Eran aproximadamente las 11:30 de la noche, mi turno había comenzado hace menos de una hora pero ya me estaba moviendo de mesa en mesa, tomando pedidos, atendiendo clientes y llevando los pedidos a la cocina, en este trabajo debías saber moverte rápido, aunque tambiénera cosa de tiempo. Las luces tenues iluminaban el bar, los sonidos de los cubiertos chocando al compás de las voces mezcladas de los clientes daban ese ambiente rápido y relajado al mismo tiempo.
Pasados unos 30 minutos la noche seguía con normalidad. Estaba tomando nota del pedido de una pareja de la mesa 2 hasta que me percaté de que un hombre con un aspecto llamativo cruzó la puerta. Me tomé el tiempo de verlo de pies a cabeza, algo que haago frecuentemente. Era alto, cabello café oscuro, ojos negros, llevaba ropa elegante. Se veía como un hombre de negocios. Su mirada recorrió todo el bar con una lentitud que me llamó la atención, pero acabó por sentarse tranquilamente en una mesa a un lado de la ventana, no llevaba móvil, ni portátil. Simplemente se sentó pacientemente a esperar que alguien lo atendiera. Decidí no prestarle mucha atención, ya llegaría alguien para atenderlo. Además, tenía muchas mesas con pedidos.
10 minutos.
15 minutos.
20 minutos.
Pasaron casi 30 minutos desde que el hombre entró, pero incluso moviéndome de mesa en mesa caí en cuenta de que aquel hombre rechazaba la atención de mis compañeros de trabajo, ya había visto a 3 de ellos ofrecerle algo, pero él se negaba. No los humillaba ni los gritoneaba, sólo los miraba fijo e intercambiaba palabras con ellos hasta que mis compañeros se retiraban.
¿Qué quería exactamente? No tenía buenas experiencias con clientes así. No me daban buena espina.
Miré de reojo una última vez al hombre con un atisbo de desconfianza mientras hablaba con la señorita que atendía. Su porte y su postura me daban una sensación de advertencia. Pero no irrumpí. No hasta que mientras caminaba rápidamente hacia la cocina con mi libreta en mano casi por sacar la pequeña hoja en la que estaba el pedido, Uno de mis compañeros de trabajo me frenó. Victor.
Victor: ¡Winter! ¿Tienes un minuto? (Con una botella de whisky en la mano, algo exasperado.)
Winter: (Deteniendose frente a él.) De los 5 minutos que tengo de aquí a la cocina estoy ocupando 4, así que sí, Victor. Dime. (Bromeando.)
Victor: (Suelta una risa leve nasal.) Que graciosa eres. No sé si te has dado cuenta pero, uhm, hay un cliente en específico que lleva aquí cerca de 20 o 30 minutos y no acepta la atención de nuestro personal. Se le han acercado ya 4 de nuestros compañeros, pero no parece querer la atención de nadie.
Winter: (Alza una ceja, soltando levemente la hoja de su libreta y mirando de reojo la mesa donde estaba el hombre.) ¿Te refieres al hombre de la mesa 7?
Victor: Ese mismo. Carolina se negó a atenderlo, dice que le da mala espina. ¿Podrías ocuparte tú? Porque no parece estar esperando a nadie tampoco. Digo, tampoco tiene pinta de que está aquí para tener una reunión de trabajo.
Winter: (Suspira, devolviendo la mirada a Victor.) Carolina lleva negando la atención a las mesas hace mucho. Deberían poner una queja, les da trabajo de más...
Victor: (Encogiéndose de hombros.) Ya lo hemos hecho, el gerente ya ha hablado con ella pero no la veo muy preocupada. Cosa de ella, supongo. Bueno, ¿Lo tomas o no? No podemos tener esa mesa ocupada por tanto tiempo.
Winter: (Bajando la mirada a su libreta, resignada.) Claro, yo me encargo. Lleva este pedido a la cocina. La mesa 2 está impaciente. (Sonriendo de lado, arrancando la pequeña hoja y entregándosela en las manos a Victor.)
Victor: (Recibiendo la hoja.) Si señora. Suerte.
Me apresuré a mirar al hombre misterioso y caminar hacia él con una de mis mejores sonrisas. No me daba buena espina, pero bueno, tampoco era que podía sacarlo de aquí llamándolo raro. Primero me sacan a mí. Tomé mi libreta y me acerqué a él. Mis ojos escanearon su mesa rápidamente, su mirada estaba en el ventanal. No había nada sobre ella, sólo sus manos entrelazadas y adornadas en las muñecas con aquel reloj llamativo.
