Capítulo 16:Obsesión

El diario descansaba sobre la mesa, su antiguo cuero desgastado bajo la tenue luz de la habitación. Syra lo contemplaba, su rostro reflejando una mezcla de ansiedad y emoción.

Syra abrió el diario, las páginas crujieron y suspiraron bajo sus dedos. Sus ojos se posaron en las palabras de Dorian, su caligrafía elegante y antigua llenaba las páginas. Había algo en su escritura que la atraía, una especie de magia que parecía emanar de cada trazo.

"Dorian," escribió, "quiero saber más sobre ti, sobre tu pasado. Siento que cada vez que leo tus palabras, estoy ahí contigo, en tu época. Quiero estar más cerca de ti."

El diario pareció cobrar vida, las palabras de Dorian aparecieron en la página siguiente. "Syra, mi querida amiga, mi pasado es solo eso, pasado. Dejé mi alma en este diario para poder comunicarme contigo, pero no es saludable obsesionarse con lo que ya no es."

Syra sintió un nudo en el estómago, no quería que Dorian pensara que estaba obsesionada. Pero había algo en su historia, en su magia, que la atraía de manera irresistible. "No es obsesión, Dorian," escribió, "es... curiosidad. Quiero entender. Quiero saber más sobre tu magia, sobre cómo puedes estar aquí conmigo a través de este diario."

Dorian pareció considerar sus palabras, las siguientes líneas aparecieron lentamente. "Syra, mi magia es antigua y complicada. Pero si insistes, trataré de explicarte lo mejor que pueda. Solo recuerda, el pasado es un lugar para visitar, no para vivir."

Syra sonrió, agradecida por la paciencia y comprensión de Dorian. Estaba ansiosa por aprender, por entender, y sabía que con Dorian a su lado, estaba a punto de embarcarse en un viaje de descubrimiento increíble.

Mientras tanto, en un bar rústico y cálido ubicado en el corazón del pueblo, un hombre encapuchado y Sergey se encontraban sentados en una mesa apartada. Sus rostros estaban iluminados por la tenue luz de una vela parpadeante, y sus manos envolvían sendas jarras de cerveza.

El aire estaba lleno de risas y conversaciones, pero en su mesa, el ambiente era mucho más serio. Sergey, con su rostro marcado por las arrugas del tiempo y los ojos llenos de astucia, rompió el silencio.

"Ya hice lo que me pediste," dijo, su voz apenas audible sobre el ruido del bar. "La señorita Walsh está distraída. Ahora quiero mi parte del trato."

El hombre encapuchado no dijo nada durante un momento, su rostro oculto en las sombras. Luego, sin una palabra, alcanzó su bolsillo y sacó una pequeña bolsa. El sonido de las monedas chocando entre sí llenó el aire mientras la colocaba sobre la mesa.

Sergey abrió la bolsa y echó un vistazo adentro. Sus ojos brillaron con la vista de las monedas de oro. Asintió, satisfecho, y guardó la bolsa en su bolsillo.

"Ha sido un placer hacer negocios contigo," dijo Sergey, levantando su jarra en un brindis silencioso. El hombre encapuchado simplemente asintió, su rostro aún oculto en las sombras. En el bar, la vida continuaba, ajena al oscuro trato que acababa de tener lugar.

Más tarde, la noche había caído y el pueblo estaba sumido en el silencio. El hombre encapuchado se encontraba afuera de la casa de Syra, su figura oscura apenas visible en la penumbra. Miró hacia la habitación de la adolescente, donde ella dormía plácidamente, ajena al peligro que se cernía sobre ella.

"Niña tonta," susurró el hombre, su voz llena de desprecio. Con cuidado, abrió la ventana de la habitación de Syra y entró sigilosamente. La habitación estaba bañada en la luz de la luna, y el retrato del hombre, colocado al lado de la cama de Syra, parecía observarlo con ojos acusadores.

El hombre se acercó a la cama de Syra, su rostro oculto por la capucha. Puso una mano sobre la cabeza de Syra, y una luz tenue comenzó a emanar de su palma. Syra se estremeció en su sueño, su rostro palideció mientras su energía era drenada.

Pero entonces, el hombre vio su retrato y una risa siniestra se escapó de sus labios. El sonido de su risa resonó en la habitación, despertando a Syra. Sus ojos se abrieron de golpe, y al ver al hombre encapuchado, gritó.

El hombre retiró su mano y se volvió hacia la ventana, huyendo tan rápidamente como había llegado. Syra se quedó en su cama, temblando y confundida, pero a salvo. La noche había traído peligro, pero también había traído la salvación.

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