-¿Todos trajeron su repelente, verdad? –miro hacia la gente, mientras seguimos caminando –no pienso compartir el mío.
-Si, madre. Ignoro las miradas, excepto las de personas que me sonríen. Saludo a algunos cuando lo hacen. Miro hacia los hombres de Eros colocar la sombrilla. No estaré mucho tiempo en ella, quiero tomar sol. Dejo mi bolso y me quitó el sombrero.
-Iré a tomar sol –tomo mi toalla. Eros me mira mientras que su madre se limita a armar la reposera.
-¿Dónde?
-¿En el sol? lo miro, me mira mal –No lo sé, Eros. A unos pasos de aquí. Me mira unos segundos más, le sonrío y luego me giro. Camino hasta quedar cerca del mar, coloco la toalla y me recuesto en ella. Me apoyo sobre mis codos para observar mejor a mi alrededor. No me coloque él bikini como quería, tuve que colocarme un short algo corto para que no se vea las
marcas, cortesía de Eros. Pero al menos tengo mi bonita parte de arriba. Suspiro y cierro mis ojos, disfrutando del calor.
Sonrío levemente, esta sensación siempre fue mi lugar de paz.
Borro mi sonrisa, cuando siento como tapan el sol. Frunzo el ceño y abro los ojos.
-Hola me quitó levemente los anteojos, ante el chico que me mira.
-¿Hola? –levanto una ceja. Ni siquiera fueron cinco minutos.
Dobla sus rodillas, sonríe.
-¿Eres americana? –suspiro
-Sí.
-Vaya, es la primera vez que veo una –levanto mis cejas –sabes, esta playa tiene unos deliciosos helados, más allá –señala hacia su derecha –Te invito uno. Puedes contarme más sobre ti. Termina, aun sonriendo, –suspiro y le sonrío levemente.
-Sabes, mis ancestros americanos –recalco la ultima palabra –me decían que nunca diga nunca –sonríe mas –.Contigo hare una excepción –parpadea –.Buen dia. Vuelvo a colocarme los anteojos, mientras Vuelvo a recostarme.
-Vamos, ¿acaso te harás la difícil frente a un inglés como yo?
Por todos los cielos, al menos que se coloque de costado y deje de tapar el sol.
-bayolett –elevo un poco mi cabeza al ver a Eros ¿qué sucede?
–. Sonrío y miró al ingles. Quién mira como un cachorro a Eros.
-Estaba hablando con mi amigo inglés, Don Juan –traga saliva –Me estaba hablando de unos ricos helados. Si, pero ya me iba –sale corriendo. Sonrío, al volver a sentir el sol.
-¿Qué quería? –Me encojo de hombros. Una imagen de un helado viene a mi mente, ahora quiero uno. Me levantó, mientras recojo la toalla.
-Iré por un helado –anuncio, comenzando a caminar.
-Bien. Iré contigo se coloca a mi lado
-Se lo agradezco tomo el cono y me giró, empezando a caminar de vuelta –Lamo y hago un sonido con mi garganta. Cielos, no sabia cuanto necesitaba un helado hasta ahora.
Miro a Eros para verlo lamer su helado, pero solo lo encuentro con sus ojos en mí, sonrío de lado.
-¿Qué piensas en esa pervertida cabeza? –lamo aún mirándolo, lame sus labios y mira hacia adelante.
-Tal vez lo de ayer –dice.
Suspiro y miro hacia adelante. Tal vez yo también. De tan solo pensarlo, vuelvo a sentir esa tensión en mi entrepierna. Fue más de lo que imagine, y da un poco de impresión lo bien que se sintió. Tal vez se deba a todas mis malas experiencias.
Bayolett –miro –.Estás sonrojada –frunzo el ceño
-No es cierto -Corro mi cabeza.
¿Qué carajos?, encima no tengo espejo.
-Claro que si –toca mis mejillas con su dedo.
-Claro que no. Es el sol –golpeo su mano –yo nunca me sonrojo lo miro mal. Sonríe más, me trabo unos segundos en su sonrisa. Creo que es la primera vez que lo veo sonreír tanto.
Frunzo más el ceño, cuando se empieza a reír.
-¿De qué te ríes? –me detengo
-Te hice sonrojar.
-¿Te parece gracioso? –se detiene un poco, lo miro mal unos segundos y luego estiro mi brazo, chocando mi helado en su rostro. Sonrío cuando borra su sonrisa, colocando de vuelta su capa de seriedad. Río entre dientes y luego me alejo, el cono se va al suelo mientras el helado permanece en su rostro.
