La tormenta afuera justificaba el encierro, pero el calor dentro del apartamento no tenía nada que ver con el clima.
Elean sostenía la copa de vino, observando cómo Nelly se recogía el cabello húmedo en un moño improvisado. Llevaban años siendo los "amigos inseparables", los que se contaban todo, los que se protegían de los malos amores. Sin embargo, esa noche el aire pesaba de otra manera.
—Te toca —dijo ella, sentándose en la alfombra, demasiado cerca de sus piernas. Sus ojos brillaban con un reto silencioso—. Verdad o reto, Elean. Ya no valen las respuestas seguras.
Elean dejó la copa en la mesa, despacio, sin quitarle la mirada de encima. Se inclinó hacia delante hasta que el aroma a lluvia y piel de Nelly lo inundó por completo. Pudo notar cómo la respiración de ella se cortaba, sutilmente.
—Reto —respondió él, con una voz más baja y profunda de lo habitual.
Nelly sonrió, pero sus dedos, que jugaban con el borde de su propia copa, temblaron ligeramente. Se acercó un centímetro más, desafiante, rompiendo esa línea invisible que habían tardado años en construir. Su mirada bajó por un segundo a los labios de Elean antes de volver a sus ojos.
—Te reto a que me digas, sin usar las manos, exactamente qué vas a hacer cuando se apague la última vela.
El último hilo de cera cayó, y la sala quedó sumergida en una penumbra cómplice. Ninguno de los dos se movió para encender la luz.