El asesino de nombre "S". Solo se habla de eso en el instituto, en las calles y por desgracia también en casa.
Caracterizado por matar a sus víctimas de forma lenta y dolorosa, dejando en sus cuerpos su inicial: S.
Suspiro negando con la cabeza al ver el telediario de la noche. Están hablando de él otra vez; al parecer su última víctima vivía en este pueblo. Mi pueblo.
—Espero que lo detengan pronto. —mi madre se lamenta pasando por delante de la tele con una bandeja de galletas.
—Lo dudo mucho. Este tipo de casas no se cierran tan rápido, se tardan años.
Mi madre me fulmina con su mirada dejando la bandeja sobre la mesa del comedor.
» No es por ser pesimista —rectifico, mis manos sobre la mesa—. Solo digo la verdad.
—Me sorprende que estés tan tranquila, cuando ese asesino está viviendo en nuestro pueblo ahora.
Asiento con la cabeza dándole la razón a mamá aún cuando no comparto su temor.
A diferencia de los demás, a mí no me asusta que ese asesino esté aquí. No cometería el error de realizar el mismo crimen en un pueblo tan pequeño como este ¿no?
Sería un poco estúpido.
♠ ♠ ♠
La cena con mamá transcurrió lenta y animada, seguimos hablando del asesino de nombre S y de la chica a la que mató: Rita Stihl. No llegué a conocerla del todo, sólo sé que su padre es el carnicero del pueblo y que íbamos al mismo instituto.
Ya con mi pijama de la niña de la curva, asomo por la ventana de mi habitación. La vista del pueblo a estas horas de la noche es misteriosa y un poco aterradora gracias al asesinato que se propició aquí.
—Espero que te hayas marchado de aquí S. —susurro con la vista perdida en el pueblo.
Le doy la espalda a la ventana y antes de que quiera darme cuenta, una mano tibia encierra mi boca y otra me atrae hacia la persona que me agarra. Intento soltar algún sonido pero todo es en vano pues mis sonidos son ahogados por su mano.
—Será mejor que te quedes quieta. —dice el sujeto muy cerca de mi oreja, lo cual me causa un escalofrío que recorre mi cuerpo entero.
Pongo mis manos alrededor de su brazo en un intento de sacar su mano de mi boca. Él me suelta y voltea, pegando mi espalda a la pared; todo sucede tan rápido que no me da tiempo de hacer nada cuando él vuelve a poner su mano en mi boca. Con la otra mano saca un cuchillo aparentemente afilado.
Forcejeo pero me detengo cuando siento la punta de su cuchillo rozar ligeramente mi vientre por encima del pijama. Aparto la mirada de su mano en mi boca para dirigirla hacia el sujeto: ojos y cabello oscuros como un agujero, su piel blanca, casi pálida. Su mirada vacía acompañada a la perfección por una sonrisa cínica que dibujan sus labios.
No tengo dudas. Es él:
El asesino de nombre S.
—¿Vas a gritar? —interroga profundizando el roce de su cuchillo en mi estómago.
Mi respiración se torna acelerada, mis ojos se llenan de lágrimas. Puedo ver cómo disfruta verme así: Aterrada.
—Si pides clemencia te mataré rápido, no te dolerá.
Él quita su mano de mi boca y la posiciona en mi cintura.
Me tiemblan los labios, noto como la sangre de mi estómago recorre mi ombligo hasta llegar a mis bragas. No siento la herida.
—Suplica por tu vida —ordena trasladando el cuchillo de mi vientre a mis pechos.
—No te tengo miedo —miento con la voz quebrada.
Él me destroza con la mirada.
—¿Qué?
—No me asustas ¡Maldito psicópata!
—Shhh. Baja la voz —manda apretando mi vientre con la mano que tiene en mi cintura, ahogo un grito—. Mira enana, ya sabes cómo acaba esto. Te guste o no, terminarás en un ataúd con mi inicial grabada en tu jodida cara...—desplaza su cuchillo por mis clavículas— yo que tu colaboraría.
Trago seco manteniendo el contacto visual con esos ojos vacíos.
—Vete a la mierda —escupo cada palabra despacio.
Él cierra los ojos agrandando aún más esa sonrisa de asesino demente.
—En serio Cali, no quieres verme enfadado.
¿Cómo sabe mi nombre?
—¿Qué vas a hacer?¿matarme? Adelante.
—No me sirve que lo quieras.
—¿No te gusta que compartamos el mismo objetivo? Porque a mí si me gusta verte así.
Suelto eso sin pensarlo dos veces. Puede que sea un asesino en serio pero tengo que admitir que tiene su encanto y que está buenísimo.
Si voy a morir al menos tengo que joder a alguien. El obtiene satisfacción al matar a gente con miedo, aterrados y con pánico; su comportamiento es sádico y obviamente le voy a joder si no suplico por mi vida como lo hicieron los demás, como lo hizo Rita Stihl.
Él arquea una ceja, al mismo tiempo que disminuye aún más la poca distancia que hay entre los dos.
—Voy a matarte.
—No sabes cuánto lo estoy deseando —miento mordiéndome el labio inferior. En el fondo solo quiero que se vaya.
El asesino de nombre S desplaza el cuchillo otra vez a mi estómago y posiciona su otra mano en mi cuello despacio. Su contacto, a diferencia de cuando me asaltó, es cálido.
—No sé qué estás tramando pero no te va a funcionar.
