En la estación de buses, donde nadie se queda, ellos se encontraron.
Ella llevaba prisa. Él, una despedida.
Sus miradas chocaron apenas un segundo, pero fue suficiente para que el mundo hiciera una pausa incómoda… como si algo importante estuviera a punto de ocurrir.
—Perdón —dijo ella, recogiendo un libro que había caído al suelo.
—Ojalá todo en la vida se arreglara así de fácil —respondió él, sonriendo.
No intercambiaron números. No prometieron volver a verse.
Solo compartieron un café rápido, palabras torpes y silencios que decían demasiado.
Cuando anunciaron el último bus, ella subió sin mirar atrás.
Él tampoco la detuvo.
Pero esa noche, en ciudades distintas, ambos hicieron lo mismo:
buscaron en internet “cómo olvidar a alguien que apenas conoces”.
Y sin saberlo, empezaron la misma historia.