Dicen que la televisión solo es ruido de fondo. Una luz parpadeante que nos acompaña cuando el silencio se vuelve incómodo.
Eso creía yo… hasta aquella madrugada.
Era cerca de las 3:17 a.m.
Me quedé dormido en el sillón, con la televisión encendida. No recuerdo en qué canal estaba, solo que el volumen era bajo, casi como un susurro. Soñaba cosas extrañas, imágenes inconexas, voces que no lograba entender.
Entonces ocurrió.
La televisión dejó de transmitir.
La pantalla quedó en negro… pero no se apagó.
Seguía emitiendo una luz tenue, antinatural, como si algo estuviera observando desde el otro lado.
Entre sueños escuché una voz.
—No te duermas… mírame.
Abrí los ojos apenas. La habitación estaba oscura, iluminada solo por el resplandor azulado de la pantalla.
En la TV ya no había anuncios ni programas. Solo un rostro humano, pálido, sin expresión, con los ojos demasiado abiertos, mirándome fijamente.
No parpadeaba, intenté moverme, No pude mi cuerpo estaba rígido, pesado, como si algo me presionara contra el sillón.
La voz volvió a hablar, esta vez más cerca… demasiado cerca.
—Cuando duermes, nos dejas entrar.
El rostro en la pantalla sonrió.
Sus labios se estiraron más de lo que deberían, mostrando una hilera de dientes oscuros, irregulares. La imagen comenzó a distorsionarse y la figura empezó a salir del marco, como si la televisión ya no fuera una barrera, sino una puerta.
Sentí un zumbido en la cabeza.
Recuerdos que no eran míos. Personas desconocidas.
Habitaciones iguales a la mía, todas con una televisión encendida.
Todas con alguien dormido frente a ella.
Comprendí la verdad demasiado tarde.
No era la primera vez que ese “programa” se transmitía.
Solo aparecía cuando alguien se dormía mirando la TV. Solo necesitaba que bajaras la guardia.
Logré cerrar los ojos con todas mis fuerzas.
Cuando desperté, la televisión estaba apagada.
El sillón vacío frente a ella… y en la pantalla, marcada desde adentro, una huella de mano.
Desde ese día, jamás vuelvo a dormir con la televisión encendida.
Porque a veces…
no es la TV la que te mira.
Eres tú el que está siendo visto.
Esta noche, cuando apagues la TV… fíjate bien en la pantalla negra. A veces, el reflejo parpadea aunque tú no lo hagas.