Ada Medina a sus treinta y cinco años, se contemplaba en el espejo con una mezcla de extrañeza y satisfacción, se veía hermosa además de que por años, cargó con el estigma de ser la “solterona despechada” de la familia, aquella que supuestamente nunca superó que el amor de la infancia escogiera a su media hermana.
Sin embargo, ese día estaba a un paso de unir su vida con su verdadero amor, y lo suyo no era una historia convencional, sino un sentimiento que floreció tras años de complicidad sin etiquetas, pero cargados de hermosos recuerdos, que finalmente se atrevían a mostrarlo ante todos.
El reflejo que le devolvía el espejo era simplemente impactante, ella lucía un traje de novia de estilo vintage, un delicado diseño mezcla de la pureza del blanco y encajes de color negro, el cual se ceñía a su cuerpo como una segunda piel.
Su maquillaje era un poco dramático, pero fiel a su esencia, el cual resaltaba sus facciones con una intensidad que sus habituales gafas de pasta solían ocultar, ese día por primera vez ante su familia, usaba lentes de contacto; y el impacto de ver su rostro al descubierto sin sus gafas fue para todos muy sorprendente.
En su mano se observaba un anillo de compromiso de pocos quilates, no se trataba de una pieza ostentosa, pero su diseño era tan delicado que parecía haber sido creado específicamente para ella, su cabello estaba recogido en un moño que estilizaba su largo y delicado cuello, y en ese momento Ada proyectaba una elegancia que ninguno de los presentes en esa habitación estaba acostumbrado a observar en ella, porque aquella versión sofisticada de Ada borraba, por un instante, la imagen de la chica reservada que siempre se refugiaba en la comodidad de su estilo grunge de los noventa.
—Te ves… hermosa —murmuró Sebastián, con incredulidad.
Sebastián era su amigo de la infancia y su amor platónico durante la adolescencia, él la observó con un toque de añoranza como si se tratara de un tesoro que recién descubría a pesar de que la conocía desde que eran niños.
Por años, la vida de Ada estuvo envuelta por rumores alimentados debido a la malicia de Victoria, asegurando que su soltería era por un amor no correspondido por su amigo de la infancia.
Sin embargo, en ese momento ella lucía muy radiante y una duda amarga cruzó por la mente de Sebastián: si en el pasado la hubiera escogido, ¿Acaso su vida habría sido mejor?, y estuvo a punto de tomarle la mano para pedirle un momento a solas, para confesarle que, si ella le daba un tiempo, él se divorciaría de Victoria… pero entonces una voz estridente lo sacó de sus pensamientos.
—Si podías verte así de bien, ¿Por qué no lo hiciste antes? — preguntó Victoria, la media hermana de Ada y esposa Sebastián con una mueca de desdén.
—Para no quitarte el único mérito que tienes en esta familia—replicó Ada con sarcasmo sin quitar la vista del espejo.
Ada la observó conteniendo su expresión de burla, porque Victoria usaba un vestido de color marfil como intentando sabotearle su protagonismo como novia, por suerte, Ada nunca había sido una persona común; y su elección de una prenda tan poco tradicional hacía que las artimañas de su hermana parecieran tontas y predecibles, demasiado insignificantes como para dedicarles un solo pensamiento más.
—Nos sorprendiste a todos con esta boda repentina, ¿Segura de que no es un impulso por despecho? —atacó Mónica, su madrastra, con la saña de siempre.
—Sí, hija, sabes que no nos importa que vivas en casa para siempre —añadió Gerardo, su padre, con esa condescendencia que disfrazaba de preocupación—No arruines tu vida por no poder dejar atrás el pasado.
Ada negó con la cabeza pensando con resignación que la dinámica de su familia siempre fue así de tóxica, por suerte desde hace tiempo vivía en su propio departamento, tenía una carrera profesional muy sólida y un hombre que la amaba sin importarle todas sus particularidades.
A pesar de que la boda fue planeada de forma apresurada debido a la salud de su prometido el cual actualmente se recuperaba de un accidente devastador que casi le cuesta la vida, de igual manera cada detalle fue pensado con mucha dedicación.
Mateo el hermano menor de Ada abrió la puerta de forma abrupta y entró en la habitación con su cámara en mano para capturar el momento.
—Fue difícil … pero pude llegar a tiempo—dijo Mateo entrando a la habitación jadeante.
