Dicen que la Torre de Ceniza tiene 100 pisos.
Dicen que cada piso se come a los héroes, llegan con gritos de gloria... y mueren en 5 minutos.
En esta tierra, el poder no se entrena. Se compra y la moneda no es oro. Son recuerdos.
Selene Dusk apoyó la barbilla en su mano. Doscientos años sentada en ese mismo trono de piedra, viendo la misma escena.
Otro humano con armadura brillante. Otro grito de "¡Por el reino!". Otros huesos convertidos en polvo antes de llegar al segundo corredor.
"Bostezó". Las orejas de elfa se movieron bajo su capuchón blanco y plateado. Sus manos brillaban con luz sanadora que nunca usaba. ¿Para qué? Ninguno valía la pena.
Hasta que el sello del piso 1 crujió.
No era el ruido de miedo. No era el paso tembloroso de un novato.
Era el paso pesado de un hombre de 30 años que ya había perdido todo... y aún así avanzaba.
Selene entrecerró los ojos. "Interesante. Huele a resignación, no a esperanza".
Bajó flotando. Luz dorada iluminando las ruinas. Cuando llegó, el humano ya estaba de rodillas, rodeado de espectros. Armadura rota. Espada en la mano. Cero mana.
Kael Veyr levantó la vista. Rostro marcado por cicatrices. Ojos cansados de veterano. No rogó. No gritó. Solo apretó la empuñadura.
"Tu primer aliento a cambio de tu primer recuerdo", dijo Selene, voz fría como el hielo. "Así funciona aquí, caballero".
Kael escupió sangre. Sonrió.
"Llévate el día que me nombraron caballero. El día que mi padre me miró con orgullo. Ya no me sirve para nada".
El dolor fue como un hilo de fuego arrancado del pecho. Kael gritó, pero no cayó. Cuando abrió los ojos, no recordaba el rostro de su padre. Solo quedaba un vacío.
Mana nuevo le quemó el brazo. Runas azules, débiles. De Selene.
"2 minutos", pensó ella cruzándose de brazos. "Lo mismo de siempre".
Pero Kael se puso de pie. Sin mana extra. Solo técnica. Solo rabia. En 20 segundos los 3 espectros yacían en ceniza, cortados por una espada que se movía por instinto, no por magia.
Selene frunció el ceño. "Un humano sin poder... que no muere de un golpe. Hace 80 años que no veo uno".
El Guardián del Piso 1 despertó con un rugido que hizo temblar las piedras. 3 metros de armadura viviente. Maza que aplastaba reinos.
Selene suspiró. "Firma tu segundo pacto si quieres vivir. Dame tu nombre. Dame tu futuro".
Kael la miró a ella. Luego al monstruo. Y sonrió esa sonrisa que no era de héroe. Era de condenado.
"Ya te di mi recuerdo más preciado, elfa. No me queda nada más... excepto esto".
Cerró los ojos. Las runas de su brazo se volvieron negras como carbón. Un dolor antiguo, sellado hace años, se quebró en su pecho.
Las sombras de toda la sala se alargaron como dedos. Se envolvieron en fuego que no daba luz. Fuego oscuro. Fuego que no quema carne... quema nombres, quema mana, quema el alma.
"Esto", susurró Kael, "se llama Ceniza de Medianoche".
El Guardián levantó la maza. No llegó a bajarla. Las sombras se clavaron en sus junturas, y el fuego negro lo devoró desde dentro. Gritó de dolor, gritó segundo antes de volverse ceniza.
Silencio.
Kael cayó de rodillas. Sangre le bajó por la nariz y los ojos. Su poder se apagó tan rápido como llegó.
Selene se acercó despacio. 200 años sin que nada la sorprendiera. Pero ahora su mano temblaba al tocar su cara ensangrentada.
"No firmaste un pacto conmigo", susurró, y por primera vez su voz no era fría. Era curiosa. Peligrosa.
"Despertaste algo que ni la Torre puede sellar".
Kael abrió un ojo. "¿Poder de monarca? Qué nombre ridículo para esto".
Detrás de Selene, las sombras se movieron solas. Se giraron. Y la miraron a ella también.
La puerta de piedra al Piso 2 se abrió con un gemido.
Selene retiró la mano. Por primera vez en siglos, no sabía si quería salvarlo... o ver hasta dónde llegaba.
