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La Usurpadora Del Siglo XXI

Capitulo:01

—Auch.

Un gemido de incredulidad escapa de mis labios al sentir un frío abrasador en el lado izquierdo del pecho.

Bajo la mirada y me encuentro con lo imposible... El acero de una espada ha atravesado mi cuerpo y la sangre comienza a brotar, espesa y cálida deslizándose como una cascada oscura sobre mi ropa.

—Felipe…

Susurro con la voz quebrada y me giro lentamente buscando en su rostro un rastro de duda, pero sus ojos me devuelven una mirada vacía, carente de culpa.

Con la misma brutalidad con la que lo he visto ejecutar a nobles que se resistían a nuestros robos, tira de la empuñadura y el metal sale de mi carne con un sonido húmedo y un borbotón de sangre escapa de mi boca, imposible de detener.

Mis rodillas ceden ante el impacto del dolor y caigo al suelo jadeando, mientras el mundo comienza a dar vueltas.

Felipe se agacha para recoger la bolsa de monedas que se me ha caído de las manos.

—Lo siento Leticia, no te lo tomes como algo personal.

Dice el maldito con una indiferencia que duele más que la herida y frunzo el ceño apretando los dientes para no desmayarme.

—¿Por qué? Yo creía que tú… Que nosotros…

—¿Qué te amaba?

Se echa a reír, una risa seca y cruel.

—No seas ingenua Leticia, solo éramos compañeros de cama para saciar necesidades... Admito que eres talentosa y me gustaste mucho, pero siempre hay mejores.

El dolor físico se mezcla con una furia fría que me quema las venas e intento ponerme en pie, aunque mis extremidades pesan como el plomo.

—¿Solo por eso me apuñalas por la espalda? ¡Cobarde!

—No querida, no confundas las cosas.

Sonríe de medio lado disfrutando de mi agonía.

—El jefe dio la orden... Si te dejaba vivir, acabarías quitándole el puesto, te has vuelto demasiado buena Leticia, y él no perdona que aceptaras trabajos por tu cuenta... Debiste ser más leal.

—Malditos sean…

Gruño mientras el mareo se intensifica.

—Llámanos como quieras... Solo hacemos lo necesario para sobrevivir.

Felipe guarda su espada con tranquilidad y me da la espalda dándome por muerta.

Gran error... Nadie me traiciona y vive para contarlo.

Reúno hasta la última gota de voluntad que me queda, mis dedos temblorosos y manchados de rojo, buscan la daga que siempre escondo en el forro de mi capa.

Tomo una bocanada de aire que se siente como mil agujas en mis pulmones y con la puntería que me hizo famosa en los barrios bajos, lanzo el arma.

El acero vuela y se hunde profundamente en su costado derecho.

Felipe suelta un grito ahogado... Quizás piense que es una herida superficial, pero no sabe que el filo está impregnado en veneno de acción lenta.

Le quedan dos horas de vida, y serán agonizantes... Jajaja.

Satisfecha, me desplomo sobre la tierra.

Mi vista se pierde en la hermosa luna que brilla en lo alto... Al menos moriré viendo algo puro.

—No tienes que morir si no quieres.

Frente a mí, la luz de la luna parece materializarse en la figura de un hombre joven e imponente.

Me observa con una sonrisa que transmite una paz inquietante.

—Al parecer sí… Estoy en las últimas…

Pienso demasiado débil para hablar.

—No lo estás... Aún tienes una oportunidad.

Responde él como si mis pensamientos fueran gritos.

—¿Puedes leerme la mente?

Logro susurrar.

—Puedo leer todo de ti...Decide ahora o el vacío te reclamará.

—Una oportunidad…

Repito, si el destino me ofrece una salida, no soy tan estúpida como para rechazarla... Eso sí que no.

—Buena elección.

El mundo estalla en luz y siento un tirón violento en el ombligo, como si mi alma fuera arrancada de mis huesos y lanzada a través de un túnel infinito.

De repente el dolor desaparece.

—¿Qué… qué es este lugar?

Pregunto mareada, mirando un paisaje de ensueño que parece sacado de una pintura.

—Es solo una ilusión para tu transición .

Dice el hombre sentado ahora con elegancia en una banqueta que apareció de la nada.

—Escucha bien, porque no lo repetiré... Tu nuevo nombre será Isabela Torner.

—¿Isabela?

Balbuceo confundida.

—Y el nombre de tu esposo es Román Osorio... La verdadera dueña de ese cuerpo murió en un accidente provocado por su propia imprudencia, pero hay una criatura, una pequeña alma que no tiene la culpa de sus locuras, tu misión es cuidar de ella y arreglar el desastre de relación que tienes con tu esposo, te daré los recuerdos necesarios… El resto depende de tu instinto, suerte Leticia.

—¡Espera! ¿Esposo? ¿Qué criatura? ¡No sé nada de ser esposa!

Intento agarrarlo de la túnica, pero mi cuerpo comienza a desvanecerse.

Lo último que veo es su sonrisa enigmática mientras me desea un buen viaje hacia mi nueva y complicada vida.

