LA ESQUINA Y LA BIBLIOTECA
El timbre sonó y mi corazón también.
Primero lo vi a él.
Mateo. Parado en la puerta de la biblioteca con dos libros en la mano.
"Te guardé un puesto" dijo, y me sonrió de esa forma suave que desarma.
"Estudio aquí todos los días a esta hora. Si quieres te ayudo con matemáticas."
Olía a lápiz y a paz.
Por un segundo pensé en decir que sí. En entrar, sentarme, y olvidar el mundo afuera.
Pero no pude.
Porque en la esquina, apoyado en un auto negro, estaba él.
Dante.
Brazos cruzados. Chaqueta negra. Mirándome como si ya supiera que iba a dudar.
"Luna." Su voz cortó todo el ruido del patio.
"No te dije que sola?"
Mi mochila pesó el doble.
Isaac me lo advirtió en la mañana: "No le hables a desconocidos".
La tía Marta me dijo: "Pórtate bien".
Tomas solo me hizo un chiste y se rió.
Nadie me advirtió de esto.
De tener que elegir entre la calma y la tormenta.
Mateo dio un paso al frente. "Ella puede decidir sola".
Dante no se movió. Solo ladeó la cabeza. "Ella ya decidió".
Y los dos me miraron.
A mí.
A la chica de 1.50 con cara de 14 que solo quería terminar el liceo.
Apreté las correas de la mochila.
Respiré.
"Voy a..." mi voz salió bajita.
Los dos contuvieron el aliento.
CONTINUA EN CAPITULO 3: LO QUE DECIDI