Winter: (Con libreta en mano y una sonrisa cortés, profesional) Buenas noches, caballero. Bienvenido a nuestro bar. ¿En qué puedo servirle? Nos hemos percatado de su presencia hace unos minutos, pero nuestro personal parece no recibir pedidos por su parte. ¿Está todo bien?
El hombre no respondió de inmediato. Mantenía la mirada fija en el ventanal, como si observara algo más allá de la calle. El silencio fue breve, pero incómodamente calculado.
???: (Con un tono sereno, casi meditativo) Curioso, ¿no le parece? Lo fácil que es para algunos encontrar paz en medio del ruido… (Lleva lentamente una mano al reloj y lo acomoda, sin apuro.) Claro que todo está bien, señorita. Solo estaba… esperando el momento adecuado para pedir lo que vine a buscar.
Winter: (Su sonrisa no se desvanece, pero dentro de sí, algo se contrae. Su instinto le dice que algo no encaja.) Si se trata de algo del menú, estaré encantada de tomar su orden. ¿Desea ser atendido por alguien en particular?
???: (Gira lentamente la cabeza hacia ella. Finalmente la mira. Sus ojos oscuros se clavan en los carmesís de ella.) No, gracias. Ya estoy siendo atendido por la persona correcta.
Silencio.
Winter: (Tensa los hombros sutilmente. Mantiene la compostura, pero ahora su mirada también se endurece.) ¿Nos conocemos?
???: (Esboza una sonrisa ladeada, ambigua) Conozco lo suficiente. Aunque veo que tú aún no sabes quién soy. (Se recuesta con comodidad, cruzando las piernas con lentitud.) Digamos que… este es un encuentro informal entre suegro y nuera. ¿Nunca te habló de mí, Enzo?
Un latido. Dos.
Winter: (Frunce el ceño levemente, bajando lentamente la libreta. Su voz baja un tono.) ¿Enzo…? ¿Qué se supone que estás insinuando?
???: (Se inclina ligeramente hacia adelante) Que tiene buen gusto. Eso estoy insinuando.
Winter: (Su mirada se afila, se endurece. Pero no responde, no de inmediato.)
???: (Nota la incomodidad en Winter, suelta una ligera risa nasal) Ah, pero tranquila. No hablo sólo de lo obvio. Pero soy un hombre que se fija en los detalles, sería un crimen estar aquí por más de 5 minutos y no reconocer el porte que cargas caminando de mesa en mesa. No todos caminan con esa elegancia y determinación, ¿Sabes?
Winter: (Finalmente responde, no tolera los halagos de desconocidos, y aunque generalmente respondería cortésmente, este hombre acabó con su cortesía en un dos por tres.) Si vino aquí sólo a lanzar halagos, le sugiero que no pierda el tiempo ni me haga perder el mío. No tengo tolerancia con juegos verbales o acertijos con desconocidos.
???: (Levanta las manos en señal de paz, sin quitar la sonrisa de su rostro) Bueno, mis disculpas en ese caso, Winter. Tienes carácter, me gusta. No esperaba menos de tí.
Winter: (Frunce el ceño, dejando una mano en su cadera con la libreta en ella. No iba a preguntar cómo sabía su nombre. Era lo de menos.) ¿Perdón?
???: (Finge pensar en su respuesta, mirándola de arriba a abajo.) Eres el tipo de mujer por la que mi hijo haría estupideces. O milagros. Depende de cómo se vea. Si sabes a lo que me refiero...
Winter: (La información a penas pasa por su cabeza. Se congela un momento, pero su porte flaquea de más.) ¿Tu hijo? ¿Cómo sabes de mí?
???: (Asiente lentamente, como si esperara esa respuesta.) Mi hijo olvida que hay ojos por todas partes, no necesito tener los míos sobre él para saber qué está ocurriendo con él. Es mi sangre, debo estar pendiente, ¿No crees, Winter?
Winter: (Sus ojos se entrecierran, su ceño está fruncido. Abre los labios ligeramente, pero la respuesta tarda en salir.) ¿Quién eres?...
???: (Sonríe con calma. Vuelve a apoyarse en el respaldo de la silla como inicialmente estaba.) Erick Kitamura. Pero supongo que tú podrías llamarme...Suegro. Aunque sería un poco anticuado, ¿No? Ya nadie usa esos títulos cara a cara.
Winter se queda en blanco, no responde de inmediato. Erick toma la delantera, su mirada se fija en la de ella.
Erick: (Baja la voz, íntimo.) Vine por que hay algo que me pertenece. Algo...Alguien que lleva sangre mía.
Winter: (Parpadea un par de veces, el corazón se le acelera un poco.) No sé de qué me estás hablando.