Él era un artista de la fotografía y su trabajo valía miles de dólares, pero por su hermana mayor dejó a un lado todos sus compromisos ese día y regresó de inmediato, porque quería ser él, y nadie más, quien inmortalizara la felicidad de su hermana mayor.
Ignorando por completo la atmósfera tensa que rodeaba a los demás, Mateo se acercó a Ada con el orgullo brillando en su mirada, le dio un fuerte abrazo y fue lo más emotivo de todo el momento.
—No hagamos esperar más a mi cuñado —soltó Mateo, saboreando el asombro que sus palabras habían sembrado en el aire—El pobre ya ha esperado demasiado tiempo por ti.
A excepción de Mateo el resto de los parientes no conocían la identidad del prometido de Ada, ella solo les había comunicado la fecha y el lugar de su boda.
Sin embargo, no mencionó que el novio era el hermano mayor de Sebastián, porque la razón era muy compleja, y tenía más que ver con el hecho de que ambos eran los “segundos” en sus familias y admitir su relación solo atraería una tensión innecesaria de parte de sus familiares.
Además de que en el pasado su prometido casi llega a las manos con Gerardo por defenderla y desde entonces su nombre estaba terminantemente vetado en la familia Medina.
Tras una sesión improvisada de fotos, Mateo se colgó al cuello su cámara más emblemática; era el regalo que le dio Ada años atrás cuando descubrió su amor por la fotografía y sus padres le dieron la espalda.
—Estoy feliz de que hayas podido venir—murmuró Ada con gratitud.
La boda se celebraría en los jardines de una imponente propiedad de estilo colonial, para Victoria el lugar le parecía muy “cutre” aunque en el fondo le irritaba que tanto el lugar como la decoración y el vestido de su hermana coincidían en una armonía perfecta.
Mientras ella murmuraba que si las personas eran tan pobres como para casarse en una ubicación “mejor” entonces no deberían hacerlo, Sebastián por su parte estaba en shock, no solo por ver a su eterno plan B a punto de casarse sino porque ese sitio no tenía nada de sencillo y requería de varios meses en una lista de espera y una pequeña fortuna para ser reservado.
—Cállate de una vez, Victoria —le espetó Sebastián entre dientes, incapaz de lidiar con su propia confusión.
Ada no quería que Gerardo la entregara en el altar, pero su abuelo Don Aurelio no se encontraba bien de salud y este era su último deseo, así que ella por consideración al único hombre que junto a su hermano le habían dado amor incondicional estuvo de acuerdo.
—Es hora —anunció Mateo, instándolos a todos a ocupar sus lugares.
Sebastián visiblemente incómodo fue el último en salir de la habitación, su mente era un caos porque aún no podía creer su pagafantas se iba a casar, aunque siendo sincero consigo mismo debió darse cuenta hace tiempo cuando ella comenzó a tratarlo solo como a un amigo de la infancia, las cosas habían cambiado, solo que no supo en qué momento, pero si debía ser honesto con el paso de los años si bien ella no tenía una pareja conocida tampoco era ambigua en su amistad con él así que tal vez fue allí cuando todo cambió y la perdió definitivamente.
Al salir al jardín el grupo se sorprendió porque en la primera fila del lado del novio, estaban los dirigentes del cuerpo de bomberos regional y el alcalde junto a su esposa la primera dama, Sebastián se preguntó entonces, ¿Quién era ese hombre capaz de movilizar a la élite local y conseguir un lugar imposible en tiempo récord?
La respuesta los dejó atónitos, porque al final del pasillo, bajo el arco de flores exóticas características de la zona, se alzaba la figura de Damián el hermano mayor de Sebastián, vestía el impecable traje de gala de los bomberos, cuya sobriedad contrastaba con el bastón que lo ayudaba a mantenerse de pie; en el altar esperando por el momento de la ceremonia.
—¿Cómo puede ser él? —murmuró Sebastián, sintiendo que la sangre se le helaba—¿Cómo mi hermano pudo traicionarme de esta manera?
Sebastián se sentía profundamente ofendido, y estaba envuelto en una rabia silenciosa, porque en su mente reclamaba un derecho sobre Ada que, en realidad había perdido diecisiete años atrás, cuando decidió elegir a la vibrante Victoria por encima de la lealtad reservada de su amiga de la infancia.
Ada entrelazó su brazo con el de su padre, y fue un momento muy incómodo para ambos, y cuando las notas de la marcha nupcial se escucharon ellos comenzaron a andar, Gerardo caminaba con rigidez porque no quería estar allí, además de que sabía que su hija aceptó ser llevada al altar por él solo para complacer a su abuelo.
