Kazuki era un pintor que había perdido su inspiración. Había pasado meses sin crear nada que le gustara, y comenzaba a sentirse como si hubiera perdido su toque.
Un día, mientras caminaba por la calle, vio a un chico sentado en un banco, mirando hacia el río. Algo en su postura y su expresión llamó la atención de Kazuki, y se sintió impulsado a acercarse a él.
—¿Puedo pintarte? —preguntó Kazuki, sintiéndose un poco nervioso.
El chico se volvió hacia él y sonrió.
—¿Por qué no? —dijo, y Kazuki se sintió atrapado en su mirada.
El chico se llamaba Akira, y resultó ser el modelo perfecto. Kazuki se sintió inspirado de nuevo, y las pinturas comenzaron a fluir de su pincel.
Pero mientras pasaban más tiempo juntos, Kazuki comenzó a sentir algo más que inspiración. Se sintió atraído hacia Akira de una manera que no podía explicar.
Akira, por su parte, parecía sentir lo mismo. Se acercaba a Kazuki mientras pintaba, y lo tocaba de manera que hacía que Kazuki se sintiera estremecer.
Una noche, mientras estaban en el estudio de Kazuki, Akira se acercó a él y lo besó. Kazuki se sintió como si hubiera sido golpeado por un rayo, y supo en ese momento que estaba enamorado.
—Te amo —dijo Akira, mientras se separaban para respirar.
—Te amo también —respondió Kazuki, sonriendo.
Y en ese momento, Kazuki supo que había encontrado su inspiración de nuevo, y que nunca la perdería.
La pintura que Kazuki creó de Akira se convirtió en su obra maestra, y la gente venía de todas partes para verla. Pero para Kazuki, la verdadera obra de arte era el amor que compartía con Akira."