"Bienvenido al piso 2, caballero sin nombre", dijo. "Creí que estaba aburrida de los héroes... hasta que vi a uno que no necesita que lo salven
La puerta al Piso 2 se cerró con un gemido de piedra. El aire se volvió denso, frío. Olor a polvo viejo y a metal quemado.
Kael cayó de rodillas. La sangre le bajó por la nariz en hilos negros. El "Ceniza de Medianoche" le había dejado el brazo izquierdo como carbón, con runas rotas que aún humeaban.
Selene no dijo nada por 10 segundos. Solo lo miró. Doscientos años, y esa era la primera vez que un humano en el Piso 1 no moría de rodillas.
Se arrodilló frente a él. Sus dedos fríos tocaron su frente. Luz sanadora, suave, sin pedir nada a cambio. Todavía.
"Estás vivo", murmuró, más para sí misma. "Eso no debería ser posible".
Kael abrió un ojo. El izquierdo brillaba un segundo con chispas negras antes de volver al marrón cansado de siempre.
"Estoy cansado", dijo. Voz ronca, como si no hablara en años. "¿Tienes agua?"
Selene chasqueó los dedos. Una cantimplora de cristal apareció en su mano. No era magia. Era costumbre. Los héroes siempre pedían agua después de morir un poco.
Kael bebió. Cada trago le quemaba la garganta. Sabía a ceniza.
"Bien", dijo Selene poniéndose de pie. Su capuchón cayó un poco y las orejas de elfa se asomaron, largas, con un tatuaje plateado en la punta de la izquierda. Detalle que nadie vivía lo suficiente para ver.
"Protocolo. Tengo que explicarte las reglas antes de que subas y mueras como los otros 847".
Kael se recostó contra una columna rota. Cerró los ojos. "Habla".
Selene caminó en círculos. Su voz cambió. Ya no era fría. Era la voz de alguien que contó esta historia mil veces, hasta que dejó de doler.
"Esta Torre no crea poder, Kael. Recicla vidas. Cada piso está hecho de recuerdos robados. Ese bosque podrido del Piso 3? Era la infancia de una niña que murió aquí hace 300 años. Ese castillo? La boda que nunca tuvo un rey".
Se detuvo frente a él. "Nosotros no damos mana. Damos trozos de ti. Tu primer beso. El rostro de tu madre. La razón por la que empuñas esa espada. La Torre lo devora, y a cambio te deja subir un piso más".
Kael no abrió los ojos. "Entonces me volví hueco".
"Todos se vuelven huecos", dijo Selene, y por un segundo su voz tembló. "Los que llegan al Piso 50 ya no recuerdan su nombre. Solo pelean. Cáscaras con poder".
Terminó de hablar. Silencio. Solo el goteo de sangre de Kael en la piedra.
Selene extendió la mano sobre su pecho. Magia blanca para revisar el pago. Protocolo.
Y se congeló.
El recuerdo del padre de Kael no estaba borrado. Estaba ahí. Entero. Envuelto en cadenas de sombra, guardado en lo más profundo de su mente como un tesoro prohibido. La Torre había cobrado... pero Kael había pagado con una copia vacía.
Selene retiró la mano como si quemara. Sus ojos dorados se abrieron de golpe.
"Tus recuerdos... no se fueron", susurró. "Los escondiste. La Torre cobró, pero tú no pagaste. ¿Cómo hiciste eso?"
Kael por fin la miró. Sonrió, débil. "La Torre cobró lo que le di, elfa. Lo demás no es su problema. ¿Cuál es el tuyo?".
Mentira. Y los dos lo sabían.
"Me llamó Selene"
Kael se apoyó en la espada y se puso de pie. Le costó. Las piernas le temblaban. Pero se puso de pie.
"Estoy muy cansado, Selene", dijo, estirando la espalda con un crujido. "Vendré otro día a completar el siguiente nivel".
Selene parpadeó. "¿Qué? Nadie pide pausa. Subes hasta morir o hasta el Piso 100. Esas son las reglas".
Kael se giró hacia la salida. Su capa rota se arrastró por el suelo. Dio dos pasos. Luego se detuvo.
No se giró. Solo habló al aire, con esa voz cansada de veterano que ya no cree en banderas.
"Yo no soy un héroe, Selene. Solo soy un simple humano... con el nombre de ex caballero".
Las palabras cayeron como piedra en un pozo.
Selene dio un paso rápido y lo agarró del brazo sano. Sus dedos eran fríos, pero firmes. Por primera vez en 200 años, su voz sonó... desesperada.
