Él era una sombra más en el salón.
Ella miraba al piso y a su cuaderno y ni siquiera lo notó.
Ambos cargaban horas perdidas, un perfil bajo, ansiedad y observación.
Yo era aburrida.
Él poco seductor.
Chistes malos, pero un aire encantador.
No había un romance impuro, solo éramos él y yo.
Él y yo, sin tema de conversación.
Él y yo, sentados en el balcón.
Para arriba, para abajo, sin aburrirnos, él y yo.
Él, y sus poemas.
Ella, y sus excusas y problemas.
Ambos, con oro en el corazón.
Nublada la razón, juntos los labios.
Eran él y ella, éramos él y yo.