Kord era profesor de geología de la Universidad de Cambridge, y siempre había soñado con ir a aquel casco gélido: El Ártico. Un día, un avión despegó de Inglaterra, con rumbo al norte, y allí iba él, en primera fila. Cuando aterrizó, y miró el infinito blanco por la ventana, sus ojos brillaron como soles. Pero, no estaban allí para maravillarse, sino para investigar algo... "Es tan grande... Tan limpio... Tan blanco..." dijo, una sonrisa en su rostro.
Luego, Kord y su equipo recorrieron las gigantes y blancas colinas de hielo del Polo Norte, montados en motocicletas de esteras y trineos automáticos que echaban toneladas de nieve a cada paso. Entonces, apagaron los motores ante el coloso de agua congelada que se imponía frente a ellos: un iceberg, tan grande su parte de arriba que se insinuaba que la de abajo pudiera ser del tamaño de un rascacielos.
Sacaron los picos, martillos y taladros, y cuanto equipo electrónico se necesitaba para aquella exploración. Kord fue el primero en romper el hielo, utilizando un taladro mecánico.
Entonces, algo interrumpió la labor: era como un eco vago, que cada vez se escuchaba más y más cerca... "¡Shhh! ¿También lo escuchan?" dijo, apagando la herramienta. Sus compañeros hicieron lo mismo, hasta que solo se escuchó aquello, amplificado en un monitor de audio. El espectro sonoro cada vez se hacía más y más grande, y la voz no se detenía... "¡¡Ahhhhhh!!" alguien gritó, pero no era ninguno de aquellos presentes. Luego, el sonido se esfumó en la nada, y las incisiones prosigueron, ahora ya todos mirando diferente al iceberg.
Kord seguía allí con su taladro, mientras el hielo se volvía agua al caer abajo. Hasta que volvió a escucharse el eco. No era uno ahora, sino dos, volviéndose más fuertes cada segundo que pasaba. "No de nuevo..." el taladro se tambaleaba apagado en las manos de Kord. "¡Ahhhhh! ¡¡Ahhhhhh!!" volvió a gritar alguien, pero no era ninguno de esa expedición.
Ya el sol daba en el medio del cielo, y no todos estaban allí picando el hielo. La mitad de los investigadores se resignó a seguir, luego de volver a escuchar aquellos gritos que llegaban sin previo aviso. Algunos hasta juraban que ese iceberg estaba maldito... Pero, Kord se quedó, junto a la otra mitad de sus compañeros, que seguían allí en el hielo, picando y taladrando.
Entonces, volvió a aparecer aquel susurro que poco a poco se convertía en grito.
"Estoy cansado, creo que será mejor volver..." dijo Kord, mientras se secaba el sudor, a pesar de haber mucho frío.
"¡¡Ahhhhh!! ¡Aghhhhh! ¡¡Ahhhhhh...!!" seguían los gritos, como sollozando, e igual que antes, el silencio los cubrió después. Cuando se acercaron al hielo agrietado para volver, un crujido insoportable se cernió debajo de ellos.
"¡¡Ahhhhh!! ¡¡Aghhhh!!" gritaron algunos de sus compañeros, al caer a la gélida agua. Pero, Kord no se inmutó, en cambio, su vista quedó clavada en aquellos que se hundían poco a poco, mientras su cerebro parecía estar procesando algo:
"Son ellos... Esos gritos..." dijo, sus dientes rechinando, y sus dedos temblando. Aquellos gritos de sus compañeros fueron seguidos de un silencio que cubrió todo, luego de salir las burbujas a la superficie.
"¡¡Ahhhhh!!" alguien volvió a gritar, y sí, eran los investigadores que estaban con él, luego de que el hielo se hiciera agua bajo sus pies.
"¡Este iceberg está maldito! ¡Esos gritos...! ¡Ahhhhh! ¡Aghhhhhh!" sus sollozos eran tan iguales, por no decir idénticos a aquellos que salieron del hielo como un eco olvidado... Ahora se volvían a repetir, mientras sus provocadores se hundían en las olas inertes del mar congelado, como si alguien los estuviera llevando hacia abajo...