El que no sabe de amores llorona, no sabe lo que es martirio...
Después de que su padre la llevara a casa aquel día la dejó dormir y cuando despertó le dijo que era la última oportunidad que le daba, que lo próximo que ocurriera la enviaría a Oxford a un internado y se olvidaría que estaba allí.
- Quiero que me dejes en paz, que nunca más te acerques a mí, haz de cuenta que nunca nos conocimos.
Esas fueron las últimas palabras que Sabrina le dedicó.
Ya habían pasado dos meses del incidente del club y la princesa Patel nunca más había dejado que Julianna le hablara ni media palabra, al final la peliroja terminó contándole a su hermano Axel la razón de el rechazo de su amiga aunque le hizo prometer que nunca le diría a nadie y este le aconsejó que le dijera todo como sucedió, pero ya veía que a ella no le interesaba seguir con su amistad.
Julianna caminó por la calle, se había escapado nuevamente del chófer que debía recogerla del colegio como cada tarde, llegó a un parque y se sentó en un columpio y recordó cuando era pequeña y su madre la empujaba en un lugar parecido a este.
Mirando a ningún sitio hizo un recuento de en lo que se había convertido su vida, su padre estaba decepcionado al punto de que no quería saber de ella, su amiga no quería escuchar la razón por la que había hecho lo que hizo y su hermano estaba envuelto en sus amigos y conquistas e intentaba no llenar su cabeza con sus locuras.
Era gracioso, desde que su madre murió había hecho de todo por alejar a todos de ella, y ahora que lo había conseguido no podía soportar el dolor que dejaba la soledad en su pecho.
Vio el auto que debía recogerla acercarse, el chófer se había vuelto más astuto y ya no podía escapar de él tan fácil, el pobre hombre debía mantener su trabajo y eso consistía en no llegar a casa sin ella, así que la buscaba donde sea que se metiera.
- Vamos- le dijo entrando al vehículo un momento después y el hombre solamente la miró por el espejo retrovisor.
- Tengo dos hijas.- le dijo sin más acá ni más allá- La mayor cumplió veinticuatro hace unos meses, lleva seis años tretaplégica, respira y se alimenta por un tubo y ni siquiera sabe que su familia existe aunque nosotros no dejamos de hablarle o de acariciarla.
La chica miró los ojos del hombre por el espejo.
- Las malas decisiones que tomó en la vida la pusieron donde está ahora, y yo no hay un día en que no me recrimine el no haber logrado que cambiara a tiempo, que se diera cuenta de que el mundo no se acababa porque ella estaba sufriendo.
- Perdón- el hombre siguió mirándola por el espejo- Usted no merece que yo me porte así.
- ¿Y los demás lo merecen?- la vio mover los hombros.
- Tampoco, pero ya con los demás todo está roto.
- En la vida nada está completamente roto mientras que usted tenga amor en su corazón señorita, solamente tiene que saber como gestionar su dolor e intentar no terminar como mi niña o peor.
Ella cambió la vista del espejo retrovisor y miró por la ventana del auto indicando que la conversación había terminado y el hombre puso el vehículo en marcha para ir hasta la casa.
Aquella tarde Julianna esperó a que su padre llegara del trabajo y fue hasta el despacho a hablar con él.
- Papá- le dijo y él no despegó la vista de los papeles que revisaba para mirarla- Este fin de semana es mi cumpleaños.
- Lo sé. - le contestó secamente.
- Quería saber si algunas amigas pueden venir a la piscina, no es una fiesta, solamente será un rato.
- ¿Son las mismas amigas con las que has hecho todos los desmadres de los últimos tiempos?- le preguntó y seguía mirando los documentos.
- Te aseguro que no va a suceder nada, solamente será un rato y estaremos tranquilas.
- Está bien, el domingo, voy a confiar en ti, ni siquiera saldré de mi habitación, ahora déjame terminar que ya es casi la hora de cenar.
Ella salió del despacho, su padre no la había mirado ni una vez, era tanta la decepción que le había causado que no la creía merecedora de una mirada, ese era su castigo.
Sin embargo a él se le rompía el corazón tratándola de esa forma, pero su hija tenía que comprender que sus actos tenían consecuencias y que tenía que asumirlas.
El domingo llegó y por la puerta de la mansión Hudson desfilaron unas cinco chicas, todas hijas de mamá y papá de la gran sociedad inglesa que venían a pasar un rato en la piscina aprovechando que era el cumpleaños diecisiete de Julianna.
Ninguna de ellas era en realidad amiga de la peliroja, ni siquiera eran de la misma edad pues todas ellas ya pasaban los dieciocho, lo único en común que tenían era el colegio al que asistían, pero la aceptaron en su grupo por ser quien era su padre, tener a un miembro de la familia Hudson al lado era como haber ganado una lotería.
Casualmente en la casa también apareció Renato y a la chica se le alumbró el corazón, desde que la amistad de ella y Sabrina se había roto nunca más lo vio, pero ahí se dio cuenta de que aunque pasaran meses el joven seguía haciéndola sentir de la misma forma siempre que lo tenía delante.
- Feliz cumpleaños- le dijo y le entregó una pequeña caja roja.
Ella la abrió y vio adentro una pulsera roja de hilo tejido, más de una vez las había visto, las vendían los emigrantes en las puertas de los supermercados por unos pocos céntimos, le pareció raro el regalo pero igual la puso muy contenta, por lo menos le quedaba él, o eso pensó.
La tarde fue pasando normal, tuvieron bebidas a la orilla de la piscina y como ella le prometió a su padre todas se portaron bien.
Cuando llegó el momento de terminar la diversión una de las invitadas no aparecía y Julianna fue hasta los vestidores de la piscina a ver si la encontraba, pero lo que vio allí la dejó de piedra.
Renato estaba recostado a una de las paredes de la habitación con la chica agachada delante de él, gemía y le repetía obscenidades mientras ella tenía su miembro en la boca y movía su cabeza de adelante hacia atrás.
Por un momento los ojos de él y los de la peliroja se cruzaron y Julianna vio una sonrisa de burla reflejada en la cara del joven mientras sentía como su corazón se rompía en mil pedazos y salió de aquel lugar antes de comenzar a llorar.
Él se sintió realizado, su hermana ya tenía su venganza.
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Updated 77 Episodes
Comments
Paola VG
No cabe duda, el gen Patel es ser infeliz e imbécil
2024-11-28
2
Cristina Sandoval
no si para ser idiota no se estudia idiota ese Renato
2024-09-04
2
Verónica Bustos
bien dicen lo que se hereda no se urta,Renato salió tan invecil como el padre y el tío, que se dejan llevar por el momento y no piensan antes de actuar.
2024-06-22
5