NovelToon NovelToon

SUEGRO Y YERNO CAMBIANDO SU TRAGEDIA

RENUNCIAS BAJO EL MISMO SOL.

Era un día normal.

El sol brillaba para todos, sin distinción. No importaba si eras rico o pobre, si trabajabas o eras desempleado. Todos vivían bajo el mismo cielo… aunque algunos lo hacían encadenados a la rutina de las grandes corporaciones.

Empresas gigantescas donde miles competían entre sí, buscando sobresalir, esperando un ascenso que casi nunca llegaba… o al menos un aumento que hiciera el esfuerzo un poco más soportable.

Había una frase que ambos conocían bien:

"El rico es rico porque nunca gasta."

O al menos eso era lo que Jinxiao Gu y Lin Hao pensaban.

Ellos eran chicos sobresalientes. Se conocieron cuando eran niños, en una etapa difícil para uno de ellos. La madre de Lin había escapado con su amante, dejando atrás a su hijo y a su esposo. En ese momento, la madre de Jinxiao, al ver la situación, no dudó en acercarse, brindar apoyo y acompañarlos en esos días oscuros.

Con el tiempo, ese apoyo se convirtió en algo más.

Años después, sus padres terminaron casándose cuando ambos alcanzaron la mayoría de edad.

Desde entonces, no solo eran mejores amigos.

Eran familia.

Hermanos.

—Estoy cansado, el jefe me va a causar una úlcera estomacal —murmuró Lin Gao, apoyando ambas manos en el lavabo mientras se miraba al espejo con ojeras marcadas.

—Ni que lo digas —respondió Jinxiao, cruzado de brazos, apoyado contra la pared—. ¿No escuchaste que despidió a dos nuevos solo porque excluyeron su nombre de un proyecto?

Lin soltó una risa amarga.

—¿Cómo no? Si prácticamente gritó en toda la oficina. Ese hombre necesita terapia… o un golpe de realidad.

Ambos estaban en el baño de la empresa, aprovechando ese pequeño refugio para quejarse de su jefe explotador.

Llevaban tres años trabajando ahí.

Tres años con el mismo salario.

Tres años en los mismos escritorios.

Tres años de promesas vacías.

—¿Y qué es lo peor? —continuó Lin, girándose hacia Jinxiao—. Que lo hemos intentado. Una y otra vez.

Jinxiao suspiró con pesadez.

—“No están listos para el puesto” —repitió con voz monótona, imitando a su jefe—. Siempre dice lo mismo.

—Claro, porque “listos” significa ser su lamebotas personal —bufó Lin.

El silencio cayó por un momento.

Un silencio pesado.

Cansado.

—Oye… —dijo Lin de pronto, con una media sonrisa—. ¿Crees que algún día podamos vivir rodeados de lujos sin tener que trabajar?

Jinxiao alzó una ceja.

—¿Sin trabajar? Eso suena más a fantasía que a meta.

—Déjame soñar, ¿sí? —respondió Lin, rodando los ojos—. Ya suficiente tengo con esta vida.

Jinxiao sonrió levemente, pero sus ojos no reflejaban humor.

—Seamos positivos —dijo finalmente—. Si nos vuelve a rechazar, le contamos a su esposa que lo vimos en el estacionamiento con su secretaria.

Lin soltó una carcajada.

—Eso sí sería entretenimiento de calidad.

Ambos rieron, sin imaginar que esas palabras no quedarían solo entre ellos.

No sabían que, del otro lado de la puerta…

Alguien había escuchado todo.

La esposa de su jefe.

Y no tardó en actuar.

Minutos después, la empresa entera se convirtió en un campo de batalla.

—¡Eres un infiel! —se escuchó gritar desde el pasillo principal.

—¡Cálmate! ¡Esto no es lo que parece! —respondía una voz masculina desesperada.

—¡¿No es lo que parece?! ¡Te vi, maldito! ¡Y no solo eso, también sé lo del dinero!

Los empleados salían de sus cubículos, murmurando, observando el espectáculo con sorpresa y morbo.

Lin y Jinxiao intercambiaron miradas.

