El dolor lo despertó.
Daniel se retorcía en las sábanas a las 2 de la mañana. El cuarto estaba oscuro y hacía frío, pero su cuerpo ardía.
No era fiebre normal. Era el celo.
Le empezó en la base de la nuca. Un calor que le bajó por la columna y se le instaló en el vientre. Cada respiración olía a él mismo. A pino mojado y a tormenta. Dulce. Intenso. Desesperado.
"Mierda." Susurró. Se mordió el labio hasta sangrar.
En Eldrith le habían dado ropa limpia. Una túnica gris simple. Pero ahora le quemaba la piel. Se la arrancó.
Su piel blanca brillaba. Literalmente. Pequeñas vetas plateadas le corrían por los brazos y el pecho. Así se veía un omega dominante en celo. Raro. Hermoso. Peligroso.
Y el aroma... Dios, el aroma.
Se expandió por el pasillo. Atravesó la puerta. Bajó las escaleras.
A 3 cuartos de distancia, DANGI se sentó en la cama de golpe.
Ojos dorados abiertos. Puños apretados.
`No.`
Pero su lobo interno ya estaba despierto. Rugiendo. `Él. Ahora.`
Dangi se puso pantalones negros y salió. Sin camisa.
Los guardias en el pasillo estaban pálidos. Sudando. Dos de ellos ya se habían ido a encerrar porque no podían controlar el instinto.
"Fuera." Ordenó Dangi. Voz grave. "Nadie se acerca a su cuarto."
Tocó la puerta una vez.
"Daniel."
Silencio. Solo jadeos.
La abrió.
Daniel estaba en el piso. Arrodillado. Temblando. El pelo negro con rojo suelto y pegado al sudor. Ojos grises nublados. Labios rojos de mordérselos.
Y desnudo.
Dangi cerró la puerta tras él. Con seguro.
"Levántate." Dijo. Intentó que su voz sonara firme.
"No puedo." La voz de Daniel era rota. "Duele. Todo duele."
Dangi se acercó. Cada paso le costaba. El aroma de Daniel lo golpeaba como un puño.
Se arrodilló frente a él. Sin tocarlo.
"Respira conmigo."
Daniel lo miró. "¿Por qué viniste? Debiste dejarme solo."
"Porque si no venía, mañana el palacio entero estaría muerto o marcado."
Fue honesto. Brutal.
Daniel soltó una risa amarga. "Entonces márcame. Y acaba con esto."
Dangi apretó la mandíbula. "No voy a marcarte cuando no estás en tus cinco sentidos."
"¿Y cuándo lo estaré? ¿Nunca?"
El silencio se llenó solo con la respiración de ambos.
Dangi se quitó. Lento. Para que Daniel lo viera. Para darle la opción de decir que no.
Daniel no dijo nada. Solo lo miró.
Dangi se sentó detrás de él en el piso. Espalda contra la pared. Y tiró de Daniel hasta dejarlo recostado en su pecho.
Piel con piel.
El calor de Dangi era ancla. Daniel dejó de temblar un poco.
"Voy a enseñarte a controlarlo." Susurró Dangi en su oído. "Respira. Inhala por 4. Aguanta 4. Suelta en 4."
Lo hizo. Una vez. Dos veces.
Con cada respiración, Dangi usaba su mano para presionarle el pecho. Arriba. Abajo. Marcando el ritmo.
El `Eco Vital` de Daniel se activó solo. Sintió el corazón de Dangi. Desbocado. Pero controlado.
"Siente esto." Dijo Dangi. Tomó la mano de Daniel y la puso sobre su propio corazón. "Esto es control. Apréndelo."
Daniel cerró los ojos. Y copió.
Aceleró su propio corazón. Lo frenó. Lo sincronizó con el de Dangi.
El dolor bajó un poco.
"Bien." Dangi pasó el brazo por su cintura para sostenerlo. "Sigue así."
Pasaron una hora así. Sin moverse. Solo respirando.
El celo no se fue. Pero se volvió manejable.
Daniel estaba exhausto. Apoyó la cabeza en el hombro de Dangi.
"Gracias." Murmuró.
"Duerme."
"No quiero dormir. Si duermo, empeora."
"Entonces quédate despierto." Dangi le apartó el pelo mojado de la nuca. Sus dedos rozaron la piel sensible ahí.
Daniel se estremeció.
"¿Te duele aquí?" Preguntó Dangi.
"Todo me duele."
Dangi masajeó la base de su nuca. Con cuidado. Con nudos.
Daniel gimió. Bajito.
Los dos se quedaron quietos.
"Lo siento." Susurró Daniel.
"¿Por qué?"
"Por hacerte esto. Por hacer que tengas que..."
"Shhh." Dangi le tapó la boca con la mano un segundo. "No es tu culpa. Es mi deber."
"¿Deber?" Daniel se giró en sus brazos. Quedaron frente a frente. Rodillas tocándose. "¿O quieres?"
La pregunta quedó flotando entre ellos.
Dangi no respondió. No podía. Si decía que sí, la cruzaría. Si decía que no, mentiría.
Así que hizo lo único que podía.
La besó la frente.
Un beso casto. Largo. Que quemó más que cualquier cosa.
"Duerme, Daniel."
Esta vez Daniel obedeció.
Se quedó dormido en los brazos de Dangi.
Dangi no durmió.
Se quedó toda la noche mirándolo. Contando sus respiraciones. Asegurándose de que el celo no subiera otra vez.
Cuando amaneció, Daniel despertó solo en la cama.
Limpio. Tapado. Con ropa nueva doblada al lado.
Y en la puerta, una bandeja con comida y una nota.
Letra fuerte. Negra.
`El celo pasará en 3 días. Vendré cada noche.
- D`
Daniel tomó la nota. La apretó en el puño.
Por primera vez desde que cayó en este mundo, no se sintió solo.
FIN CAP 3