—¿Por qué crees que estoy tramando algo?¿Tan raro te parece que quiera morir? Las personas depresivas tenemos pensamientos suicidas. —intento sonar decidida, deseo que él ignore el ligero temblor de mis labios.
Él se acerca a mi oreja. Su respiración choca contra mi mejilla y vuelvo a sentir ese escalofrío pero diferente. Cuando pronuncia estas palabras sus labios están en constante contacto con mi oreja:—Cali. No me obligues a violarte.
Una corriente de electricidad recorre todo mi cuerpo, desde mi oreja hasta las puntas de mis dedos. El calor se acumula en mi pecho ocasionando una erección por su parte.
Maldita sea.
Estoy excitada.
Trago seco, disimulo mi reacción anormal ante un asesino.
—No es una violación si las dos partes están de acuerdo. —afirmo ignorando el hecho de que él me apunta con un cuchillo.
Estiro los brazos para acunar su rostro entre mis manos, eso le obliga a mirarme. Su rostro está demasiado cerca del mío. La sonrisa cínica del asesino de nombre S ha desaparecido y por un segundo me parece ver una pizca de humanidad en sus ojos.
Las hormonas me traicionan: acerco mi rostro al suyo aún más y sin pensarlo dos veces, junto mis labios con los suyos. Noto cómo su agarre en mi cintura aumenta ligeramente. Él corresponde a mi beso profundizando el mismo.
Ladeo la cabeza para succionar mejor su saliva, que por cierto, está deliciosa. Él comienza la batalla que se realiza entre mi lengua y la suya. S aparta el cuchillo de mi vientre y coloca esa mano en la pared, pegando su cuerpo definitivamente al mío, permitiéndome sentir la montaña emergente en su pantalón, esa que ruega por salir.
Yo me separo por un segundo para tomar aire, nuestras respiraciones están agitadas, mi mente olvida que él es un asesino y yo su presa porque vuelvo a arrollar su boca nada más recuperar el aliento. La mano que antes estaba apoyada en mi cintura sube hasta mis senos, los toca, los estruja y yo no puedo estar más ansiosa por perder mi virginidad.
Bajo mis manos hasta sus pantalones, pero él me detiene.
—Yo no he venido para esto. —dice con la voz grave por los estímulos recibidos.
—Un poco tarde para eso ¿no crees?
Nuestras respiraciones son un desastre, y mi cuerpo se restriega contra el suyo por instinto.
—¿Haces esto con todos los que intentan matarte?
—No, pero puedo hacer una excepción contigo.
—Déjame adivinar: eres virgen. Demasiada delicadeza, no va conmigo.
Me acerco a su cuello y le doy besos cortos. Huele a desodorante masculino y a detergente.
—Pensé que no viniste aquí para esto pero te lo estás pensando.
Él se pone rígido.
—Voy a matarte Cali, sin importar lo que hagamos antes.
S me estampa aún más contra la pared, esta vez con fuerza. Con su mano libre, y vuelve a posicionar el cuchillo en mi estómago.
—Mira cómo me tienes —su mirada se vuelve vacía—, ahora tendré que matarte.
—Me deseas S...
—Diría que lo siento, pero no me gusta mentir a los muertos. —diciendo esto, El Asesino de Nombre S penetra su cuchillo en mi vientre lentamente.
Su mirada se torna aún más hueca y esa sonrisa cínica adorna sus labios de nuevo. Lo disfruta. Disfruta ver cómo ruedan lágrimas por mis mejillas por consecuencia de su cuchillo invadiendo mis intestinos.
Pero no voy a irme del mundo sin joder a nadie.
Rápidamente y sin darle tiempo de reaccionar, atropello mis labios con los suyos, el cuchillo profundiza su trayectoria en el acto pero no me detengo. Siento la sangre en mi boca y se la traspaso a él debido a que no ha impedido este intercambio de fluidos.
El beso de la muerte sabe a sangre.
—¡Cali!¡Te has olvidado tu cuaderno de cálculo en la cocina! —la voz de mi madre acercándose a mi habitación obliga a S a apartase de mí— ¡Ya no eres una niña pequeña! —S me observa mientras caigo al suelo— ¡California! —S se aleja de mí caminando hacia la ventana de espaldas a ella— ¡No te hagas la dormida! —S me mira con una sonrisa coqueta que yo no respondo, antes de salir por la ventana y desaparecer en la oscuridad de la noche— ¡California Miami Hemsley!
Mi madre abre la puerta de mi cuarto e irrumpe en ella de golpe.
—¡Te he dicho muchas veces que...! —su expresión cambia a una de terror al verme tirada en el suelo rodeada de sangre, antes de gritar y correr hacia mí—. Dios mío... ¿qué...?¿qué ha pasado?
—Mamá...—es lo último que digo antes de desmayarme por toda la sangre que estoy perdiendo.
Por culpa del asesino de nombre S.
~~~~~~~~~~~~~~~~~Nota de autoraaaaaa:
Sip, volví (para los pocos que leían mi novela).
Si te ha gustado, y quieres seguir leyendo, no dudes en entrar a mi cuenta y leer la novela ahí. La estoy subiendo otra vez 🖤✨
Y sí, le hice algunos arreglos a la novela ya que no pude recuperar mi anterior cuenta. He pensado que lo mejor era empezar de cero .
Hasta otra Michitxs📚✨