Alcahe aún recuerda aquellos rizos de color miel y olor a chocolate. La suavidad con la que el viento los mecia y murmuraba en sus oidos el anhelo que en secreto crecia en su pecho acorazado.
Amaba el color de la miel en su taza de té, por las mañanas de abril, cuando acompañaba a su abuela y podía mirar el jardín, en su naturaleza veía el verde oscuro de los árboles, tan llenos de vida como los ojos del chico de la habitación doce.
Esos ojos que le enseñaban a amar la frescura del mundo en las plantas y en las hojas.
Hazvet Street, calle Hazvet, a dos cuadras de la vieja tienda de doña Mari, dónde pasaba a hacer tarea con sus amigos y si tenía suerte, veía al chico de piel clara y cejas pardas, frunciendo su nariz al leer en la computadora,si, no lo negaba, divagaba en la suavidad de sus labios fruncidos y suaves, mientras sus amigos le preguntaban sobre la exposición de la siguiente semana. Pero el solo pensaba en los labios rosas que lo hipnotizaban.
"¿Que se sentirá besarlo?" Pensaba, distraído y entusiasmado en el fondo de su corazón.
Por las tardes se reía de su ingenuidad, murmurando incoherencias que le expresaba su corazón adolorido por el sentimiento que todo el tiempo lo mantenía a la deriva. ¿Que es este sentimiento? Pensaba.
¿Será que estoy enfermo?
Y se perdía, pensando en la vida.
Hasta que una tarde de mayo, comprendió sus sentimientos al verlo pasar de la mano con otra chica, se reían, y jugaban con suavidad. "¿Quien es ella?" Dudo, sus dedos moviéndose con nerviosismo y su mente pensando en una y mil explicaciones.
"¿Tiene novia?" Sus cejas negras fruncidas como su corazón.
Todo el día pensó en los ojos ajenos, llenos de pasión, y sintió envidia al ver a la chica reir en su compañía.
Un martes de mayo, en la tarde de verano, sus manos por accidente chocaron al jugar basket juntos, sus ojos se cruzaron, y el oído jurar, que el le sonrió tímido, un pequeño pliegue en sus labios que llamo a su imaginación por más.
La semana siguiente, cuando una chica del salón vecino se acercó a el, sus ojos cafés viajaron a sus amigos que reían felices animando el ambiente. Enfrente de el, joven de cabello castaño y ojos grandes como una manzana verde, lo miraron con vergüenza, sus pies moviéndose nerviosos como sus ojos.
El metió su mano a su bolsillo, inclinando su peso a su pierna derecha, "¿Es una confesión?" Pensó, dudoso y divertido. La joven tomo su manga y le murmuró el añoro en su corazón.
El le sonrió y acaricio su cabello, ella lo miró con esperanza, pero con su negación ella sonrió apenada. "lo siento" dijo suave como el algodón.
El le sonrió con tristeza "Amo a alguien más, no puedo corresponderte". Ella asintió, y se fue.
El camino hasta su clase, pensativo.
¿Que es el amor cuando no es correspondido?
La tarde paso, hasta el miércoles, dónde a las afueras de las clase de basket, después de las 2 de la tarde, el chico de risos de oro lo espero atrás.
El se despidió de sus amigos, sonriendo y riendo, hasta que vio al chico.
Camino, suave y decidido, y lo que pensó una plática más de amigos, al llegar frente a el, y al ver su cara serena pero con sus ojos tan abatidos.
Dijo: "¿Que sucede?".
El mordió su labio, miro el suelo y le contesto: "¿Quien fue la mujer que te fue a ver?"
El pensó, nego, y rio: "Una compañera de otro salón" golpeó juguetón su hombro: "¿Acaso te gusta?".
Pero el chico de sus sueños solo gruño, tomo su camisa por el cuello en sus dedos y lo acorraló entre sus labios.
Sus labios suaves sobre los suyos, y comprendió, que no tendría respuesta a la pregunta de esa tarde de verano.
Porque su amor si era correspondido.
Fin.
#Bl