Hace unos años vi a un chica insegura de si misma fingir ser feliz, fingir ser fuerte y seguir adelante, ella se enamoró de un chico.
Todo empezó cuando ella comenzó a admirar la sonrisa de un chico, él no era precisamente el hombre más guapo, pero su sonrisa la enamoró, porque ella solo sonreía con falsa emoción, hasta que lo conoció.
Solía mirar su sonrisa demasiado, ambos cruzaban miradas y la apartaban, eran jóvenes experimentando los inicios del amor.
Comenzaron a conversar poco después gracias a un amigo de él que iba al mismo salón que ella, la misma tarde que se hablaron por primera vez una hermosa conexión se sintió entre ellos, algo invisible, pero palpable, sus charlas eran fluidas y raramente cómodas, y aunque no estuvieran mucho tiempo juntos, podían verse en los pasillos del colegio.
No solían hablarse mucho, aunque sus encuentros eran intensos y llenos de sonrisas, sonrisas de felicidad.
Ella sonreía cada vez que lo veía, y él adoraba que ella sonriera, aunque no supiera porque ella lo hacía, él amaba esa sonrisa, pero él no sabia que ella sonreía gracias a su simple existencia.
Los días pasaron, su amistad era linda, aunque sólo hablaran unas pocas veces a la semana, muchas veces al salir del Colegio, caminaban juntos, riendo de sus ocurrencias y enamorándose más del otro.
Una mañana primaveral de miércoles, él la vió en una esquina, en la misma de siempre y se sentó junto a ella, la chica lloro son motivo aparente y él se preocupó, no sabía porque lloraba, porque siempre que la veía, ella sonreía, pero lo que él no sabía era que ella sufría depresión, rechazó y una soledad aunque estuviera acompañada todos los días, ella lloraba y sonreía al verlo, estaba triste, pero verlo a él la hacia feliz, pero a la vez triste, el chico no entendía porque lloraba y luego sonreía, y reía.
Solo se sentó al lado de ella y pasó su brazo por detrás de su espalda, le dijo que se veía linda llorando, y estaban tan cerca que juraría que la vi sonrojarse, pero sus lágrimas sonrojaban sus mejillas, al igual que la cercanía con el chico que le gustaba.
Ella pregunto la hora, eran las 09:39 AM, se miraron como si el mundo no existiese, y en su inexperiencia él le dijo que prometiera no llorar, ella no lo entendía, prometió aquello y salieron de allí, él fue con sus amigos, ella lavó su rostro y aunque quiso evitarlo, poco después se vio llorando de nuevo, y se sintió mal, había roto su promesa.
Todo término cuando pocas semanas después ella se enteró de lo peor, al menos para ella, y lloró desconsolada frente a mí, nadie la entendió, no sabía porque lloraba, pero ella estaba triste porque el chico del que gustaba no haría nada para que fueran más que amigos.
Ella se sentía insegura de si misma, creía no ser suficiente para nadie, quería ponerle fin a su tristeza, era un poco extremista, pero se mantenía de pie.
Y luego de eso, ya no pudo sonreír igual, ya no pudo olvidarlo. Lo superó, pero nunca dejó de recordarlo, nunca olvidó que él fue su primer amor.
Un primer amor que nunca funcionó, pero la hizo feliz momentáneamente.
Los miedos de ella la frenaron demasiado, aunque se sintiera insegura de si misma, aunque sufriera de incomprensión y soledad, de críticas y falta de compañerismo en su salón de clases, ella intentó seguir sonriendo incondicionalmente, aunque no se sintiera bien.
Para ella era incorrecto dejarse llevar por su dolor, pensaba que todo estaría mejor sin ella, pero pensaba que no podía dejar a su familia, se creía egoísta, un estorbo, pero tenía vivir.
Los dolores de cabeza que la acompañaron tantas noches, esas lágrimas que no pudo llorar, esa sensibilidad que la caracterizaba, ahora era como una roca, no quería mostrarse débil, tenía miedo de ser vulnerable, de que la volvieran a lastimar, y su enorme desconfianza la llevo a perder al hombre que amaba, su temor la alejó de él, pero seguramente ella aprendió de eso, y aunque haya llorado en silencio, soportado esa carga invisible de las críticas siempre quizo seguir adelante.