Hay tatuajes que no se eligen y palabras que matan por dentro. Esta es la historia de una despedida sin ruido, de un espejo valiente y de una piel nueva que ya no sabe a miedo, sino a mañana."
Él decía que sus manos eran de seda, pero ella aprendió a contar los días en tonos de azul y morado. Le juró un amor eterno mientras le robaba las palabras, encerrándola en un silencio donde solo se escuchaba el eco de sus gritos y el peso de sus culpas inventadas. Con sus manos fuertes, él llenaba aquel cuerpo delicado de tatuajes temporales y dolores duraderos; mientras tanto, sus palabras destruían cada una de sus emociones. Ella solo agachaba la cabeza y lloraba, esperando el ffin
Una mañana, el espejo no le devolvió el reflejo de una víctima, sino el de una extraña con fuego en la mirada. No hubo una última discusión, ni una despedida con ruido. Simplemente, recogió su dignidad del suelo, se puso los zapatos de caminar lejos y cerró la puerta. Por primera vez en años, el aire que entró en sus pulmones no sabía a miedo, sino a mañana.