Era un día lluvioso como cualquier otro día de invierno en mi ciudad, estaba en una parada de buses esperando a uno que me llevara a casa, de la nada un desconocido se me acercó, era alto de cabello oscuro y lleva un piercing en el lado derecho de su labio inferior que caía perfectamente con su personalidad, él estaba fumando un cigarrillo y soltó palabras al aire que quedarán grabadas en mi mente por siempre: "Es muy triste ver cómo se rompe ese flechazo que pensabas que duraría toda la vida, en ese momento te das cuenta de que nada es eterno"
No sabía que responder a lo que había dicho, así que solo me quedé paralizada reflexionando acerca de sus palabras, y sin darme cuenta mi transporte había llegado, para mi "suerte" el desconocido también estaba abordando dicho bus y ese día no podía ir mejor, tanto así que sólo quedaba un asiento a mi lado y el desconocido lo tomó.
Me sentía incómoda con su presencia, no solo por las palabras que había dicho antes sino que él en sí era algo intimidante, inconcientemente durante todo el tiempo en que llevaba analizándolo también lo estaba viendo, él al darse cuenta de esto obviamente se enojó un poco y creyéndose un galán de telenovelas presumía de su "belleza" y me lanzaba preguntas estratégicas.
-¿Acaso soy tan lindo que no puedes dejar de verme?
-Claro que no- le respondí con un tono burlesco.
-Sé que por dentro te gusto, aunque sea un poco.
-Eso obviamente no es cierto- volteé los ojos en blanco.
El desconocido se volteó para poder quedar frente a mí,para luego darme su mejor perfil y sostenerse ligeramente el tabique y la frente para seguir presumiendo según él su "belleza"
-Ya lo sé, ser lindo es mi maldición eterna.
-Si tú lo dices...- volteé los ojos y fingí seguirle la corriente.
Esta vez el se volteó un poco más para poder verme mejor y mordiendo su piercing seductoramente reclamó mi falta de interés hacia él.
-Oye, porque pones los ojos en blanco, es de mala educación.
No hice caso a su comentario, me encontraba muy cansada por los estudios y mi trabajo de medio tiempo, no quería tener que lidiar con este tipo.
Finalmente antes de que otra tontería saliera de su boca yo había llegado a mi parada e hice lo que cualquier persona normal haría y bajé del bus para dirigirme a casa, grande fue mi sorpresa cuando el desconocido también bajó, esta vez decidí no quedarme callada, no quería aparecer sin mis preciados órganos al día siguiente, aunque para ser sincera solo estaba estresada, entonces fui yo quien tomó la iniciativa de continuar aquella conversación interrumpida anteriormente.
-Oye, tú, no sé qué es lo que estás intentando hacer, pero no creas que porque eres lindo puedes seguirme, eso se llama acoso, así que aléjate de mí- el tipo solo sacó un encendedor y una cajetilla de cigarros, tomo uno en su mano y lo encendió, así que tomé medidas "drásticas", no me juzguen, había tenido un día agotador, saqué mi teléfono y lo alze con mi mano izquierda.
-¿Ves esto? He marcado el número de la policía si
no me dejas en paz solo presionaré este botón y tú acabarás en la cárcel.
Desesperada al no ver respuesta alguna del chico decidí tratar de llamar su atención, mientras tanto él se encontraba aún distraído con su cigarro.
-¡Oye! ¡¿Acaso no me escuchaste?! Dije que si...
-Claro que te escuché la primera vez, y solo para que sepas, no te estoy siguiendo, vivo cerca de aquí, no eres la única persona viva en este mundo, deja de ser egocentrista.
Sin decir más el chico solo se alejó pasando por mi lado, estaba realmente furiosa, él había sido tan, tan.
-¡Oye! Me culpas de ser egocentrista cuando fuiste tú quien adulaba su propia "belleza", que clase de persona tienes que ser para decir hipocresías. ¡Imbécil!
- Sí, como quieras.
Él solo siguió su camino sin siquiera mirar atrás.
-¡Imbécil!
Los días iban pasando y siempre encontraba al mismo desconocido, a la misma hora y en el mismo lugar, pero la curiosidad me estaba devorando por dentro, era como un monstruo y por lo tanto quería saber más de él.
Decidí juntar fuerzas y un día decidí volver a hablarle, nuestra última conversación no había sido la mejor, pero quería arreglarlo así que momentos antes compré un piercing, dos de hecho, uno era como los que sueles ver en cualquier persona con una perforación en la nariz, para ser específica era un aro plateado, y el otro era en forma de un diminuto corazón dorado, decidí ofrecérselo como una ofrenda de paz, él aceptó refunfuñando.
-No creas que por darme esto olvidaré las cosas que me gritaste.
-Para serte sincera no esperaba que lo hicieras, solo vine darte esto y pedir perdón, adiós.
-¡Espera!
Sostuvo mi mano para que me detenga a escuchar lo que tenía que decir.
-Gracias, y quién debería disculparse soy yo- puso sus ojos en blanco y miró hacia el suelo, se veía un tanto avergonzado, por lo tanto le propuse algo a lo que nadie se negaría.
-¿Que te parece si para romper el hielo vamos por un café? No tienes que hacerlo si no quieres.
Le sonreí y él solo se me quedó viendo por unos largos dos minutos, luego me acercó a él abrazándome y poniendo mi cabeza sobre su pecho, él era cálido y me abrazaba sin ejercer presión alguna, como si tuviera miedo de "romperme".
-No vuelvas a ignorarme por tanto tiempo, toda mi vida se vuelve un infierno si tú no estás.
Sus palabras resonaban en mi cabeza, como era posible que después de tan poco tiempo haya desarrollado un tipo de afecto hacia mí.
-
Los meses seguían pasando y nuestra amistad se hacía cada vez más fuerte, hasta que las vacaciones de verano habían llegado y como era costumbre debía viajar a visitar a mi madre, cuando se lo dije al chico él se enfadó y dejó de hablarme por una semana entera.
Aún dolida por que me haya ignorado fui al aeropuerto esperando que él estuviera ahí, pero cuando estaba a punto de abordar el avión comenzó a sonar música de fondo y todas las personas presentes volteaban a ver qué era lo que causaba tal melodía, y de repente soltaron una especie de suspiro, cuando volteé ahí se encontraba el chico, arrodillado y sosteniendo un cartel entre sus manos, este decía: "Siento que me estoy enamorando perdidamente de ti y me gustaría saber si tú quieres tener conmigo algo más que una relación de amigos" y seguido de esto habían dos casillas una decía "sí" y la otra obviamente "no".
Tenía clara cuál sería mi respuesta, así que cuando el chico me entregó el rotulador marqué "sí ".
Lo abracé con todas mis fuerzas y le dije:
-Jamás me separé de ti, seré como un chicle. ¿Estás seguro de que podrás aguantarme?
-¿Quieres que te diga la verdad?
-Ujum.
-Una y mil veces sí.
Desde entonces seguimos juntos y cuidamos de su hermana cómo si fuera nuestra propia hija, tenemos alrededor de 5 años juntos, y pues yo ya llevo casi cuatro meses de embarazo, pero esa es otra historia, aún seguimos aprendiendo el uno del otro pero lo importante es que durante todo este tiempo jamás nos arrepentimos de las cosas que hicimos en el pasado, sean buenas o malas, porque eso permitió que estuviéramos juntos.
- G.