Frente a mi se encuentra la vista más preciosa de la ciudad, cosa que solo puede ser vista desde un lugar lo suficientemente alto.
Aquí arriba el viento helado sopla con firmeza jugando con mi cabello negro, la luna ilumina mi rostro y mis manos se aferran fuertemente a las barras de metal del lugar en el que me encuentro.
Miro una vez más al cielo y me doy cuenta de que la luz de la luna es opacada por las luces de la ciudad y poco a poco parece desaparecer de los ojos de las personas. Todos la olvidan y la reemplazan por otras cosas, ella es igual a mi.
A mí corta edad he aprendido que la vida no se trata de juegos ni de bobadas, el amor y la confianza son cosas que simplemente no existen en mi mundo.
Mis ojos sangran y no de color rojo, si no con la sangre más pura que puede tener un ser humano LAS LÁGRIMAS.
Heridas provocadas por quienes alguna vez me sacrifiqué me mortifican a cada instante y su dolor punzante me acompaña en este recorrido.
Se que se me otorgó una vida para disfrutarla pero me es imposible hacerlo, nadie me ve como yo realmente soy y no tengo a nadie con quien recurrir.
Y todo gracias a él.
Quiero intentar recuperar lo que me corresponde y deshacerme de mis penas pero mis cadenas me lo impiden.
Al fin terminé de subir el edificio y ahora me encuentro en la parte de arriba y desde aquí espero pacientemente. Su llegada no debe tardar tanto.
Me siento en una esquina del lugar y afilo mi cuchillo que brilla en la oscuridad. De repente escucho un ruido del otro lado y dirijo mi mirada en busca de quién lo haya provocado.
Y entonces lo veo, ahí está él parado frente a mis ojos con una sonrisa siniestra y perversa. Su gabardina beige y la bufanda roja ondean con el viento y su sombrero negro me hacen reconocerlo.
Al verlo me lleno de ira y una especie de odio, mis manos tiemblan y los recuerdos me atormentan.
- Aquí estás Joselyn
Dice él con un tono desvergonzado y mientras se me acerca, se ajusta sus guantes negros de cuero.
- Estoy aquí solo porque tú me citaste.
Respondo con enojo
- Cuida tus palabras jovencita, recuerda que sigues viva gracias a mi gran generosidad.
Rie mientras juguetea con su sombrero de un lado a otro.
Entonces cuando él llega a mi lado me muestra su arma apuntándome a mi cabeza.
- Sin embargo, ahora que he visto que el perro mordió la mano que lo alimenta creo que es hora de deshacerme de él ¿No lo crees Joss?
Mi garganta se anuda y me quedo sin palabras, mi mente se congela y mi cuerpo se paraliza.
De este modo él aprovecha y me susurra
- Ya veo, ahora me temes. No puedes matarme ni aunque lo desees, de hecho nunca podrás hacerlo ¿Cierto?.
Tu corazón es tan blando que no te atreverías a matarme. ¡Vamos admítelo querida, no puedes!
El se aleja y me rodea por la cintura, mientras dentro de mi se repite la misma frase "soy una tonta".
Él siente mi miedo y se ríe, después desliza su mano izquierda a mi mano y me quita el cuchillo.
- Vamos Joss, regresa a casa. Tu no podrás sobrevivir aquí afuera.
Susurra en mi oído de nuevo
- Eres una asesina, ese es tu trabajo ¿Acaso crees que alguien te querría al saber quién eres?
- Yo pensé que .. ¡tal vez si yo!
Grito con todas mis fuerzas pero entonces me interrumpe callandome con el dedo.
- ¡Shhhh pequeña! No lo digas que me harás enojar.
De repente mis fuerzas vuelven y de un movimiento me safo de sus brazos y corro a toda velocidad.
El me observa y en un cerrar de ojos me atrapa y me inyecta un cedante.
Así voy perdiendo la claridad de mi vista y el control de mis movimientos.
Entonces caigo en sus brazos y grito entre lágrimas.
- ¿Por que no puedo ser libre?
Después de eso caigo en un sueño profundo mientras me e llevan de vuelta al infierno en el que vivo...