—…Creo que alguien nos escuchó —susurró Lin.

—Definitivamente alguien nos escuchó —respondió Jinxiao, llevándose una mano a la frente.

El caos duró un buen rato.

Gritos.

Acusaciones.

Amenazas.

Hasta que finalmente… silencio.

Un silencio incómodo.

Pesado.

Y entonces…

Fueron llamados.

Ambos entraron a la oficina con una sensación clara de que nada bueno les esperaba.

Su jefe los miraba con el ceño fruncido, el rostro enrojecido de ira.

—¿Es que acaso ustedes no saben cerrar la boca? —escupió con evidente molestia.

—Nosotros no… —intentó Jinxiao.

—¡No digan que no fueron ustedes! —lo interrumpió, golpeando el escritorio—. Las cámaras los vieron salir del baño.

Encendió la pantalla, mostrando el video de seguridad.

Ambos guardaron silencio.

—…Lo sentimos —dijeron al unísono.

El sermón fue largo.

Tedioso.

Humillante.

Cada palabra parecía diseñada para aplastarlos más.

Hasta que…

—Es por eso que una y otra vez he rechazado sus solicitudes de ascenso —dijo su jefe, acomodándose en su silla con superioridad.

Algo en Lin se rompió.

—¡Es el colmo! —gritó, dando un paso al frente—. ¡No nos asciende porque solo le da esos puestos a sus estúpidos lamebotas!

El aire se volvió denso.

—¡Eso basta para despedirlos! —rugió el jefe.

Jinxiao reaccionó de inmediato, intentando calmar a su amigo.

—Lin, espera—

—¿Pues sabe qué? —lo interrumpió, con la respiración agitada—. ¡RENUNCIO!

Se giró para salir, pero Jinxiao lo sujetó del brazo.

—Espera.

El silencio volvió a caer.

—Más le vale pagarnos el finiquito —dijo Jinxiao con voz firme—. Yo también renuncio… pero antes de irme, déjeme decirle algo.

Soltó a Lin y caminó lentamente hacia el escritorio.

Cada paso era calculado.

Cada mirada… fría.

Se detuvo frente a él.

—Es un bueno para nada —dijo con calma, pero con un filo que cortaba—. Su empresa no logrará mantenerse en pie cuando Hacienda descubra que es un imbécil para malversar fondos… de la empresa de su propia esposa.

El rostro del jefe palideció.

—Y me encargaré de que ella lo sepa todo —continuó—. Así que le sugiero algo…

Se inclinó ligeramente hacia él.

—Si algo nos ocurre… dejaré toda la información en manos de alguien de confianza.

Se enderezó.

—Que tenga linda tarde.

El silencio fue absoluto.

Sin esperar respuesta, Jinxiao se dio la vuelta.

Lin lo miró, sorprendido… y luego sonrió.

—…Eso fue hermoso.

Ambos salieron de la oficina.

Recogieron sus cosas.

Caminando por los pasillos donde habían dejado tanto tiempo de sus vidas… sin mirar atrás.

Y al cruzar la puerta de la empresa…

Por primera vez en años…

Sintieron algo parecido a la libertad.

Sin saber…

Que ese era solo el inicio de su verdadera historia.

UN SEGUNDA VIDA INESPERADA.

El departamento en el que vivían era un regalo de sus padres. Cuando ellos se enteraron de que ambos habían renunciado a sus empleos, en lugar de molestarse… les brindaron su apoyo incondicional.

—¡Qué bueno que renunciaron a ese empleo! —dijo Lulú, abrazando a su hijo con fuerza, como si quisiera compensar cada día de estrés que había soportado.

—Sí, ahora pueden ir a cumplir sus sueños —añadió Han, colocando una mano sobre el hombro de ambos—. Y si necesitan dinero para viajar, no duden en pedirlo.

Jinxiao y Lin intercambiaron miradas, sorprendidos.

—Así es —continuó Lulú con una sonrisa cálida—. No se preocupen por el dinero, lo material viene y va.

Sus padres siempre habían sido así.

Comprensivos.

Amorosos.

