La noche era oscura y silenciosa, y el único sonido que se escuchaba era el crujido de las ramas de los árboles. Pilot y Sweet estaban sentados en el sofá de su casa, mirando una película de terror en la televisión.
De repente, el teléfono sonó. Pilot se levantó para contestar, pero Sweet lo detuvo.
—No contestes —dijo Sweet, con una voz baja y asustada. —Es tarde y no esperamos ninguna llamada.
Pilot se encogió de hombros y se sentó de nuevo en el sofá. Pero el teléfono siguió sonando, insistente.
Finalmente, Pilot se levantó y contestó el teléfono. La voz al otro lado de la línea era baja y desconocida.
—Pilot... —dijo la voz. —Te estoy esperando...
Pilot se sintió un escalofrío recorrer su espalda. La voz parecía venir de muy lejos, y parecía conocer su nombre.
—¿Quién es? —preguntó Pilot, tratando de mantener la calma.
La voz no respondió. En su lugar, se escuchó un ruido extraño, como si alguien estuviera respirando al otro lado de la línea.
Pilot se sintió asustado y colgó el teléfono. Sweet se acercó a él y lo abrazó.
—¿Qué pasó? —preguntó Sweet.
Pilot se encogió de hombros.
—No lo sé —dijo. —Pero creo que debemos salir de aquí.
Sweet asintió con la cabeza y se levantó. Juntos, salieron de la casa y se dirigieron hacia el coche.
Pero cuando llegaron al coche, encontraron algo que los hizo detenerse en seco. En el parabrisas del coche, alguien había escrito una palabra con letras sangrientas:
" Esperándote..."