Erick: No te daré más charla, el niño, mi nieto. No te preocupes, no vengo a pelear. Sólo quiero asegurarme de hablar cara a cara con su madre. De que esté bien.
Winter: (Incrédula, abre los ojos ligeramente. Con voz grave.) "¿...Mi hijo?"
Erick: (Asiente, como si compartieran un secreto.) El Hijo de Enzo, ¿No? Lo ví. Bueno, mis ojos no lo vieron, mis contactos sí. Enzo saliendo de la sala con el doctor y el bebé en la incubadora... Todo claro como el agua misma. Me duele incluso que mi propio hijo me haya negado la noticia.
Winter se queda en completo silencio, inmóvil. De inmediato su mente comienza a trabajar, uniendo todos los puntos. El bebé no era de ella, era de Mary. Y Enzo no era el padre. No sabía qué secreto tan grande Enzo le había escondido a ella y a las demás, pero aunque la realidad era que ese bebé no era de ellos, Winter no iba a darle más información que no debía. Algo le dijo que era mejor no hacerlo.
Winter: (Su estómago se revuelve. Por un momento quiere gritarle la verdad, pero no puede. No debe.)
Erick: (Nota su silencio, alzando una ceja. No pretende burlarse, sabe que su apellido lleva una carga inmensa.) Ese niño lleva un gran legado por la espalda, lleva mi sangre, la sangre de su padre y antepasados. No es la más santa ni la más digna, pero quiero que sepas que en cualquier momento, mi nieto seguirá un legado que Enzo probablemente ha tratado de ocultar con su vida perfecta.
Winter: (Finalmente se recompone, mirándolo fijamente.) Ya basta.
Erick: (Sus ojos se entrecierran.) ¿Hm?
Winter: No quiero oír más. (Su mente corre a mil por hora. Lentamente se apoya sobre la mesa, inclinándose a él pocos centímetros.) No sé qué es lo que tus "contactos" hayan visto, pero aún así lo supiera no me voy a abstener de proteger lo que es mío.
(Su voz baja.) Y tampoco sé qué vida es la que hay más allá de tu hijo, pero quiero que tengas en claro una cosa.
Erick se queda en silencio. Sin retroceder pero sin interrumpir.
Winter: (Su mirada se endurece.) Yo no soy Enzo, no llevo tu sangre ni tu legado. Yo no te tengo miedo. No necesito saber más para advertirte que si te atreves a tocarle un pelo a ese niño o a mi familia, vas a ver que no te vas a meter con ellos, si no conmigo. No pises tierra que no te pertenece, porque nadie de los míos ha pisado la tuya. Y si Enzo te ha negado algo es porque se ha alejado de tí, y no quiere volver a pisar tu tierra.
Erick no responde de inmediato. En sus 49 años de vida, nadie le había hablado de esa forma y salido con vida. Pero la determinación de Winter, lejos de ofenderlo, lo desafía. Su silencio se prolonga, lo que le dió ventaja a Winter, quien se alejó de él y no le quitó la mirada.
Winter: (Firme.) Te voy a pedir que te retires. Tengo clientes que ocupan mesas disponibles, y ya perdí demasiado tiempo contigo.
Erick: (Sonríe, una sonrisa pequeña, pero peligrosamente calmada.) No me cabe duda del porqué Enzo te eligió... Ha sido una agradable conversación, espero volver a tener el gusto de hablar con usted, Señorita Winter. Sólo le reitero...
Piense bien con quién se está metiendo.
(Silencio. Winter no sabe si se refiere a él mismo o a Enzo, no le importa. Quiere que se vaya.)
Winter: (Alza una ceja.) ¿Me amenazas?
Erick: (Se encoge de hombros tranquilo.) Tómalo como quieras. (Se levanta de su silla con calma. Acomodándose su garbandina negra y su corbata.) Buenas noches, señorita Winter.
Winter no respondió. Lo miró y luego le lanzó una rápida mirada a la puerta. Erick sonrió y se dirigió hacia ella. Afortunadamente, nadie más se había percatado del conflicto entre ambos, solo unas cuantas miradas por la apariencia adinerada del hombre al entrar y salir. Pero cuando finalmente cruzó la puerta, Winter suspiró pesadamente. La mente cruzaba ideas, el corazón le latía rápido. Lo primero que pensaba era en Mary y su recién nacido, en Enzo y en todo lo que había ocultado...
Enzo le debia explicaciones. Muy buenas explicaciones. Porque Winter acaba de caer en cuenta del riesgo que estaban corriendo.
Winter: (Para sí misma. Mirando hacia la puerta y apretando la libreta en sus manos, inmóvil.) Maldición...