Libres de prejuicios.

Más aún cuando ambos salieron del clóset. Aunque cada uno tenía gustos distintos, sus padres los apoyaron sin dudar… incluso llegaron a creer, durante un tiempo, que ellos mantenían una relación romántica.

La sorpresa fue enorme cuando finalmente les presentaron a sus verdaderas parejas.

Relaciones que… no siempre terminaban bien.

—Gracias, mamá, papá… son los mejores —dijo Lin, abrazándolos con fuerza, con una sonrisa sincera que no mostraba desde hacía tiempo.

Jinxiao, por su parte, asintió en silencio, sintiendo un calor extraño en el pecho.

Esa noche, por fin pudieron descansar.

Sin correos urgentes.

Sin llamadas del jefe.

Sin presión.

Cuando sus padres se marcharon, ambos decidieron celebrar a su manera.

Latas de cerveza.

Comida desordenada sobre la mesa.

Y una historia… que, según Lin Hao, era de las mejores.

—Te lo juro, ese protagonista me cae súper mal —dijo Lin Hao, ya algo ebrio, señalando la pantalla con indignación—. Mira que tener al padre y al hijo en la palma de su mano, solo para que al final los abandone por otro chico… pfft, qué basura.

Desde que habían renunciado, su apartamento se había convertido en su refugio… su cueva.

Un lugar donde podían ser ellos mismos.

Donde nadie los juzgaba.

Donde podían olvidar.

—¿Cómo te pueden gustar ese tipo de historias? —preguntó Jinxiao, apoyado en el respaldo del sofá, observándolo con escepticismo.

—No tiene nada de malo —respondió Lin Hao, tambaleándose ligeramente—. Nunca está de más ver algo divertido.

—¿Divertido? Eso suena más a sufrimiento innecesario.

—¡Exacto! Por eso es bueno —rió.

Jinxiao negó con la cabeza, pero no pudo evitar sonreír.

—Bueno… ¿y luego qué sigue?

—Deberías verla conmigo —insistió Lin Hao, dejándose caer contra él—. El protagonista no es nada relevante… pero los antagonistas… uff.

—¿Ah sí? —preguntó Jinxiao, mientras lo levantaba con cuidado—. A ver, sorpréndeme.

—Los antagonistas aparecen hasta la mitad de la historia —dijo Lin Hao mientras era llevado hacia su habitación—. Ambos tienen la misma edad… pero uno es más serio que el otro.

Se soltó de repente y bajó tambaleándose de nuevo al piso inferior.

—Pero es una pena… —continuó, con un deje de frustración—. Ambos se ven mucho mejor que el protagonista. Brillan por sí mismos… pero el guion los hace ver como las peores personas.

—Ya veo… —respondió Jinxiao, siguiéndolo—. ¿Y al final qué sucede?

Finalmente logró acostarlo en la cama.

—Ambos mueren… —murmuró Lin Hao, frunciendo el ceño—. Ni siquiera aparecen en muchos capítulos… y al final, sus esposos se quedan sin el protagonista… después de haberlos matado.

—Vaya historia tan… deprimente —comentó Jinxiao.

—Lo sé… —suspiró Lin Hao.

El silencio llenó la habitación.

—Bien… descansa —dijo Jinxiao, acomodando la manta sobre él.

—Sabes… —murmuró Lin Hao, con los ojos ya cerrados— daría lo que fuera por ser como ellos… solo extender mi mano y recibir dinero…

Jinxiao se quedó en la puerta.

Observándolo.

Pensativo.

—Yo también… —susurró apenas.

Cerró la puerta con cuidado y se dirigió a su propia habitación.

Sin saber…

Que el destino ya había comenzado a moverse.

Que su historia…

Estaba a punto de cambiar.

Mientras dormían, un terremoto azotó la ciudad.

Al principio, fue leve.

Un temblor casi imperceptible.

Pero luego…

Todo comenzó a sacudirse con violencia.

Jinxiao abrió los ojos de golpe.

—¿Qué…?

El suelo temblaba.

Los muebles crujían.

El sonido de vidrios rompiéndose llenó el aire.