Capitulo:02

Un extraño pitido rítmico me hace removerme con incomodidad y arrugo el ceño sintiendo una molestia que me sube por las sienes.

—No entiendo cuál es la necesidad de hacer ruido tan temprano.

Murmuro con la voz pastosa e intento cubrirme la cabeza con las mantas para silenciar ese sonido infernal, pero mis manos rozan algo desconocido... Una tela sedosa y excesivamente suave... No es el tacto áspero de mi capa ni la humedad del bosque.

Abro los ojos de golpe y el resplandor inmaculado de la habitación me obliga a cerrarlos de inmediato cegada por una luz artificial que parece sacada de un hechizo... ¿Será magia? Espero unos segundos obligando a mi vista a acostumbrarse hasta que finalmente puedo analizar el lugar.

No hay árboles, no hay techo de madera no hay luna y no hay olor a sangre... Estoy en una caja de paredes blancas rodeada de artefactos extraños que parpadean de manera extraña... ¿Qué es este lugar?

Mis ojos bajan hacia mi brazo y un pequeño tubo transparente está conectado directamente a mi vena, inyectándome algún líquido desconocido.

—¡¿Pero qué…?!

Mi instinto de supervivencia se activa y sin pensarlo dos veces, sujeto el tubo y lo arranco de un tirón seco y observo una pequeña gota de sangre brotar de mi piel, pero no me importa, de seguro era veneno.

Me pongo en pie de un salto, lista para pelear o escapar, pero el mundo me traiciona y un mareo violento me golpea la cabeza como un mazo obligándome a sentarme de nuevo en la orilla de la cama jadeando.

—Maldita sea…

Gruño sujetándome la frente.

—Este cuerpo ahora es de papel.

—¡Señora Osorio! ¡¿Qué está haciendo?!

Una mujer vestida de azul claro entra corriendo con el rostro desencajado por el horror.

— ¡No puede levantarse, acaba de salir de una crisis!

Arrugo el ceño mirándola con frialdad... no sé quién es esta mujer ni por qué me llama por ese nombre ridículo, pero su miedo me da una ventaja.

—¿Dónde estoy?

Pregunto y mi voz suena mucho más aguda y delicada de lo que recordaba, pero ahora no le doy mucha importancia.

— Y más te vale hablar claro si no quieres problemas.

La mujer retrocede parpadeando confundida y en ese momento siento un fuerte dolor de cabeza que me hace cerrar los ojos por unos segundos y a mi mente llega la traición de Felipe y luego la nueva oportunidad de ese hombre...

Antes de que pueda articular otra palabra, el sonido de unos pasos firmes y pesados resuena en el pasillo.

La puerta se abre con una autoridad que me hace tensar los hombros y ahí está él.

Es más imponente de lo que el hombre místico me mostró.

Traje oscuro, rostro serio, mirada de acero y una mandíbula apretada que delata un odio profundo hacía mí ¿Y yo que hice?

—Veo que has despertado, Isabela.

Dice el hombre y su voz es como un latigazo de hielo.

— ¿Es que ni siquiera el hospital es suficiente para que dejes de hacer tus escenas dramáticas? ¿Acaso eres una niña? ¡Compórtate como una mujer!

Su tono de voz hace que sienta como las orejas se me calientan y lo miro frunciendo el ceño más de lo que estaba.

—Cuide su tono ante mí, no soy su sirvienta noble maldito.

Digo en voz baja, pero lo suficiente clara para que escuche.

El alza una ceja mientras sus ojos me miran fijamente.

—¿Noble? ¿Acaso el golpe te volvió loca?

¿Me dijo loca?

—Loca tu abuela.

—¿Mencionaste a mi abuela?

Ruge como un león furioso, pero no bajo la vista y lo observo con burla.

—Sí, mencioné a tu abuela ¿Quieres que repita la frase? Loca tu abuela.

La firmeza en mi voz me hace sentir poderosa, pero antes de que el mal nacido diga algo más la doctora se interpone entre nosotros.

—Señor Ossorio, lamento decir esto, pero tendré que pedirle que salga, la paciente está alterada y eso al bebé le podría hacer daño.

Noto un leve temblor en el tono de la mujer mientras el sudor baja por su frente... ¿Será que le tiene miedo?

Él me mira con ojos asesinos antes de marcharse dando un portazo que me hace sonreír.

—Señora, le recomiendo no volver a faltarle el respeto así a su esposo o podría ser peor, ahora lo importante es su recuperación y la de su bebé.

—Oh, bebé.

Murmuro bajando la vista a mi vientre y observo una pequeña pancita...

Oh cielos, no me se cuidar... ¿Cómo rayos voy a cuidar un bebé?

Capitulo:03

El ser con rostro serio observo la primera interacción de esos dos y una sonrisa se forma en sus labios.

—¿Te diviertes? No creo que haya sido buena elección elegir a esa joven.

El alza las cejas mirando a la hermosa mujer.

—Tengo buen ojo para esas cosas, ya verás como ambos caerán rendidos eternamente enamorados.

—Mmm, eso espero.

(...)