-Eso es gracioso -me cruzó de brazos, me mira unos segundos más. Cierro mis ojos, cuando choca el suyo a mi rostro. Borro mi sonrisa, mientras sigue aplastando. Aprieto mi mandíbula y empujo sus brazos. Me acerco para golpear su rostro, pero se aleja, retrocediendo. Grito cuando se agacha, tomándome y colocándome sobre su hombro. Golpeo su espalda, mientras empieza a caminar rápido. Lamo mi labio, cuando noto el helado cerca de él. Jadeo cuando siento el agua fría, al mismo tiempo que me suelta. Mi cuerpo se hunde. El muy maldito me soltó sin más. Salgo rápidamente del agua, levanto mi cabeza y lo miro. Idiota –sonríe, mientras yo miro hacía a mi alrededor, tratando de no sonreír. La arena en mis pies se siente bien, él agua solo llega a mitad de mis piernas, mientras que a el menos de la mitad. Vuelvo a mirarlo, mientras me cruzo de brazos.
-Parece que te cagaron la cara –bromeo, observando el sabor chocolate en su rostro. Me mira unos segundos más y luego vuelve a abalanzarse, derribándome.
Froto mis ojos mientras salgo del baño, bostezo y vuelvo a la cama. No debí tomar tanto té helado en la noche. Me tapo mientras cierro los ojos, siento a Eros moverse. Sus brazos se colan por debajo de las sabanas, sonrío cuando descansa una mano en uno de mis pechos. Hasta dormido es un pervertido.
Abro mi boca, cuando su otra mano se cola por mi entrepierna. No, definitivamente no esta dormido.
Mis piernas se abren un poco por instinto, me atrae hacia él y pega mi espalda a su pecho, suspiro al sentir su dureza en mi trasero. Su mano empieza a bajar mi short, mientras su otra mano aprieta suavemente mi pecho, moviendo sus dedos en mi pezó*
-¿Siempre eres así a las tres de la mañana? –susurro en un jadeó. Su mano acaricia mi cadera una vez termina de bajar mi short, hasta deslizarse de vuelta a mi entrepierna. Su cálida mano empieza a adentrarse entre mis pliegues, abriéndome.
-Solo contigo. –Jadeo y aprieto mi mano a la sabana, mi trasero empieza a removerse sobre él, mientras el deseo de tenerlo dentro mío se asoma. Su aliento choca mi hombro, lo besa, mientras mueve hábilmente sus dedos. El movimiento únicamente me hace desearlo más a él. Llevo mi mano hacia atrás y tomo su miembr* –. Lo escucho resoplar en mi oído, lamo mis labios mientras lo acaricio, apretándolo suavemente sobre la tela.
-No hagas eso –susurra, aleja la mano de mi pecho y la sube a mi cuello.
-Hazlo. Por favor –junto mis cejas, giro mi cabeza y lo miro. Clava su mirada hambrienta en mi, quita mi mano y baja la tela de sus pantalones, levanta levemente mi pierna y lentamente me penetr*. Gimo, bajo mi cabeza pero su mano en mi cuello me hace subirla. Saca la mano de mi entrepierna y sujeta fuertemente mi cintura, sosteniéndose de ella. Escucho sus leves jadeos en mi oído, mientras me susurra palabras obscenas, haciéndome jadear más. Mantiene un ritmo regular, tranquilo. Siento como besa mi cuello, hasta detrás de
mi oreja. Jadeo cuando chupa el lóbulo de mi oreja. Saca su mano de mi cuello, gimoteo cuando sale de mi. Me hace dar vuelta, coloca una pierna por encima de su cadera y la sostiene, mientras vuelve a enterrarse en mi. Gimo y rodeo su cuello, mientras también muevo mis caderas. Siento su brazo
Pasar debajo de mí, para tomar mi cabello, hace inclinar mi cabeza hacia arriba, para después besar mis labios y respondo
Aumenta sus estocadas fuertemente, haciéndome separar y perder el control de mi respiración, y de los sonidos en mi boca. Me aferro más a él, mientras la opresión aparece. Tiro mi cabeza hacia atrás, mientras el gemido de liberación se ahoga en mi garganta. Detiene sus movimientos, para después dar uno profundo. Jadeo, cuando empieza a adoptar ese movimiento.