—¡Lin!

Sin pensarlo, salió corriendo hacia la habitación de su hermano.

Cuando llegó, lo encontró debajo de la cama, cubriéndose la cabeza.

—¡Aún tenemos una oportunidad para salir! —gritó Jinxiao, inclinándose para jalarlo.

—¡No quiero morir aplastado! —respondió Lin, con la voz temblorosa.

El terremoto se detuvo por un momento.

Silencio.

Un silencio aterrador.

—Vamos —dijo Jinxiao, ayudándolo a levantarse—. Ahora.

Corrieron hacia la salida.

Pero entonces…

El suelo volvió a sacudirse.

Más fuerte.

Mucho más fuerte.

Los árboles afuera se inclinaban violentamente.

Los autos comenzaron a sonar.

Alarmas.

Gritos.

Los perros y otros animales no dejaban de aullar.

El mundo parecía desmoronarse.

—¡Rápido! —gritó Jinxiao.

Estaban a punto de salir cuando…

El edificio colapsó.

Todo se volvió oscuridad.

Existe una superstición…

Que dice que al morir, ves un túnel… con una luz al final.

Nadie sabe realmente qué hay después.

Ni qué sucede con el alma.

Ni si hay una segunda oportunidad.

Cuando Jinxiao abrió los ojos, la luz del sol lo cegó.

Parpadeó varias veces.

Confundido.

Estaba… sentado en un sofá.

Vestía ropa elegante.

De marca.

Y una sirvienta… le estaba dando un masaje en los hombros.

—¿Señor? —preguntó ella con suavidad.

Antes de que pudiera reaccionar—

—¡Esto está delicioso! —gritó Lin desde la cocina.

Jinxiao se levantó de golpe, el corazón latiendo con fuerza.

Corrió.

Preparándose para lo peor.

Pero lo que encontró…

No tenía sentido.

Un chico.

Sentado frente a la mesa.

Con varios platos vacíos.

—Tú…

—Lo siento —dijo Lin rápidamente, bajando la cabeza—. Tenía mucha hambre.

Jinxiao frunció el ceño.

Algo… no encajaba.

—No tendrías hambre si hubieses cenado bien anoche —respondió automáticamente.

Ambos se quedaron en silencio.

—Debo admitir que la cerveza estaba en su punto, porque…

—Porque no hay mejor forma de olvidar las penas que con una buena cerveza —dijeron ambos al mismo tiempo.

Silencio.

Miradas.

Confusión.

"¿Qué está pasando?", pensó Jinxiao.

—Jin… —la voz de Lin tembló—. Creí que jamás volvería a verte…

Se levantó de golpe y lo abrazó con fuerza.

—Pensé que… que habíamos muerto…

Jinxiao se quedó inmóvil por un segundo…

Y luego lo abrazó de vuelta.

—Yo también…

Ambos recordaban algo.

Ruido.

Caos.

Oscuridad.

Pero no lograban unir las piezas.

—¿Por qué está todo… tan raro? —susurró Lin.

—No lo sé…

Se separaron lentamente.

Mirando a su alrededor.

La casa.

La ropa.

Los sirvientes.

Nada era suyo.

Nada era real.

Y, sin embargo…

Todo se sentía demasiado vívido para ser un sueño.

Sin saber aún…

Que ya no estaban en su mundo.

Y que su nueva vida…

Apenas comenzaba.

INTENTO DE HUIDA FALLIDO.

Ambos estaban demasiado consternados por lo que sus ojos veían.

Pisos de mármol perfectamente pulidos.

Una enorme escalera cubierta por una elegante alfombra roja, con pasamanos de oro que brillaban bajo la luz.

Un candelabro colgante… decorado con diamantes.

Jinxiao no podía creer que estuviesen en un lugar tan lujoso.

Era el tipo de sitio que solo había visto en películas… o en sueños.

En cambio, Lin no dejaba de mirar a su alrededor, completamente embelesado.

—¿Dónde estamos? —preguntó Jinxiao, jalando a su amigo del brazo para que reaccionara.

