La niebla no era normal.
Daniel lo supo en cuanto el viento cambió. Llevaba 3 horas escalando la cara norte. Solo.
Abajo, a 200 metros, sus amigos betas montaban el campamento. "Un tramo más Dani" les había gritado. Quería romper su propio récord.
El cielo estaba limpio hace 5 minutos. Ahora era verde. Verde enfermizo, como si alguien hubiera derramado pintura en las nubes.
No hubo trueno. Hubo silencio. Un silencio que le apretó los pulmones.
Y luego el mundo se torció.
Sintió que lo arrancaban. No del risco. De la realidad.
Cayó.
El impacto no dolió. Lo que dolió fue el frío.
Despertó boca arriba sobre pasto húmedo. Olía a tierra mojada, a hojas podridas y a algo metálico que no reconoció. Sangre? Hierro?
Abrió los ojos.
No eran sus montañas.
Los árboles eran gigantes. Troncos negros, hojas moradas. El cielo era gris, pero no de tormenta. De niebla espesa que no dejaba ver el sol. El aire pesaba. Le costaba respirar.
"Ok. Alucinación por golpe." Se dijo. Se tocó la cabeza. Nada. Se tocó el cuerpo. El arnés seguía puesto. Las cuerdas también. Solo tenía tierra y rasguños nuevos en las palmas. Callos de años escalando.
Intentó levantarse y su cuerpo lo traicionó.
Calor.
Le nació en la base de la nuca y le bajó por la columna como agua hirviendo. El estómago se le contrajo. Y de su piel salió un aroma. Dulce. A pino mojado después de la lluvia, mezclado con electricidad antes de la tormenta.
`Mierda. Estrés.`
En su mundo no era omega. En su mundo eso no existía. Pero su cuerpo lo sabía. El portal lo había cambiado. O lo había despertado.
No tuvo tiempo de entenderlo.
Ramas quebrándose. Pasos pesados.
"¡Ahí! ¡Un omega! ¡Sin marca!"
5 soldados. Armadura negra mate. Lanzas largas. Cascos que les tapaban la cara menos los ojos. Ojos amarillos. Hambrientos.
Daniel se puso de pie lento. Manos en alto. El corazón le iba a 200. Y con cada latido su aroma se hacía más fuerte.
"¿Dónde estoy?" Su voz salió ronca.
El que parecía el líder se rió. Fue un sonido feo, sin humor. "En Eldrith, chico. Y por ley ancestral, todo omega sin reclamar le pertenece al rey."
"Yo no soy de aquí."
"No importa."
Antes de que pudiera reaccionar le pusieron grilletes en las muñecas. Hierro frío. Pesado. No le cortaron. Pero cuando los tocó sintió algo raro. Un zumbido. Como si le drenaran energía.
Y entonces usó su poder sin querer.
`Eco Vital.`
De repente pudo oírlo todo. Los 5 latidos de los soldados. Acelerados. El de él mismo. El de un pájaro a 50 metros. El miedo de los soldados. No miedo a él. Miedo a lo que él era.
Porque su aroma a omega dominante se estaba expandiendo. Ya no era solo dulce. Ahora tenía algo salvaje. Algo que hacía que a los alfas se les pusiera la piel de gallina.
"Muévanlo. Ya." Ordenó el líder. Y lo arrastraron.
Caminaron 2 horas. Daniel contó los pasos para no volverse loco. 14.382.
Durante el camino entendió 3 cosas:
1. Nadie en Eldrith usaba tecnología. Todo era piedra, hierro y antorchas.
2. Cada 10 minutos pasaba una patrulla. Todos olían a alfa. Todos se detenían a olerlo a él.
3. Su celo leve no se iba. El estrés del portal lo había activado.
Cuando llegaron al palacio casi vomita.
Piedra blanca. Torretas altísimas. Banderas negras con un lobo dorado. Y el olor. Dios, el olor. Cientos de alfas. Poder. Sangre vieja. Dominio.
Lo metieron por un pasillo largo. Sirvientes betas bajaban la mirada. Omegas con collares dorados lo miraban con envidia y terror.
"Arrodíllate."
El salón del trono era enorme. Techo de 10 metros. Antorchas que no daban calor. Y al fondo, en un trono de hueso y hierro, el rey.
Viejo. Enfermo. Piel pegada a los huesos. Pero sus ojos seguían siendo de alfa. Peligrosos.
A su derecha, de pie, estaba él.
DANGI.
1.90m. Hombros que parecían tallados en piedra. Piel bronceada. Pelo negro corto. Cicatriz en la mandíbula. Y ojos dorados.
Ojos que se clavaron en Daniel y no lo soltaron.
El aire del salón cambió. Se puso denso. El aroma de Dangi lo golpeó: metal, cedro, y algo animal, primitivo, que le hizo arder la nuca a Daniel.
Todos los alfas de la sala gruñeron al mismo tiempo. Un sonido bajo, de advertencia.
Daniel sintió como su propio cuerpo respondía. El calor subió. Las piernas le temblaron. No de miedo. De instinto.
El rey carraspeó. "¿Qué es esto?"
"Un omega dominante, majestad." Dijo el capitán. "Cayó del bosque. Sin marca. Sin collar. Su aroma se sintió a 5 kilómetros."
Silencio.
El rey lo escaneó de arriba a abajo. Vio la piel blanca de Daniel. El pelo negro con mechones rojos recogido en un moño alto. El cuerpo delgado pero marcado por escalar. Los abdominales se le marcaban bajo la ropa rota. Las manos llenas de callos. Sin una sola marca de rasguño en el cuerpo. Limpio.
"Un regalo de los dioses." Murmuró el rey. "Hace 100 años que no nace uno."
Dangi no había dicho nada. Solo miraba.
Daniel levantó la barbilla. "No soy un regalo. Ni soy de nadie."
El rey sonrió. Mostró dientes amarillos. "Todos son de alguien aquí, niño. Es la ley. Los omegas conservan el legado real. Procrean. Aseguran el futuro del reino."
"Entonces mátame."
Otro gruñido colectivo.
"Silencio." Rugió el rey. Y luego miró a Dangi. "Hijo. ¿Qué opinas?"
Dangi dio un paso al frente. Cada paso retumbó.
Se detuvo a 3 metros de Daniel. Lo suficientemente cerca para que Daniel sintiera su calor. Lo suficientemente lejos para no tocarlo.
Lo olió. Despacio. A propósito.
Daniel tuvo que morderse la lengua para no gemir.
"Se queda en el palacio." Dijo Dangi. Voz grave. Baja. "Hasta la ceremonia de unión. Yo me encargaré de entrenarlo. Para que controle su poder. Y su celo."
La palabra "celo" le cayó a Daniel como un balde de agua helada.
El rey asintió. "Así sea. Llévatelo, príncipe."
Dos guardias tomaron a Daniel de los brazos.
Antes de que lo sacaran, Dangi se inclinó. Solo un poco. Lo justo para hablarle al oído.
Su aliento le quemó la piel.
`Mío.`
No lo dijo. Lo pensó. Y Daniel lo escuchó. Porque su `Eco Vital` captó el pensamiento como si fuera un grito.
Lo sacaron del salón.
Daniel apretó los puños dentro de las cadenas hasta que los callos le dolieron.
`No soy de nadie.`
Pero por primera vez en su vida, su cuerpo no le creyó.
FIN CAP 1