Érase una vez...
El mejor encuentro que podría haber en un frío invierno, en una noche iluminada por el resplandor de la luna y las estrellas.
Cuando la vi, una chica de cabellos largos y negros como la noche, con ondas suaves que se mecían con la brisa, sentí que el tiempo se detenía. Se volteó y me miró con sus bellos ojos verde grisáceos, y al instante, una sonrisa se dibujó en sus labios rojos como el rubí. Mi corazón comenzó a latir con fuerza, como si el universo entero conspirara para aquel momento. Bajo la luz de las estrellas, ese frío invierno se tornó cálido, envolviéndonos en una atmósfera de pasión, como una primavera inesperada.
Ella se acercó con timidez y me invitó a bailar. Sus manos pequeñas, enrojecidas por el frío, temblaban levemente. Mi corazón se aceleró, y con una sonrisa radiante, acepté su invitación.
Bailamos un vals. La música flotaba en el aire, acompañando cada uno de nuestros pasos. Girábamos en armonía, mientras el mundo parecía desvanecerse a nuestro alrededor.
Entonces, ella acercó su rostro al mío. Sus ojos verdes resplandecían con una intensidad que me dejó sin aliento. Sin dudarlo, se inclinó un poco más y posó sus labios sobre los míos en un beso dulce y cálido. El tiempo perdió significado, y solo existíamos ella y yo en aquel instante eterno.
Poco a poco, se fue alejando de mis brazos. Sus ojos brillaban con una mezcla de emoción y nostalgia. Antes de desaparecer en la penumbra de la noche,susurró con dulzura:
"Te amo".