Okay.. todo comenzó algún día de verano, yo intentaba salir de una relación algo tóxica y sin sentido (déjame decirte) cuando un amigo y yo retomamos nuestra amistad, habíamos dejado de hablarnos justamente por mi novio, él no lo quería y yo decidí cumplirle ese capricho como tantos otros.
En fin, estaba que no me animaba a cortar a mi novio y por otro lado estaba mi amigo, quién siempre me dejó claro que le gustaba y a quién siempre le había dicho que lo quería como solo eso: un amigo.
Pasó el tiempo y me decidí, corté con mi novio de la manera más tonta y cobarde posible: un WhatsApp. hasta el día de hoy me avergüenzo de ser tan cobarde, la cuestión es que corté con él, y no supe nada más de él ni de nuestra relación, no lo voy a negar, me dolió, y como cada persona tuve mi "duelo pos ruptura" nadie lo sabía, pero lo extrañaba mucho.
A todo esto mi amigo estuvo ahí todo el tiempo, apoyándome y dándome su cariño y yo de.. wey no puedes ser tan lindo, ¡te estoy hablando de mi ex!, a lo que él respondía:
—No importa si es tu ex, o el mismísimo presidente, soy capaz de escuchar todo con tal de que te sientas libre y estés bien.
Es qué.. ¡no podía! era un pinche Ángel, él mejor.
Nuestra relación volvió a ser la misma de antes, hablábamos todo el día, la pasábamos increíble, salíamos, dábamos paseos, me escuchaba hablar de mi obsesión por los libros cómo si en verdad le importara si Ares por fin admitía su amor por Raquel, aunque a él la literatura y los libros no le fuesen lo hacía.. por mí.
De pronto, un día cualquiera algo en mi se entendió, él siempre me demostraba su cariño, no tenía duda algunas de aquello pero yo.. ¿lo hacía? la triste respuesta era muy simple, no. Lo quería claro que sí, se había vuelto muy importante y fundamental en mi vida y aún así no se lo decía, esa parte fría de mi y cero demostrativa no me dejaba y lo peor era que él se merecía esa muestra de mi parte.
Aquella tarde calurosa de verano nos encontrábamos sentados en nuestro parque favorito tomando unos helados, él particularmente ese día estaba muy sociable, no paraba de hablar y hablar, me contaba lo agotado que lo tenía la universidad y lo feliz que lo hacía saber que este mismo año en cuestión de meses se graduaría y seria ese tan deseado arquitecto el cuál siempre soñó ser.
Lo escuchaba claro que lo hacía, pero ese revoltijo de emociones me hizo una mala jugada , de la nada y sorprendiéndonos a ambos dije:
—Te quiero.. te quiero y mucho.
Silencio. Del puro, agonizante e intranquilo silencio.
¿Hice mal?
—Te estoy diciendo por primera vez en la vida que te quiero ¿y no me dices nada?
—¿Qué esperas que te diga exactamente? -lo dijo de un modo.. ¿dudoso? ¿furioso? ¿confuso? no lo sabría con exactitud, por que era una mezcla de todo aquello junto.
No lo entendía.
—No lo sé.. ¿yo también? o algo.
—¿Porqué?, sabes que me gustas y lo que siento por ti.. ¿porqué me haces esto?
—No entiendo tu enojo, ¡yo sólo quería que supieras que te quiero!
—Estabamos bien así, no lo entiendo, ¿es porqué a mediados de agosto me voy? si es así dímelo por favor.
—Claro que no es por.. Espera. ¿qué te vas? ¿porque no me lo habías dicho? ¿por cuánto tiempo?
Abre sus ojos, se ha dado cuenta de su error y no hay vuelta atrás. Él me dejaría, no estaba lista para perderlo, no a él, no ahora.
—Escucha yo..
—¿Porqué no me dijiste que te ibas?
—Iba a hacerlo.. lo juro, pero me tomaste por sorpresa.
—¿Cuanto tiempo? ¿cuándo vuelves?
—No lo haré, he conseguido un empleo ni bien me gradue, es en Nueva York.
Como si de un balde de agua fría se tratase cierro mis ojos, él no podía irse, no me podían quedar menos de nueve meses a su lado.. no podía estar pasando esto.
Pasaron semanas sin saber nada de él, ya casi sería un mes en exactamente dos días. Destruida era poco, cada fibra de mi ser era consiente de cuán lejos estábamos, y dolía mucho.
¿cómo? no lo sé aún, pero me dejé convencer por mi confiable amiga pelirroja, y el plan de esta noche no consistía en películas románticas y helado, sino en un antro rodeadas de hormonales y alcohol para como dice ella, olvidar el amor.
—¡Por los amores de mierda! -grite eufórica en medio de toda aquella gente.
—¡Por el amor de mierda! -gritaron esos desconocidos mientras bebiamos.
las horas pasaron y con el la cantidad infinita de shots junto a desconocidos. Baile, bebi, baile y bebi una infinidades de veces, ya exhausta decido descansar en el balcón de aquel antro desconocido.
El viento particularmente esta noche era terriblemente frío, y mi minifalda y blusa escotada no ayudaron en absoluto, temble. Más aún cuando una gruesa, varonil y muy conocida voz habla a mis espaldas.
—Te vas a enfermar pequeña, en cuestión de horas lloverá y tu te has venido sólo con aquel conjunto.
—Un mes sin hablarme ¿y eso es todo?
Él a paso decidido se acerca hacía mi, así acortando nuestra distancia y acorralandome.
—Estás preciosa esta noche pequeña.
—Idiota.
—Te extrañé.
—Imbecil.
—Te quiero.
—Y yo te odio.
—Odiame, pero por favor, no vuelvas a alejarte así de mi nunca más.
Y sin más me besó, como en mis sueños, como en mis fantasías, como lo había comenzado a desear quién sabe en qué momento. Me besó, y cómo me besó. Ese fue uno, uno de los primeros momentos más románticos y cursis que comenzábamos a compartir.
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Él yacía recostado en el respaldar de mi cama y yo en sus brazos, ambos cubiertos por mi reconfortante manta.
—¿Te he dicho cuanto me encanta amanecer así? Juntos, desnudos.
Sin poder evitarlo me sonrojo.
—Bobo, ¡deja de hacer eso!
—¿Hacer qué? ¿decir que me encanta hacerte el amor toda la noche y amanecer así? porque créeme pequeña, es mi nueva medicina.
Lo miré, esos ojos café se habían vuelto mi delirio, no hubo vuelta atrás, el amor tocaba nuevamente las puertas de mi corazón, y nada ni nadie lo impediría, ni siquiera yo.
Sin pensarlo, y con una sonrisa confesé.
—Lo lograste. Me hechizaste, estoy locamente enamorada de ti.
Y con una sonrisa boba él me dice:
—Y yo de ti mi pequeña bruja, tanto que duele amarte de esta manera, pero ¿sabes? no importa, porque amarte es la mejor locura que he cometido en mi vida. Tanto que lo volvería a hacer, así tenga que repetir este verano una y mil veces.