El desayuno sabía a ceniza.
Daniel empujó el plato. No tenía hambre. Llevaba toda la mañana leyendo la nota de Dangi.
`El celo pasará en 3 días. Vendré cada noche. - D`
3 días. 3 noches. Solo.
El palacio de Eldrith era enorme y silencioso. Demasiado.
Los criados lo miraban y bajaban la vista. Los guardias cambiaban de pasillo cuando lo veían venir.
"El omega dominante" susurraban. "El que hizo que el príncipe pasara la noche en su cuarto".
A mediodía le llegó la invitación.
Papel negro. Sello de cera roja. Una serpiente enroscada.
`Té. Jardín de Invierno. 4 PM.
- Lord Cassian Veyne`
Daniel no conocía a ningún Lord Cassian. Pero en este lugar, rechazar una invitación era insulto.
---
El Jardín de Invierno estaba helado. Flores blancas. Fuentes congeladas.
Y en el centro, sentado, un hombre.
Pelo negro. Traje azul oscuro. Sonrisa que no le llegaba a los ojos.
Ojos grises. Igual que los de Daniel. Pero fríos.
"El famoso omega que cayó del cielo" dijo. Se puso de pie. "Soy Cassian Veyne. Consejero del Rey. Y primo de Dangi."
Hizo una reverencia exagerada.
Daniel no se sentó. "¿Qué quieres?"
Cassian rio. "Directo. Me gusta. Toma asiento, Daniel. Hablemos de tu futuro."
Daniel se sentó. Por educación. Por nada más.
Cassian sirvió el té. Sus manos tenían anillos. Muchos.
"¿Sabes lo que eres, verdad? Un omega dominante. Uno en mil años. Tu aroma puede volver loco a un palacio entero. Tu sangre puede curar. Tu celo puede iniciar guerras."
Dejó la tetera.
"Y Dangi..." Cassian sonrió. "Pobre Dangi. Futuro Rey. Atado a ti por deber. No por elección."
A Daniel se le heló la sangre. "Él vino porque quiso."
"¿Quiso?" Cassian se inclinó. "Mi querido. Él vino porque si no lo hacía, 200 alfas del palacio te habrían reclamado anoche. Él solo te marcó el territorio. Nada más."
Mentira. Tenía que ser mentira.
"¿Y tú qué?" dijo Daniel. "¿Viniste a decirme que me vaya?"
"Yo vine a ofrecerte una salida." Cassian sacó un pergamino. "Firma esto. Renuncia a cualquier vínculo con la Corona. Te doy una casa lejos. Oro. Protección. Y te enseño a controlar el celo sin... involucrar a la familia real."
Deslizó el pergamino y una pluma.
Daniel miró la serpiente del sello.
"¿Y si digo que no?"
Cassian se recostó. "Entonces tendrás que aprender a jugar este juego. Y aquí, Daniel, los omegas son piezas. No jugadores."
El aire se puso denso.
La puerta del jardín se abrió de golpe.
Dangi.
Sin chaqueta. Pelo mojado. Ojos dorados fijos en Cassian.
"Primo." Su voz era hielo. "Qué sorpresa."
Cassian no se inmutó. "Dangi. Solo tomaba el té con nuestro invitado."
"El invitado es mío." Dangi caminó hasta Daniel. Se paró detrás de su silla. No lo tocó. Pero su presencia lo cubrió entero.
"Terminen." Ordenó.
Cassian suspiró. Guardó el pergamino. "Qué lástima. Pensé que serías más inteligente, niño."
Se levantó. Pasó al lado de Daniel. Y antes de irse susurró solo para él:
"Los reyes usan. Luego desechan. Recuérdalo."
Se fue.
El silencio pesó.
Daniel tenía las manos temblando. "¿Es verdad? ¿Solo fue por deber anoche?"
Dangi no respondió al tiro. Rodeó la silla y se agachó frente a él.
A la altura de sus ojos.
"Anoche" dijo lento "pude haberte dejado morir. O dejar que otros te tocaran. Elegí quedarme."
Tomó la mano de Daniel. Le quitó el té frío de los dedos.
"Y hoy" sus labios se curvaron apenas "vine porque olí su perfume en ti. Y no me gustó."
Celos. Puro y crudo.
Daniel soltó el aire que no sabía que estaba aguantando.
"¿Entonces qué soy para ti?" preguntó bajito.
Dangi le apretó la mano. "Un problema. El peor problema que he tenido."
Hizo una pausa.
"Y no pienso dejar que nadie más lo toque."
Se puso de pie y tiró de Daniel.
"Ven. Tenemos que entrenar. Si Cassian quiere jugar, vamos a jugar mejor que él."
Al salir, Daniel miró hacia atrás.
Cassian los observaba desde una torre. Y sonreía.
FIN CAP 4