Paso a paso los invitados elogiaban lo hermosa que era la novia, lo activa que era en la comunidad, y lo afortunado y valiente que era el novio, Gerardo se sentía asfixiado porque de la persona que hablaban con tanto entusiasmo era una hija sobre la cual era mucho lo que desconocía, quería preguntarle por qué se casaba en esas circunstancias, y porque no le presentó formalmente a su prometido antes de la boda, pero en este punto ya sobraban las explicaciones, aunque su impresión fue monumental cuando al final del pasillo la persona que esperaba era Damián.
El resentimiento de Gerardo hacia Damián no solo se debía a las manipulaciones de Victoria acerca de que era un mujeriego, sino a la vez que casi se van a las manos por Damián defender a Ada cuando fue castigada injustamente, y fue justo en ese momento cuando Gerardo, a pesar de su furia, lo comprendió todo: no era simple afecto, ni una amistad de la infancia, sino que aquel "bruto" se había enamorado de su hija desde hacía mucho tiempo.
—No voy a permitir que te cases con ese hombre —masculló Gerardo, sin dejar de caminar—Tiene fama de mujeriego y es un tipo abiertamente violento.
—Es curioso que lo llames playboy —respondió Ada, con una calma que cortaba como el hielo—Cuando tú mantenías una familia paralela mientras estabas casado con mi madre, Victoria y yo tenemos la misma edad, papá; solo nos separan unos meses.
Ada no sabía de donde nació esa fama de Damián, pero suponía que eso era obra de su “querida hermana”, porque en los diecisiete años que duró su relación secreta nunca encontró ni un solo rastro de otra mujer en la vida de su prometido, y en cuanto a lo de "violento" no era más que el recuerdo de aquella vez que Damián, siendo joven, puso en su sitio a un grupo de amigos de Victoria los cuales pretendían humillarla.
—¡Ya supera el pasado! —siseó Gerardo lleno de ira.
—Lo superé, pero eso no implica que lo haya olvidado
—Es un discapacitado—añadió él con disimulado desdén observando el bastón.
Damián en ese momento se estaba recuperando de una lesión sufrida en su trabajo en donde casi pierde la vida rescatando a una familia en medio de un incendio, había sido condecorado por el alcalde de la ciudad como un héroe, y para Ada ver a su padre desdeñarlo por sus heridas en el cumplimiento del deber, fue la gota que colmó el vaso.
—Está convaleciente, papá, no es un lisiado —lo corrigió Ada con firmeza—Y aunque lo fuera, es el hombre que elegí, y no puedes hacer nada; porque si lo olvidaste, en este país, para celebrar una ceremonia de bodas antes debes haber pasado por el registro civil, así que estamos casados legalmente desde hace días.
Mientras tanto en los asientos el grupo observaba con reacciones muy diversas, Victoria se clavaba las uñas en la palma de su mano, recordaba con odio como desde joven intentó seducir al atractivo Damián, pero este la veía con desdén como si se tratara de un insecto incluso le mostraba una expresión de asco.
Sebastián aún seguía sin procesar que su propio hermano al que consideraba “un bruto” se hubiera quedado con la mujer que él siempre dio por sentada.
Mónica por su parte rechinaba los dientes porque esa molesta hijastra se había casado con un hombre excepcional y a sus ojos ella no merecía ni las sobras de un banquete.
Pero al final del pasillo frente al altar nada de eso importaba porque Damián solo observaba como Ada se acercaba con anhelo y ese enorme hombre, fuerte y valiente tenía los ojos enrojecidos debido a la emoción de casarse con ella.
Frente al altar Ada soltó finalmente el brazo de su padre, y caminó hacia Damián, se detuvo frente a él y sintió como con dedos temblorosos él levantó su velo, y al despejar la tela ella también tenía los ojos húmedos.
—Te amo —susurró ella, con un hilo de voz que solo él debía escuchar.
—Yo también ... te amo —respondió él con una sonrisa que iluminó su rostro cansado por la convalecencia.
El momento estaba tan cargado de emoción que los presentes se sentían muy conmovidos debido a esa conexión tan especial.
A pocos metros tanto Sebastián como Victoria los observaban con envidia, pensando en cómo era posible que esos dos que siempre fueron los relegados y considerados los desechos de sus familias, no solo eran ciudadanos respetados y admirados por su entorno, sino que entre ellos existía mucha complicidad, lo cual hacía que de repente su matrimonio no tuviera ningún sentido.