—¡Señor, por favor perdone al señorito! ¡Si lo golpea, su hijo no lo perdonará! —dijo una mujer algo canosa al ver la escena, claramente alarmada.

Jinxiao lo soltó de inmediato, carraspeando antes de hablar con un tono más suave.

—Tú… tú eres… —intentó recordar.

—Mi señor, tantos años he trabajado bajo su mando y aún no recuerda mi nombre —respondió la mujer con una ligera reverencia—. Soy Nana He.

—Nana, descuida —intervino Lin rápidamente, sonriendo con naturalidad—. Solo estamos algo cansados, no es nada malo. ¿Por qué no mejor va a la cocina y prepara el desayuno? No me llené hace un rato.

La mujer dudó por un momento.

Algo no encajaba.

El joven esposo de su señorito… jamás la llamaba “nana”.

Aun así, decidió seguirles la corriente.

—Como usted diga, señorito…

Se dirigió a la cocina, aunque al revisar las ollas, notó algo extraño.

—¿Qué mosco le habrá picado…? —murmuró, viendo que no había nada de lo que había preparado más temprano.

Mientras tanto, Lin tomó a Jinxiao del brazo y lo arrastró escaleras arriba.

Directo a la habitación donde había despertado.

Cerró la puerta con rapidez.

—Ya sé dónde estamos —dijo con seriedad.

—¿En serio? —respondió Jinxiao, aún confundido.

—Sí… y debemos salir de aquí antes de que nuestros queridos esposos nos maten por la protagonista.

Sin perder tiempo, comenzó a abrir cajones, sacando dinero, joyas y cualquier objeto de valor.

—¡Espera! —dijo Jinxiao, sintiendo un escalofrío—. ¿Matarnos?

—Así es —respondió Lin, sin dejar de moverse—. Apresúrate a ayudarme antes de que alguien note que estamos escapando.

—Pe… pero…

Lin se detuvo un segundo, respirando hondo.

—Escucha bien. Entramos a la novela que estaba viendo antes de dormir. Tú y yo… somos personajes secundarios.

Se giró hacia él.

—Tú eres mi suegro, Jinxiao Ge. Hijo mayor de la familia Ge. Estás casado con el demonio Qian Wu, presidente de una de las empresas Wu. Guapo, rico… todo lo que quieras imaginar. Pero su matrimonio fue forzado por ambas familias.

Jinxiao parpadeó varias veces.

—No veo lo malo…

—Y yo estoy casado con su hijo, Liang Wu —continuó Lin, retomando su frenética búsqueda—. Rico, guapo… y frío como el hielo con cualquiera que se le acerque. Y, por supuesto, detesta a este hermoso joven con toda su alma.

—¿Y nos quieren matar porque…?

Lin se detuvo, mirándolo directamente.

—Porque somos un dolor de cabeza constante. No dejamos de causarle problemas a la protagonista… y tú…

Hizo una pausa dramática.

—Le eres infiel a Qian.

—¿¡Yo!? —Jinxiao soltó una risa incrédula—. Si nunca he llegado a tocar eso con ninguno de mis novios.

—Sí, tal vez el Jinxiao hijo de nuestra mamá —replicó Lin—. Pero este es Ge. Y su familia no deja de presionarlo para que tenga un hijo con Qian y así obtener parte de las acciones de la empresa Wu.

El silencio se volvió pesado.

—…Esto es una pesadilla —murmuró Jinxiao.

—No, es peor —respondió Lin, cerrando la maleta—. Es un guion trágico.

Se giró hacia él.

—Si nos vamos ahora, tal vez logremos salir de la ciudad antes de que ellos regresen con la protagonista. Así que agarra lo que vayas a llevar. Viviremos lejos de aquí.

Jinxiao respiró hondo.

Y luego… sonrió.

—Es un buen plan, hermanito.

Jinxiao lo dejo solo al salir a hacer lo suyo.

Lin le devolvió la sonrisa, decidido.

Antes de salir de esa habitación, dejó sobre la cama una hoja con el título:

DIVORCIO

La firmó y selló con su huella.

Sin mirar atrás, salió de la habitación.

