Capítulo 1: El mundo es muy grande
Me pegué a la pierna de Jimin oppa y apreté mi mantita suave contra mi cara. El chupete en mi boca me ayudaba a mantener la calma, pero el pasillo de aquel lugar era demasiado largo, demasiado brillante y lleno de ecos que me hacían querer cerrar los ojos.
Tengo cinco años y las cosas muy ruidosas me asustan.
—Tranquila, mi amor, todo está bien —escuché la voz dulce de Jimin oppa.
Él se agachó frente a mí, tapando las luces fuertes con su espalda. Acomodó mi biberón de leche en su mochila y me acarició la mejilla con mucho cuidado. Mi hermano siempre sabía cuándo el mundo se volvía demasiado pesado para mí.
—Hoy vas a conocer a mis amigos. Los que ves cuando pongo la televisión en casa. Si te sientes abrumada, me dices y nos vamos a un sitio tranquilo, ¿sí, pequeña?
Asentí despacio, sin soltar la tela de mi manta.
Jimin oppa abrió una puerta grande. Para mi sorpresa, la habitación no tenía luces deslumbrantes ni música fuerte. Ellos sabían que yo iba a ir.
—Chicos, ella es mi hermanita, TN —dijo oppa con una sonrisa gigante.
En el sillón había varios chicos altos. Todos me miraron con ojos brillantes y llenos de cariño, pero ninguno se levantó de golpe ni gritó. Se quedaron en sus sitios para no asustarme.
En el suelo, sentado cerca de una mesa, estaba Jungkook. Lo reconocí de inmediato: era el chico que siempre bailaba muy rápido en la pantalla. Pero ahora no estaba bailando. Me miraba en silencio, fijándose en cómo mis pequeños dedos apretaban la mantita y en cómo mi chupete se movía despacio.
Jungkook no habló. Sabía que las voces desconocidas me podían abrumar. En lugar de eso, sacó un pequeño conejito de peluche de su chaqueta, lo puso en la alfombra y se echó hacia atrás, dejándome mucho espacio.
Miré el peluche. Miré a Jungkook.
Él me dedicó una sonrisa muy suave, mostrando sus dientes frontales, pareciéndose un poco al peluche del suelo.
Di un paso pequeño hacia adelante, arrastrando mi mantita.