La ceremonia transcurrió sin mayores contratiempos más allá de hecho de que el novio se negaba a sentarse intentando cumplir con todos los ritos al pie de la letra, sin embargo, el hecho de que estuviera vivo ya era en sí un milagro, porque su cuerpo, aunque castigado por el accidente, respondía a una voluntad de hierro, aunque por consejos médicos no debía excederse.
—Me voy a enojar si no te portas bien —le susurró Ada al oído, mientras lo sostenía discretamente— Y sabes que, en mi estado, los disgustos no son buenos.
Damián la miró de reojo, suavizando de inmediato la expresión de su rostro y entrelazando sus dedos con los de ella.
—Está bien cariño, ya me voy a sentar... solo no te enojes —respondió él con un suspiro.
Damián a regañadientes aceptó el descanso, era un hombre muy fuerte porque otro en su misma situación aún estaría postrado en una cama de hospital, sin embargo, él insistió en casarse sin demora porque Ada estaba embarazada y quería que al nacer su hijo tuviera una familia completa, sin cargar con el estigma de los diecisiete años de ambigüedad entre sus padres.
No hubo baile entre los novios porque Damián no podía esforzar su cuerpo que se encontraba en recuperación, sino que en su lugar la novia bailó con su abuelo y luego con su hermano menor y este fue un momento muy divertido, de manera que nadie notó que no hubo un baile entre padre e hija.
Cuando Sebastián quiso bailar con ella se dio cuenta de que los colegas de Damián, sus “hermanos de fuego” habían hecho una fila para bailar con la novia haciéndolo a un lado.
Y mientras la amorosa pareja brindaba con sus invitados y escuchaban con atención el discurso del debilitado Don Aurelio el cual sentía que podía irse sin remordimientos ahora que su nieta finalmente había hallado su lugar. Entre tanto Sebastián acechaba su oportunidad, esperando a que Ada se dirigiera al tocador para interceptarla a la salida.
—Te lo tenías muy bien guardado —escupió él, destilando un odio que apenas lograba disimular—¿Cuánto tiempo llevas burlándote de todos nosotros?
Ada cruzó los brazos con una frialdad que lo descolocó, pensando en que pudo ver en él cuando era una adolescente y con tristeza comprendió que él le daba lo único que ella mendigaba de niña y era “atención”, no obstante, al crecer, Sebastián la convirtió en la "amiga enamorada y útil", y esa presencia incómoda que siempre estaba disponible, estas eran dinámicas propias de la juventud, pero ahora que se encontraban en sus treinta y cinco años, no tenía cabida en su vida.
—¿Acaso pensabas que mi vida se había terminado el día que escogiste a Victoria? —replicó Ada con una calma gélida—Y que te esperaría por siempre.
—Ada ... yo supuse que no te casabas, ni tenías novio porque aún me amabas—respondió Sebastián con prepotencia.
— Mira Sebastián no sé en qué mundo puedes pensar semejante tontería y lo único que lamento es no haberte dado un par de bofetadas el día que descubrí lo que realmente pensabas de mí.
Sebastián con un dejo de prepotencia pensando en que aún tenía un espacio en su corazón la retó:
—¿Entonces por qué no lo hiciste?—la retó buscando un rastro de dolor en sus ojos—¿Acaso no es porque en el fondo guardabas un poco de esperanza de que me divorciara de ella y volviera por ti?
—Por consideración a tu hermano—dijo Ada usando el nombre de su esposo como un escudo— Porque Damián es tan noble que, a pesar de lo mal que lo tratas, todavía te guarda afecto.
—¡No puedes estar enamorada de ese bruto! —siseó él, herido en su ego—Y mucho menos ahora, que no es más que un lisiado que necesita un bastón para mantenerse en pie.
Ada negó con la cabeza y soltó una risa seca porque Sebastián como siempre intentaba minimizar a su hermano, sin sospechar siquiera que era un hombre que lo superaba en todos los sentidos y la intensidad de lo que ellos compartían, porque si él supiera cuántas veces ella llegó a las reuniones familiares con la piel aun ardiendo por las caricias de Damián de la noche anterior, no sería tan presumido; pero Ada era una dama, y ese secreto era el tesoro más dulce de su intimidad con su esposo.