—¿Ya estás listo? —preguntó al abrir la puerta de la habitación de Jinxiao.

—Sí… solo dejo esto aquí.

—Por algo hemos sido amigos tantos años —respondió Lin—. Yo también dejé el acuerdo de divorcio firmado.

—Pues sí… porque parece que mi querido esposo tiene todo un cajón lleno de estos papeles —dijo Jinxiao, mostrando el cajón.

Lin lo miró sorprendido.

—Tenía prisa…

—No te sientas mal —añadió rápidamente—. No eres el Jinxiao del que quería divorciarse.

Jinxiao bajó la mirada.

—No lo soy… pero por alguna razón… me duele lo que él sintió por él.

Lin se acercó y le dio una palmada en el hombro.

—No es bueno lamentarnos. No nos aman… así que lo mejor es dejarles el camino libre.

Tomó la maleta.

—¿Vamos?

—Sí… vamos.

Bajaron sigilosamente las escaleras.

Cada paso… contenido.

Cada respiración… medida.

Se acercaron a la salida con cuidado.

Jinxiao tomó unas llaves con iniciales grabadas.

Esperaron.

El guardia caminaba de un lado a otro.

—Ya se fue… vámonos —susurró Jinxiao, siendo el primero en salir.

Ambos corrieron.

El auto… rojo como la sangre.

Las llaves coincidían.

Subieron rápidamente.

—¡Sujétate! —dijo Jinxiao.

El motor rugió.

Y dejaron atrás la mansión.

Sin mirar atrás.

Como si escaparan del destino mismo.

Su primera parada fue una tienda de autos usados.

—Gracias por venir a nuestra tienda, les deseamos un buen viaje —dijo el gerente, reconociéndolos de inmediato.

—¡Jefe! ¿Por qué les pagó casi lo mismo del auto? —susurró una empleada.

—¿No sabes quiénes son? Son parte de los Wu. ¿Quieres quedarte sin trabajo?

—N-no…

—Entonces cállate y atiende bien.

Vendieron el auto.

Luego, una joyería.

—Gracias por su visita… vuelvan pronto —dijo el cajero, aliviado tras cerrar el trato.

—Tu talento para esto no lo perdiste —comentó Jinxiao.

—Siempre he sido bueno vendiendo lo que sea —respondió Lin con orgullo.

Finalmente, el aeropuerto.

Boletos comprados.

Puerta de abordaje.

Esperanza.

Estaban subiendo al avión cuando—

—Señores, acompáñennos.

Fueron detenidos.

Llevados a una sala de interrogatorio.

—No hicimos nada malo… ¿o sí? —dijo Lin, mordiéndose las uñas.

—No digas nada —respondió Jinxiao—. Si es la policía, nos dejarán libres.

Minutos después—

—Pueden irse. Disculpen la molestia.

Ambos salieron.

Y entonces…

Chocaron con dos hombres.

Altos.

Guapos.

Imponentes.

Peligrosos.

—¿A dónde creen que van? —dijo uno.

El corazón de Lin se detuvo.

—A quejarnos con el aeropuerto —respondió con sarcasmo—. Me bajaron del avión sin explicación. Merezco—

—¿Qué te importa? —añadió con desafío.

—Ya basta —dijo el otro hombre con voz fría—. Vámonos. Eso los incluye a ustedes dos.

—No —respondió Jinxiao con firmeza.

Silencio.

Tensión.

Y en un instante...

Ambos fueron cargados.

—¡¿Qué te pasa?! —gritó Lin, forcejeando—. ¡Esto es secuestro! ¡Déjenme salir!

—Vámonos —ordenó el hombre al chofer.

En el otro auto, Jinxiao no dudó.

Le lanzó un golpe directo al rostro.

—Déjame salir… y no te daré otro.

El hombre se acomodó la corbata, impasible.

—¿Qué estás esperando? Vámonos.

Las puertas se cerraron.

Los autos avanzaron.

Y con ello…

Su intento de escapar del destino…

Había fracasado.

Download MangaToon APP on App Store and Google Play

novel PDF download
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play