Nos reencontramos el día de mi cumpleaños, después de tanto tiempo, como si la vida hubiera decidido darnos otra oportunidad sin avisar. Luego llegó aquella tarde del primer beso, el instante silencioso donde empezó todo lo que hoy somos. Desde entonces han pasado meses y todavía me sorprende pensar que esto es real, que elegir quedarme contigo fue una decisión de la que jamás me arrepentiré.
Aprendí a amarte en lo simple: en tu emoción al contar algo que te gusta, en nuestras conversaciones sin sentido que terminan siendo importantes, en la tranquilidad de poder ser yo misma a tu lado. Te amo en tus risas, en tus momentos frágiles, en todo aquello que me permitiste conocer de ti, incluso lo que pocos llegan a ver.
Compartir esta etapa juntos ha sido aprender, equivocarnos y volver a intentarlo sabiendo que siempre habrá un abrazo esperándonos. Tal vez no siempre encuentres las palabras, pero sé que me amas, y eso basta.
Aún recuerdo la primera carta que te di, llena de nervios y esperanza. Desde entonces, cada vez que escucho esa canción, vuelvo a ese momento y entiendo cómo mi amor creció sin prisa, como una melodía que sigue sonando incluso cuando todo queda en silencio. Porque, al final, amarte se volvió mi recuerdo favorito y también mi presente.