—Piensa lo que te dé la gana—dijo ella dándole la espalda—Pero esto no es despecho, ni resignación, mucho menos un premio de consolación, sino algo que tú y Victoria jamás entenderían ni en mil vidas y esta es la última vez que te permito que hablemos sobre este tema, hace diecisiete años que saliste de mi corazón y si fui buena contigo todo este tiempo es porque eres mi cuñado.
Mientras Ada se alejaba caminando hacia su esposo con mucho estilo enfundada en su exquisito vestido de novia estando embarazada de 16 semanas, se sentía muy satisfecha con la vida que de forma inconsciente había construido junto a Damián.
Entre tanto en la mente de Sebastián una pregunta le martillaba como un eco insoportable y era: ¿Cómo y cuándo, bajo sus propias narices, esos dos se habían convertido en el universo del otro?
Era el mes de junio del año 1990, Ada se preparaba para el examen de admisión a la facultad de Informática en la Universidad más prestigiosa del país, y estaba motivada por dos razones: la primera alcanzar su sueño a pesar de que era un campo dominado principalmente por hombres y sobre todo poner tierra de por medio con su familia además de que guardaba la secreta esperanza de que lejos de las presiones familiares, su amistad con Sebastián, el cual también había prometido que se postularía para estudiar en la misma universidad, finalmente se convertiría en algo más.
Esa noche, todo el grupo de clases decidió darse un respiro de sus estudios e ir a un karaoke a cantar y comer hamburguesas, estaban a un mes de definir su futuro y Ada estuvo de acuerdo a pesar de que su hermana Victoria estaría allí, pero Sebastián se lo pidió y ella no podía negarse, además se había quedado sola porque su hermano Mateo se había ido de campamento y sus padres se encontraban fuera de la ciudad.
De alguna manera Victoria con su crueldad habitual logró verter laxantes en la bebida favorita de Ada y tras pasar mucho tiempo encerrada en el baño, consultó la hora en su reloj y se dio cuenta de que eran las siete de la noche, se esmeró en lograr su maquillarse dramático, y se vistió con su estilo inconfundible un jumper de color gris cuya falda llegaba hasta mitad de pierna, franela blanca de mangas largas, medias de red y botas militares de plataforma.
Al salir de la casa, apurada y luciendo su estilo tan único, se topó con Damián, que estaba llegando a la casa de sus padres justo en ese momento, con sus 20 años tenía un físico imponente forjado en la academia de bomberos y le sorprendió que regresara a casa.
—Hola extraño—dijo Ada chocando el puño con él, como era su costumbre—No sabía que vendrías de visita.
Damián soltó su bolso con desenfado y, tras chocar el puño, la rodeó con sus brazos y la elevó del suelo con una facilidad pasmosa, riendo ante el fingido enojo de Ada.
—Aquí la única extraña eres tú—soltó él con una carcajada—Pero me gusta tu estilo, ¿A dónde vas a esta hora?
Ada se mordió el labio sintiéndose un poco nerviosa debido al retraso, además de que suponía que la estaban esperando, ocultó sus manos tras la espalda, pero a Damián no le pasó por alto el esmalte rojo sangre de sus uñas.
—Voy al karaoke
Damián volvió a tomar su bolso; como si su intención de entrar a la casa de sus padres se hubieran esfumado en un segundo, era una urbanización de clase media, y el transporte público era una odisea a esa hora, así que él no la dejaría ir sola.
—Yo te llevo.
—Pero … ibas a ver a tus padres.
Damián pensó en las caras largas de sus padres y su entusiasmo se enfrió de inmediato, había viajado por tres horas para invitarlos a su condecoración como uno de los mejores de su promoción, pero la cobardía o tal vez el presentimiento del rechazo que recibiría de su parte, lo detuvo en la puerta.
—Eso puede esperar —dijo abriendo la puerta del copiloto de su Chevette verde—Ahora lo importante es que llegues segura.
Ada lo observó acomodar el bolso y rodear el auto y subir al puesto del conductor, el vehículo era pequeño para un hombre con su 1,92 mts de estatura, pero ella sabía que era un modelo económico y que él se lo había comprado con su propio esfuerzo.
Al encender el motor, las notas de “Entre Caníbales” de Soda Stereo inundaron el espacio, y ambos empezaron a cantar con la misma intensidad.
Damián era el único con quien Ada podía hablar de música sin que pusiera los ojos en blanco; porque en sus familias eran dos extraños compartiendo el gusto por el rock en su idioma.
