Nos situamos en Alemania, el 16 de agosto de 1892. Una epidemia potente comenzó a esparcirse por todos lados. Decían que duraría hasta septiembre. ¿Fue así... o no?
Todo transcurría casi normal. Los niños a la escuela, los adultos al trabajo. ¿Normal, no? En una escuela católica en la que siempre pasaban cosas malas, había dos niños destacados: Kazu, de 15 años, y Vyxen, de 13. Ellos dos no se conocían, ni se hablaban.
Kazu destacaba por ser valiente, callada y muy inteligente. Vyxen destacaba porque sus padres, antes de ser asesinados trágicamente, eran una pastora y un sacerdote muy importantes. Vyxen heredó su puesto y trabajaba en varias iglesias sin paga. Por la mañana predicaba y por la tarde iba a la escuela. Por la noche iba casa por casa, tocando puertas, predicando la biblia e invitando a la gente a la iglesia.
Pero todo esto cambiaría. El país caería en un pozo profundo de muertes y todo iría mal.