-dios –mi abdomen se contrae, mientras mi cuerpo se estremece cada vez más. Dejo de retenerlo y callo mis gemidos, bajo la cabeza cuando saca su mano de mi
Cabello. Acaricia mi silueta mientras se mueve un poco más, liberándose luego de unos segundos. Regularizo mi respiración mientras sale de mí, acomodando mi short. Levanto mi cabeza luego de unos segundos, cierro los ojos cuando une sus labios con los míos.
Me separo, suspiro mientras sonrío unos segundos. Pego mi frente a la suya aún con los ojos cerrados, me duermo con sus caricias.
-Sabes, creo que irte de un día para otro será una costumbre –sonrío levemente.
-Mañana volveré, compraré el vestido y en la tarde a la graduación –camino al alrededor de la piscina.
-dios, no sé si estoy más nerviosa por la graduación o por la fiesta.
-La graduación no durará mucho, será la entrega del diploma y luego unas palabras. No tuve tiempo de organizar nada de la fiesta, ¿quién lo hizo?
-No lo sé, una de la clase, supongo. Ni siquiera se sabe en qué casa se hará.
-Espero que no en la de Bruce, o estarán sus amigos drogadictos. Giro mi cabeza al escuchar gritos, observo a Ester gritarle al teléfono –. Frunzo levemente el ceño.
-Sí. Luego se dirá levanto mis cejas cuando cuelga, tirando el teléfono hacia el jardín y sentándose en uno de los escalones.
-Rach, luego te llamó. Cuelgo aún mirándola, me acerco a ella.
-¿Señora Ester?
Deja de frotar su cabeza y la levanta hacia a mi, levanto mis cejas al ver sus ojos Llorosos.
-¿Qué? –soba su nariz y mirá hacia adelante –¿no tienes nada mejor que hacer? –miro hacia otro lado unos segundos. Antes también colocaba esa capa dura, para que no piensen que era débil por llorar. Luego entendí, que llorar no es para nada débil.
Inclino mis rodillas frente a ella, sigue con su mirada adelante.
-Señora Ester, la mayoría de veces que estuve en el mismo estado que usted, no tuve la oportunidad de tener a alguien como yo –me mira –No quiero ser chismosa, pero tampoco irme sin hacer nada. –Suspira y frota su frente, traga saliva.
-Nick me fue infiel –suelta –el muy bastardo desagradecido –gruñe, me siento a su lado. Miro unos segundos hacia adelante.
-¿Cómo se enteró?
-Estuvo en una maldita fiesta en una mansión, repleta de mujeres. Un conocido lo vio ahí y me envió fotos –hago una mueca –Acabo de discutir con él, pedí el divorcio. Pero –se detiene, la miro –de seguro me quitará todo. Frunzo el ceño.
-¿A qué se refiere con eso?, él fue quién la engañó. Además, ni que la mayoría lo haya construido él.
-Es abogado –me mira –tiene importantes contactos. Lo único que me queda es esperar el día de ir a firmar y lo que el juez me diga –frunzo el ceño.
-¿Lo dice en serio? –parpadea cuando alzo la voz. Salgo del escalón y me coloco frente a ella.
-Con esto me refería a que usa toda su actitud intimidante y altanera con la persona equivocada. Señora Ester, no estuvimos juntas mucho tiempo, no le agrado, pero si me di cuenta de cuanto potencial tiene –sonrío levemente –.Fue la
Primera mujer rica que vi que no estaba a espaldas de su esposo. A diferencia de mi madre y todas las que conozco. Gracias a eso siempre me dije que no sería igual.
-Eso no cambia el hecho de que no puedo hacer nada –murmura.
-¿Y qué le impide eso?, tal vez él sea un gran abogado. Pero no tiene algo que usted si –me detengo unos segundos –una fama impecable. Puede destruirlo con solo decir unas palabras en público.
-¿Palabras en público?, no entiendo.
-Usted dijo que una revista le ofreció aparecer en la portada –mira hacia otro lado y asiente –. Eso siempre viene con una entrevista, y si no me equivoco, una sesión de fotos –me mira.
-¿Qué puedo hacer yo con eso? –sonrío.
Me levanto, me copia.
-Una mujer segura es la inseguridad más grande de un hombre, señora Ester. Es hora de que empiece a implementar eso. Me mira unos segundos mas y luego parpadea, sonriendo un poco. Y a tener un poco más de dulzura con otras mujeres.
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