Llegaron al centro comercial donde se encontraba el karaoke, Damián pudo dejarla en la entrada y seguir su camino, pero no lo hizo, porque lo que no le confesó es que su visita imprevista no era solo para invitar a sus padres; también había vuelto para advertirle de que se había enterado de que Sebastián no solo se estaba postulando a la misma facultad que Victoria, sino que de hecho ellos llevaban un par de meses saliendo en secreto.
Sebastián la mantenía en vilo, alimentando sus ilusiones solo porque necesitaba que Ada lo ayudara con las materias de análisis y comprensión lectora.
—Gracias por traerme Damián —dijo Ada con una sonrisa tímida.
Damián apretó el volante con sus manos y se debatía internamente entre contarle la verdad o mantenerse callado, la apreciaba profundamente; habían crecido juntos, compartiendo ese sentimiento de ser siempre los relegados de su familia, y el héroe que ya empezaba a forjarse en él le gritaba que hablara, aunque significaba arruinar la relación con su hermano, pero ella no se merecía esa humillación.
—Ada, ¿Me regalas un par de minutos? —preguntó con una incomodidad evidente.
Ada conocía la fama de mujeriego de Damián así que no quería malinterpretar las cosas y arruinar la amistad entre tan hermosa que existía entre ambos.
—Damián, voy tardísimo … pero te prometo que mañana hablamos, ¿Sí? —respondió ella, dándole un par de golpecitos amistosos al marco de la ventana.
Se bajó del auto y respiró hondo, tuvo que admitir que esos ojos negros y profundos de Damián eran perturbadoramente atractivos, pero solo era el hermano mayor de Sebastián y su amigo de la infancia, así que negó con la cabeza, y se lo repitió varias veces, convenciéndose de que su corazón le pertenecía al hermano menor.
Caminó con seguridad hacia el lugar, a pesar de su look tan excéntrico, no era la única que vestía de esa manera, simplemente era uno de los estilos que estaba de moda, ella no llamaba la atención por su forma de vestir sino por lo hermosa que en realidad era; después de todo, solo su madrastra, de mente estrecha, pensaba que vestirse de esa manera era un pecado.
— ¡Maldita sea! ¡Si no lo hago, me voy a arrepentir el resto de mi vida! —gruñó Damián buscando un lugar donde estacionar a toda prisa.
Dentro del karaoke el grupo estaba reunido y obviamente nadie esperaba por Ada, ni siquiera Sebastián que tanto había insistido en su asistencia, Victoria acomodada en su regazo, con la arrogancia de quien se siente vencedora, apoyaba su cabeza en su pecho mientras recorría el lugar con la mirada.
—¿No te da miedo que Ada llegue y los descubra? —preguntó uno de los amigos de Sebastián entre risas.
Sebastián, en vez de responder, buscó los labios de Victoria y le plantó un beso lento y apasionado ante los vítores del grupo.
—¿Qué importa si se entera?, siempre ha sido mi “pagafantas”, y si yo le digo “salta”, ella solo pregunta qué tan alto.
Las carcajadas estallaron, sin saber que, a pocos pasos, los sueños de una joven de dieciocho años se hacían añicos, una de las presentes, Constanza la más sensata del grupo, y quien años después sería la mejor amiga de Ada, alzó la voz indignada:
—Eres un sinvergüenza Sebastián, la tienes a la expectativa, sembrándole ilusiones, mientras sales con su hermana a sus espaldas—protestó Constanza con vehemencia.
—Ada es buena como amiga, pero no me interesa como mujer —se defendió él— Ella es tan…
Sebastián vaciló, buscando una palabra que no lo hiciera sonar como el hombre miserable que realmente era.
—Entonces déjala en paz, deja de mentirle con lo de la universidad, cuando la verdad es que piensas quedarte en la ciudad para estudiar finanzas.
—No entiendes que la necesito para asegurar mis promedios —se justificó él, sin un ápice de vergüenza.
—Además, no es como si ella fuera a pisar esa universidad —intervino Victoria, con un tono de burla punzante—Papá no está dispuesto a permitir que estudie una carrera que es exclusiva para hombres.
—¿De qué hablas, Victoria? —preguntó la chica, horrorizada— ¿Piensas sabotear su admisión?
—Exactamente, y es por eso que necesito que todos aquí cierren filas conmigo —sentenció Victoria con malicia— ¿No es así, Sebastián?
—Lo que pida mi reina, yo solo cumplo órdenes —respondió él, con una sumisión que rayaba en lo patético.
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