ROMÁN OSSORIO:

Salgo del hospital sintiendo como mi cabeza martillea con fuerza y me dirijo a mi auto el cual uno de mis hombres abre como siempre y yo entro sin decir nada.

—¿Todo bien señor?

Pregunta Santiago, mi chofer de toda la vida.

—Sabes que cuándo se trata de mi esposa nada está bien... Esa mujer pone en límite mi poca paciencia.

Resoplo intentando relajarme un poco, pero se me hace imposible.

—Solo le queda un año en el contrato, aguante un poco más y ya podrá divorciarse.

—Estamos esperando un hijo, ahora es más complicado, si tan solo esa maldita mujer no me hubiese drogado ese día... Todo sería más fácil.

Murmuro cerrando los ojos tratando de pensar con caridad.

—Vamos a la empresa, de alguna manera necesito distraerme.

—Si señor.

Dice Santiago poniéndose en marcha, mientras a mi mente llega la expresión de Isabela... ¿Por qué se miraba diferente?...

ISABELA:

​La doctora con amabilidad me explica que debo guardar reposo absoluto por unos días debido al accidente.

Me habla de "niveles de estrés", de "ecografías" y de términos que me suenan a magia negra... Sí, de seguro me quiere hechizar.

No entiendo la mitad de lo que dice, pero asiento con la mirada perdida en mis propias manos... Son manos delicadas, suaves, sin una sola cicatriz de combate... Esto es genial, parece la mano de una noble.

​—Señora Osorio, ¿me ha escuchado? El bienestar de su bebé depende de que se mantenga tranquila.

Insiste la mujer de bata blanca.

​¿Bebé? ¿Esa es la "criatura" de la que habló aquel hombre guapo en aquel paraíso?

Toco mi vientre instintivamente, está un poco abultado y algo dentro de mí se remueve... Es como un instinto de protección, uno que nunca sentí en mi vida pasada, es muy extraño.

​—Estaré bien.

Corto con firmeza.

— Solo quiero salir de este lugar... Huele a muerte y a debilidad.

​La doctora parpadea sorprendida por mi tono, de seguro la Isabela anterior seguramente habría llorado o suplicado atención, pero yo solo quiero un arma y un mapa de este extraño siglo que creo es el ¿XXI?

​La mujer me deja sola por fin y con cuidado me levanto de la cama con cuidado ignorando el leve mareo.

Camino hacia un gran ventanal y lo que veo me deja sin aliento: carruajes de metal que se mueven sin caballos, edificios que tocan las nubes y luces brillantes por todos lados... ¡Esto es increíble!

​—Vaya… Así que este es el futuro.

Susurro para mí misma.

​Con curiosidad me observo en el espejo que cuelga en la pared y el rostro de Isabela Torner es angelical, de piel de porcelana y ojos bellos que parecen un hermoso ángel... Con este rostro puedo ser la emperatriz de este mundo, jeje.

​—Escúchame bien Isabela.

Le digo a mi reflejo con una sonrisa gélida.

—No sé qué clase de vida miserable llevabas, ni por qué ese hombre, bueno tu esposo llamado Román te mira como si fueras basura, pero eso se acabó...Nadie vuelve a pisotear este hermoso rostro de porcelana.

​Me fijo en la mesa de noche y hay un aparato rectangular y plano que brilla.

Lo tomo con cautela "Teléfono", dice mi memoria prestada y al tocar la pantalla veo una foto que parece real... Es de Isabela y Román, el no sonríe, se ve rígido como un guerrero obligado a posar con su enemigo.

​—Un contrato de casamiento ¿eh?

Murmuro recordando las palabras que flotan en mi nueva mente.

—Pues prepárate Román Osorio, porque la mujer que drogaste… Perdón, la mujer que te drogó ya no está aquí... Ahora tienes a una experta en venenos y traiciones en tu propia cama... Mmm, además eres muy guapo... Justo como me gustan.

​Un golpe seco en la puerta interrumpe mis pensamientos e inmediatamente me acuesto.

—Adelante.

Artículo con voz suave y la puerta es abierta. Una joven con un carrito de hierro entra y observo varios extraños platillos verdes.

—Su almuerzo señora Ossorio.

Dice sin mirarme y arrugo el ceño mirando que no hay nada comestible.

—¿Qué es eso?

—Lo que siempre almuerza señora... Es su menú de hoy.

Resoplo mirando a la joven fijamente.

—Mírame a los ojos.

Con su cuerpo tenso ella levanta la mirada y yo sonrío.

—Mi lady ¿Me podrías traer algo comestible? Ya sea carne, sopa... No mejor un conejo asado, creo que prefiero un conejo.

La joven me mira con espanto.

—Señora, sabe que necesito el trabajo, por favor no me bote.

—No voy a botarte, solo has lo que te pido.

—Es que... Carne de conejo... Señora, no se consume ese tipo de carne.

—Ah, ya veo... Entonces taime la carne que se consume... De todos los tipos por favor... Y llévate esto.

—¡Si señora!

Dice y se marcha de inmediato y sonrío con felicidad.

—Oh, entonces así se siente ser una noble.

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