero la desechó rápidamente. Catalina no merecía su empatía.

—Todos cometemos errores, señora, — dijo con suavidad. —Pero a veces, enfrentarlos es la única manera de avanzar.

Sus palabras parecieron impactarla. Catalina lo miró fijamente, como si estuviera buscando algo en su rostro.

—¿Tú crees en las segundas oportunidades, Felipe? — preguntó con un tono casi desesperado.

Álvaro sostuvo su mirada, sintiendo cómo el peso de su venganza comenzaba a inclinar la balanza. —Creo que las segundas oportunidades son un regalo, pero hay que ganárselas.

El giro inesperado

Los días se convirtieron en semanas, y Álvaro continuó tejiendo su red. Catalina comenzó a depender más de él, confiándole tareas importantes y buscándolo para conversaciones que antes habría reservado para Ernesto.

Un día, mientras repasaba los papeles de la oficina de Ernesto en secreto, Catalina entró de repente. Álvaro apenas tuvo tiempo de esconder los documentos bajo un montón de carpetas.

—Felipe, ¿qué haces aquí? — preguntó con un tono más curioso que acusatorio.

—Solo ordenaba un poco, señora. Parecía que necesitaba algo de organización, — respondió con calma, mostrándole un par de papeles inocuos.

Catalina sonrió, aparentemente satisfecha. —Eres más eficiente de lo que pensé.

Pero algo en su mirada lo hizo sospechar. Catalina no era tan ingenua como aparentaba. “Debo tener cuidado,” pensó mientras ella salía de la oficina.

Esa noche, mientras revisaba sus notas en su pequeña habitación, escuchó un golpe en la puerta. Al abrirla, se encontró con Catalina, vestida con un camisón de seda, sosteniendo una copa de vino.

—No podía dormir, — dijo, entrando sin esperar una invitación.

Álvaro se levantó de su silla, intentando ocultar su sorpresa. —¿Puedo ayudarla en algo, señora?

Catalina lo miró fijamente, su rostro iluminado por la tenue luz de la lámpara. —Felipe, siento que puedo confiar en ti. Pero hay algo que necesito saber... ¿Quién eres realmente?

El aire se congeló en la habitación. Álvaro sintió cómo su corazón se aceleraba, pero mantuvo su expresión tranquila.

—¿Qué quiere decir, señora? — preguntó con una sonrisa cuidadosamente calculada.

Catalina dio un paso más cerca, su mirada penetrante. —No sé qué es, pero hay algo en ti que no cuadra. Y pienso averiguarlo.

El silencio se apoderó del espacio mientras las palabras de Catalina quedaban suspendidas en el aire. Álvaro sabía que su juego estaba en peligro, pero también que era un maestro en manipular las piezas a su favor.

“Esto apenas comienza,” pensó mientras la puerta se cerraba tras ella.

descargar

¿Te gustó esta historia? Descarga la APP para mantener tu historial de lectura
descargar

Beneficios

Nuevos usuarios que descargaron la APP, pueden leer hasta 10 capítulos gratis

Recibir
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play