El cuarto olía a él.
Daniel despertó en una cama que era demasiado grande y demasiado blanda. Sábanas de lino gris. Paredes de piedra blanca. Una ventana con barrotes finos por donde entraba luz gris.
No había cadenas. Pero había guardias afuera. Los escuchó respirar.
Llevaba 8 horas en el palacio. 8 horas sin dormir, sin comer, sin entender.
Su cuerpo dolía. No por los golpes. Por el celo leve. El calor no se iba. Le ardía la nuca. Y cada vez que un guardia pasaba por la puerta, su aroma se intensificaba sin permiso.
Tocaron la puerta.
"Príncipe Dangi."
Daniel se sentó de golpe. El corazón se le fue a la garganta.
La puerta se abrió.
DANGI.
Ropa negra. Camisa sin cuello. Brazos marcados. El pelo mojado como si acabara de entrenar. Y ese olor. Metal, cedro y algo salvaje que a Daniel le revolvía el estómago.
"Levántate." Ordenó. Voz grave, sin emoción. "Te voy a enseñar a controlar eso."
Señaló la nuca de Daniel.
Daniel se puso de pie lento. Descalzo. Con la misma ropa rota de escalador. Piel blanca contrastando con la tela sucia. Pelo negro con rojo recogido en un moño alto.
"¿Controlar qué?" Preguntó. Orgulloso. Aunque por dentro temblaba.
"Tu poder. Tu aroma. Tu celo." Dangi cerró la puerta. Los guardias se quedaron afuera. "Si no lo haces, el palacio entero va a olerte y vamos a tener un problema."
Caminaron en silencio por pasillos vacíos. Daniel contó las antorchas. 47.
Llegaron a un patio interior. Piso de piedra. Armas en las paredes. Y solo ellos dos.
"Quítate la camisa."
Daniel se quedó quieto. "¿Qué?"
"Para entrenar el Eco Vital necesitas contacto piel con piel. O no va a funcionar." Dangi ya se había quitado la suya.
Y Dios.
Espalda ancha. Músculos de guerrero. Cicatrices viejas. Piel bronceada.
Daniel apretó la mandíbula y se quitó la camisa. El frío le puso la piel de gallina. Abdominales marcados. Delgados pero fuertes. Manos con callos. Sin ninguna marca. Limpio.
Dangi lo miró una vez. Solo una. Y luego desvió los ojos.
"Bien. Siéntate."
Se sentaron frente a frente en el piso. Rodillas casi tocándose.
"Cierra los ojos." Dijo Dangi. "Siente."
"¿Sentir qué?"
"A mí."
Daniel obedeció. Y en cuanto lo hizo, el mundo explotó.
Con `Eco Vital` podía sentirlo todo. El latido de Dangi. Lento. Controlado. Demasiado controlado. La sangre corriendo bajo su piel. El calor que emanaba de su cuerpo. La tensión en sus hombros.
Y debajo de todo eso, algo más. Deseo. Contenido. Apretado con cadenas igual que Daniel.
"¿Lo sientes?" Preguntó Dangi.
"Sí." La voz de Daniel salió ronca.
"Toca."
Daniel abrió los ojos. Dangi le ofrecía la mano. Palma arriba.
Dudó un segundo y la tocó.
Fue como meter los dedos en un incendio.
El calor de Dangi lo quemó. Y su poder respondió. Sin querer, Daniel aceleró el latido de Dangi.
Dangi inhaló fuerte. Los ojos dorados se le pusieron negros un segundo.
"Para." Ordenó. Pero no soltó la mano.
"Yo no..."
"Concéntrate. Frena."
Daniel cerró los ojos otra vez. Respiró. Intentó bajar el ritmo. Bajó. Bajó. Hasta que el corazón de Dangi volvió a la normalidad.
Cuando soltó, ambos estaban sudando.
"Bien." Dijo Dangi. Se levantó. "Otra vez."
Pasaron 2 horas así. Tocar. Acelerar. Frenar.
Cada vez que sus manos se rozaban, el aroma de Daniel se hacía más dulce. Y el de Dangi más pesado.
En la tercera hora pasó.
Daniel estaba agotado. Se le escapó un gemido cuando Dangi le agarró la muñeca para corregirlo.
El contacto fue demasiado.
El celo leve de Daniel se disparó. Un aroma intenso a pino y tormenta llenó el patio.
Dangi se congeló.
"Daniel." Su voz era una advertencia.
"Yo no puedo..." Daniel jadeaba. El calor le subía por el cuello. "Detén esto."
Dangi se acercó más. Demasiado.
Podía ver la cicatriz en su mandíbula. Podía olerlo. Podía sentir el calor de su cuerpo pegado al suyo.
"Si te toco ahora te marco." Susurró Dangi. "Y una marca en un omega dominante duele a los dos. Para siempre."
Daniel lo miró. Ojos grises contra ojos dorados.
"Entonces no lo hagas."
Por un segundo pensó que Dangi lo besaría. Que lo tiraría al piso. Que lo reclamaría ahí mismo.
Pero Dangi apretó los dientes y dio un paso atrás.
"Se acabó por hoy."
"¿Eso es todo?" Daniel estaba temblando. De rabia y de otra cosa.
"Eso es todo." Dangi recogió su camisa. "Mañana a la misma hora. Y Daniel..."
Se detuvo en la puerta.
"Si vuelves a usar tu poder conmigo sin permiso, no respondo."
Se fue.
Daniel se quedó solo, con el corazón a mil y la piel ardiendo.
Esa noche no durmió.
A las 3 de la mañana escuchó pasos.
Se asomó por la puerta entreabierta.
Dangi estaba en el pasillo. De espaldas. Puños apretados. Respirando como si hubiera corrido 10 kilómetros.
No entró.
Solo se quedó ahí. Custodiando. Luchando contra sí mismo.
Daniel cerró la puerta y se abrazó las rodillas.
`No soy de nadie.`
Pero su cuerpo ya no estaba tan seguro.
FIN CAP 2