Capitulo 11

La situación se volvió aún más complicada cuando el padre de los pequeños comenzó a notar no solo la significativa mejoría en el comportamiento y el bienestar emocional de sus hijos, sino también el profundo vínculo que estos habían desarrollado con Lina, su psicóloga. A medida que los niños mostraban signos claros de progreso—más alegres, comunicativos y emocionalmente estables—el padre no pudo evitar observar la influencia positiva que Lina estaba ejerciendo sobre ellos.

Inicialmente, el padre estaba aliviado de ver que sus hijos estaban mejorando. Durante un tiempo, se había sentido impotente al enfrentar los desafíos emocionales y conductuales de sus hijos. Verlos reír, relacionarse y desarrollarse de manera positiva le daba una sensación de esperanza y alivio. Sin embargo, pronto surgió una preocupación que complicó sus sentimientos: la relación cercana entre Lina y sus hijos.

El no desconocía la calidad de Lina como profesional y también que era una mujer hermosa con sus curvas, pero si temía un poco a la situación, desde que su esposa fallece siempre han sido tres frente al mundo.

El padre empezó a darse cuenta de que los niños no solo mejoraban en su comportamiento, sino que también parecían tener una conexión emocional muy especial con Lina. Observaba cómo ellos hablaban de ella con entusiasmo, le confiaban sus preocupaciones y se mostraban ansiosos por sus visitas. Aunque entendía que Lina estaba haciendo un excelente trabajo, no pudo evitar sentir que su rol como padre se estaba viendo eclipsado por la relación que ellos tenían con su psicóloga.

Esta situación generó una mezcla de emociones en el padre. Por un lado, estaba agradecido por la ayuda que Lina estaba proporcionando, pero por otro lado, sentía celos e inseguridad. La proximidad emocional de Lina con sus hijos le hacía sentir como si su propia influencia y presencia como padre estuvieran siendo minimizadas. Esta percepción le resultaba dolorosa y desconcertante, y empezó a manifestar sus preocupaciones de manera más abierta durante las sesiones familiares.

El padre comenzó a expresar su incomodidad con mayor frecuencia. En las reuniones familiares, su actitud hacia Lina se volvió cada vez más reservada y crítica.

Lina, consciente de la tensión creciente, trató de manejar la situación con la mayor sensibilidad posible. Sabía que el padre estaba lidiando con sentimientos complejos y que era fundamental mantener una comunicación abierta y honesta. En lugar de confrontar directamente sus inquietudes, Lina optó por abordar el problema con empatía y profesionalismo. Durante las sesiones familiares, se centró en demostrar cómo su trabajo estaba alineado con los objetivos de bienestar del padre y cómo cada intervención estaba diseñada para beneficiar a los niños de manera integral.

Para abordar las preocupaciones del padre y mejorar la dinámica, Lina propuso una serie de reuniones conjuntas en las que se pudiera discutir abiertamente el progreso de los niños y las estrategias terapéuticas. Estas reuniones se diseñaron para ofrecer un espacio donde el padre pudiera expresar sus inquietudes, mientras que Lina pudiera proporcionar una visión clara del progreso y los objetivos del tratamiento. La intención era crear un ambiente de colaboración en lugar de conflicto.

Durante estas reuniones, Lina se esforzó por destacar cómo la relación que había desarrollado con los niños no era una competencia con el papel del padre, sino un complemento a su apoyo. Explicó cómo su enfoque se basaba en técnicas probadas y en una comprensión profunda de las necesidades emocionales y psicológicas de los niños. También hizo hincapié en la importancia de la colaboración entre la psicóloga y los padres para maximizar el bienestar de los pequeños.

El padre, aunque inicialmente resistente, empezó a comprender mejor el valor del trabajo de Lina y la importancia de su papel en el proceso de desarrollo emocional de sus hijos. A medida que se abría a la idea de que la relación entre Lina y los niños no era una amenaza, sino un recurso valioso, comenzó a ajustar su perspectiva. También empezó a reconocer que su propia participación activa y apoyo eran cruciales para el éxito del proceso terapéutico.

No obstante, el ajuste en su actitud no fue instantáneo ni fácil. Hubo momentos de tensión y desconfianza que requirieron paciencia y comprensión de ambas partes. Lina y el padre tuvieron que trabajar juntos para encontrar un equilibrio que permitiera a los niños beneficiarse de ambas formas de apoyo: el profesional y el paternal.

El proceso de adaptación y reconciliación también permitió que Lina reafirmara su compromiso con la familia y que el padre reconociera la importancia de su papel en el crecimiento emocional de sus hijos. A través de una comunicación abierta y una colaboración constante, lograron superar las tensiones iniciales y construir una relación de respeto mutuo.

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