Me llamo Zack y tengo 15 años, vivo con mis padres y mis dos tías en Atlanta. Cuándo crezca quiero ser escritor al igual que mi padre, a quién por cierto extraño mucho. De hecho la única forma de sentirlo cerca es escribiendo historias de las que sé que le gustan. Hace cinco años dejé de tener sus abrazos y los de mi madre, pero no importa siempre y cuando pueda lograr verlos.
_¡Zack cielo, a comer! -esa es la voz de mamá-
_¡Voy mamá! -no le gusta que la hagan esperar-
_Aún no me acostumbro Zack -mi tia estaba justo en la puerta- esto aún eriza mi piel.
_Descuida, te acostumbras con el tiempo tía Emma. Por favor no hagamos esperar a mamá.
Una ves en la cocina las sombras se pasean por el lugar, la voz de madre retumba en las paredes...
_¡Zack a comer! ¡Zack es hora de irnos! _¿Cuándo terminará todo esto? -tia Emma se sujeta la cabeza con ambas manos- ¡Estoy harta de esta maldita cosa!
_Todo está a punto de terminar Emma madre susurra-
_Dejame irme, juro que devolveré hasta el último centavo Anna. -mi tia parecía arrepentida, pero su arrepentimiento no traería a mamá de nuevo a la vida-
_No puedes irte Emma, está es tu condena y también tu hogar. Viviremos los cinco juntos para siempre -la sonrisa de madre ya no era la de antes-.
_Se está llenando de gusanos, al menos déjame sepultarla afuera Anna. -mi otra tía murió de un infarto que padre le provocó, ocurrió hace 10 días-.
_Ella dejó morir a mi esposo, yo la dejaré pudrirse. Y tú no podrás hacer nada.
La oscuridad en la cocina parece crecer. Y en el silencio, el viento se hace oir en el crujir de las escaleras, es como si alguien o algo estuviera subiendo. La puerta del sótano se abre lentamente. Y la voz de madre vuelve a llamar.
_Zack... ven a comer... -Pero esta vez, no es solo la voz de mamá-
La voz de papá y la de mi tía muerta. Y la de alguien más se hacen oír... alguien que no debería estar aquí. La puerta se abre del todo. Y veo una figura en la escalera. Está cubierta de tierra y hojas secas. Tiene los ojos vacíos y la piel pálida. Y me sonríe... con la boca llena de gusanos.
_Zack... te he estado esperando -murmura y dice con una voz que no es de este mundo-.
_Ven a comer con nosotros, para siempre. Es entonces cuándo todo se vuelve negro.
Abro los ojos. Estoy en una habitación blanca. Estoy atado a una cama. Hay una ventana con rejas. Un hombre con bata blanca me mira algo desconcertado.
_¿Zack? ¿Puedes oírme? -dice- Has tenido otro episodio. -Miro alrededor. No hay sombras. No hay voces, solo silencio-
_¿Dónde... dónde estoy? -pregunto-
_En una institución de salud mental y estás a salvo, Zack -dice el hombre con bata- No hay nada que temer.
Pero yo sé que no es cierto. Porque en la esquina de la habitación,veo una sombra. Y está me sonríe. Y se ríe de forma maniática tal cuál mi padre lo hacía.