"Espera". Tragó saliva. "Dime tu nombre. Si vas a romper todas las reglas, al menos dime cómo llamarte".
Kael bajó la vista a su mano. Luego a sus ojos dorados.
"Kael", dijo simple. "Kael Veyr. Aunque ese nombre ya no significa nada".
Soltó su brazo con cuidado. Cruzó el portal de salida del Piso 1.
Y justo antes de que la luz lo tragara, Selene vio algo que no debería existir: su sombra se adelantó dos pasos. Se giró. Y le sonrió a ella con los dientes de Kael.
La puerta se cerró.
Selene se quedó sola, con la mano aún extendida al aire.
"Kael Veyr...", probó su nombre en voz baja. Como si fuera un hechizo nuevo.
Apretó el puño. "Un humano que oculta recuerdos... que le habla de tú a la Torre... y se va a dormir cuando quiere".
Por primera vez en 200 años, Selene Dusk no sabía si quería sellarlo... o seguirlo.
Kael regresa
Portal del Piso 1 se abre al atardecer. Selene lleva 18 horas esperando sin sentarse. Con 3 pergaminos en la mano y ojeras que no disimula.
Entra Kael. Armadura limpia, sin sangre. Brazo izquierdo: piel normal, runas apagadas. Cero carbón, cero quemaduras. Como si "Ceniza de Medianoche" nunca hubiera pasado.
Y sonríe. No la sonrisa cansada de ayer. Una sonrisa real, chiquita, de humano que durmió 8 horas.
Selene se queda quieta. En 200 años vio miles de humanos entrar. Todos con miedo, rabia, o resignación. Este es el primero que sonríe sin que un monstruo lo persiga.
Kael: Buenos días, elfa. ¿Me guardaste mi piso?
Selene: ...Guardé 3 preguntas en cambio.
Selene se cruza de brazos. Voz seria, pero los dedos le tiemblan un poco.
*Pregunta 1: La herida*
Tu brazo. Anoche era carbón y runas rotas. Hoy está sano. La Torre no cura gratis. ¿Quién te curó, Kael Veyr? ¿O qué pagaste mientras dormías?
*Pregunta 2: El nombre*
"Ayer dijiste 'Kael Veyr, aunque ese nombre ya no significa nada'. Si no significa nada... ¿por qué lo dijiste? Los humanos sin nombre no dicen su nombre antes de morir".
*Pregunta 3: La sombra*
Selene se acerca un paso. Baja la voz. Ayer tu sombra me sonrió antes que tú. En 200 años, la sombra siempre sigue al cuerpo. Nunca al revés. ¿Qué eres tú, Kael? ¿Humano, monstruo... o algo que la Torre escupió y olvidó?
Kael escucha las 3. No se molesta. Solo se rasca la nuca, incómodo.
Kael mira al techo de piedra como si buscara nubes. Luego la mira a ella.
...Brazo: dormí, llegué a mi casa me bañé, cené y me dormir. Pregunta 2: Lo dije porque tú lo pediste, y cuando una elfa de 200 años te pide tu nombre, uno responde. Pregunta 3: No sé qué soy. Pero si me tienes miedo, elfa... puedes no bajar conmigo al Piso 2.
Selene: ¿Y como sabes que tengo como 200 años?
Kael la mira: Todos los del gremio lo saben. Incluso hay un informe, un registro de ti. No se sabe mucho, solo se sabe que ayudas a los guerreros y aventureros que entran aquí.
Se encoge de hombros. Camina hacia la puerta del Piso 2. Antes de cruzar, se gira y le lanza la cantimplora de cristal de ayer.
"Gracias por el agua. Tenías razón. El de ayer no sabía nada y sigo sin entender nada".
Y entra al Piso 2 silbando bajito. Una tonada triste, de taberna.
Selene se queda con la cantimplora en la mano. Fría.
Detrás de ella, las sombras de la sala se pegan a sus pies... pero no la tocan.
Selene susurra para sí: Se curó solo. Sonríe en la mazmorra. Y me devolvió el agua... como si fuéramos amigos".
Apretó la cantimplora. Kael Veyr, creo que me metiste en problemas. Además, estoy segura de que esas sombras te persiguen. ¿Aún eres un misterio?. En mis años que tengo jamás vi, a un humano que sea capaz de subir al siguiente piso.
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