El calor de la chimenea le pegó en la cara apenas entró.
Elias temblaba. No sabía si era por el frío o por el alfa que tenía atrás.
La cabaña era pequeña. Una cama. Una mesa. Armas colgadas en la pared. Pieles en el suelo.
Olía a Kael. A leña. A soledad de 10 años.
"Ponte ropa seca" ordenó Kael sin mirarlo. Estaba dándole la espalda, echando más leña al fuego.
Su espalda era enorme. Llena de cicatrices.
Elias asintió aunque Kael no lo viera. Se quitó la chaqueta mojada. Debajo solo tenía la camisa transparente pegada al cuerpo.
Se abrazó solo.
"Ahí" Kael le tiró una camisa grande. De él. "Póntela. Y no salgas."
La camisa le quedó gigante. Le llegaba a los muslos. Y olía 100 veces más a Kael.
Elias se sentó cerca del fuego. Las manos le temblaban.
Kael le pasó una taza de té caliente. Sus dedos se rozaron.
Los dos se quedaron quietos 1 segundo de más.
"¿Cómo te llamas?" preguntó Kael. Voz baja.
"Elias..."
"Yo soy Kael."
Silencio. Solo el sonido de la lluvia golpeando el techo.
Elias alzó la vista. Kael lo estaba mirando. Fijo. Como si estudiara cada rasgo de su cara.
"¿Por qué estabas solo en el bosque de noche?"
"Me... me separé del grupo" mintió Elias. No podía decir que fue por curiosidad.
Kael apretó la mandíbula. "El bosque es peligroso para un omega. Más en tormenta."
"Lo sé. Lo siento."
Kael suspiró. Se sentó en el suelo, frente al fuego, a 1 metro de Elias.
No se tocaban. Pero el calor entre los dos era insoportable.
El aroma de Elias se estaba intensificando. Dulce. Necesitado.
Kael cerró los ojos y apretó los puños.
"Mierda" pensó. "Huele a celo."
"¿Tienes frío?" preguntó Kael de repente.
Elias negó. Pero tembló.
Kael maldijo. Se quitó su propia manta y se la tiró encima.
Ahora los dos estaban cubiertos con la misma manta. Casi tocándose.
"Duerme" dijo Kael. "Mañana te llevo al pueblo."
Pero ninguno de los dos durmió.
Porque el olor de un omega asustado y un alfa solo en una cabaña...
es la combinación más peligrosa que hay.
Elias se quedó mirando el fuego. Y a Kael de reojo.
Kael se quedó mirando las llamas. Y pensando en lo cerca que estaba Elias.
La tormenta afuera no paraba.
Y adentro, otra tormenta recién empezaba.
FIN DEL CAP 2