Hiel seca y veneno, fue lo que consiguió. Una amarga melodía de lo que alguna vez resonó. Resonó como violines, resonó como tambor. Ahora solo quedaban escombros, en la sucia habitación.
Las flores se marchitan —el tiempo advirtió. No podía dejarla sin agua, sin sol, aún así, justo así, lo hizo, y la mató. La asfixió lentamente, hasta que por fin, se secó. Ahora los pétalos eran amargos, ahora era amarga la dulce flor.
Le daría ahora a probar de su propio veneno, con sus propia manos, la dulce y delicada flor.
Alguna vez la tuvo, la tuvo y no la cuidó, ahora en las cuatro paredes solo resonaba el frío eco de su inocente amor.
Sin piedad y sin ternura, le quitaría lo que él le quitó. Le sacaría el alma, haría añicos su razón.
Renacida como villana, se elevaba como canción, repartiendo a la muchedumbre los pedazos de lo que alguna vez fue su corazón.
Scarlett amó a ese hombre, amó al hombre que la destruyó.