La lluvia no caía. Azotaba.
Elias corría entre los árboles sin ver por dónde. Las ramas le azotaban la cara. El barro le chupaba las botas.
"Solo fue un desvío de 5 minutos" se repetía. "Volveré antes de que el grupo se dé cuenta."
Mentiroso.
El trueno retumbó tan cerca que sintió la vibración en el pecho. Omega. 1.67m. Solo. Y ahora perdido en el bosque prohibido.
La ropa se le pegó al cuerpo. El frío le calaba hasta los huesos y su aroma empezó a salir. Dulce. Miedo. Omega en celo anticipado.
Eso era lo peor.
"Por favor... alguien..." su voz se perdió entre la tormenta.
Un crujido.
Elias se detuvo. El corazón se le fue a la garganta.
El olor lo golpeó primero. Madera mojada, hojas podridas, tierra... y algo salvaje. Algo alfa.
Algo grande se movió entre la neblina.
Y entonces lo vio.
Estaba parado bajo la lluvia como si no la sintiera.
1.88m. Torso desnudo. Gotas resbalándole por los abdominales y la cicatriz que le cruzaba el pecho.
El pelo negro pegado a la frente. Ojos grises que lo escanearon de pies a cabeza en 1 segundo.
Kael.
El guardián.
El alfa del que todos en el pueblo susurraban. "No entres al bosque. Kael mata a los intrusos."
Pero no parecía que fuera a matarlo.
Parecía... furioso. Y preocupado.
"¿Qué haces aquí solo, pequeño?" Su voz era grave. Baja. Como un trueno contenido.
Elias tembló. No era por el frío.
"Y-yo... me perdí..."
Kael frunció el ceño. Dio un paso. Otro. Hasta que Elias pudo olerlo bien.
Pino. Tormenta. Y poder.
Un alfa dominante. De los que hacen que a un omega le tiemblen las piernas solo con estar cerca.
"Estás empapado. Vas a enfermarte."
No fue una pregunta.
Se quitó la chaqueta de cuero. Pesaba. Olía a él. Y se la tiró encima a Elias.
Al instante el calor lo envolvió. Y el olor. Dios, el olor.
Seguro. Protección. Casa.
Elias se aferró a la tela como si fuera lo único en el mundo.
"Gr-gracias..."
Kael lo miró. A los labios temblorosos. A las manos pequeñas saliendo de las mangas gigantes. A la forma en que su cuerpo temblaba bajo la chaqueta.
Algo en el pecho de Kael se apretó. Algo que llevaba 10 años muerto.
"Mierda" pensó. "Es un omega. Y huele a miedo."
La tormenta se puso peor. Un rayo iluminó todo el bosque.
Kael maldijo por lo bajo.
"No puedes quedarte aquí. Te va a dar hipotermia."
Le tendió la mano. Enorme. Llena de callos. De cicatrices.
Elias dudó 2 segundos. El pueblo decía que Kael era peligroso.
Pero morir de frío también lo era.
Tomó su mano.
En cuanto sus pieles se tocaron, una chispa les subió por el brazo a los dos.
Kael apretó la mandíbula. Elias ahogó un jadeo.
"Camina." ordenó Kael, pero su voz salió ronca. "Mi cabaña está a 10 minutos."
Y así, bajo la lluvia, el guardián más temido del bosque se llevó a un omega perdido de la mano.
Sin saber que esa noche, ninguno de los dos volvería a ser el mismo.
FIN DEL CAP 1