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Chanmin

entre notas y cariños

El sol filtrándose por las cortinas del dormitorio iluminaba el rostro de Seungmin, quien acababa de despertar envuelto en los brazos de Bang Chan. La habitación aún conservaba el aroma suave del café que habían tomado la noche anterior, mezclado con el perfume característico de ambos –un toque de vainilla y madera que los hacía sentir como en casa.

Eran novios desde hacía casi un año, y aunque su vida estaba llena de giras, ensayos y compromisos, siempre encontraban maneras de conectarse de verdad. Chan despertó justo después, sintiendo el movimiento de Seungmin en sus brazos; sus labios se posaron suavemente en la coronilla del menor, mientras sus manos acariciaban su cabello castaño con ternura.

—Buenos días, amor —susurró Chan, su voz aún ronca por el sueño. Seungmin giró sobre sí mismo para mirarlo a los ojos, esos ojos marrones que siempre le transmitían calma y seguridad.

—Buenos días, hyung —respondió con una sonrisa dulce, acercando su rostro para besarlo suavemente. El beso fue lento y cálido, como si quisieran saborear cada segundo juntos antes de que el mundo exterior invadiera su espacio.

Seungmin se sentó en la cama, envuelto en la sábana, mientras Chan se incorporaba y tomaba su guitarra acústica que estaba apoyada en la esquina. Había compuesto una nueva melodía y quería que él fuera el primero en escucharla. Los dedos de Chan recorrieron las cuerdas con destreza, produciendo un sonido suave y envolvente que llenó la habitación.

Mientras cantaba, sus ojos nunca se separaron de los de Seungmin, quien lo miraba con una mezcla de admiración y amor incondicional. Cuando terminó la canción, Seungmin se acercó a él, sentándose en su regazo y rodeándole el cuello con los brazos.

—Me encanta —dijo, antes de besarlo de nuevo, esta vez con más pasión. Sus labios se movían en perfecta armonía, como las notas de la canción que acababa de escuchar. La mano de Chan posó suavemente en la cintura de Seungmin, mientras el menor hundía los dedos en el pelo oscuro de su novio.

Se fueron acostando de nuevo sobre la cama, el contacto de sus cuerpos transmitiendo una calidez que iba más allá del físico. Chan exploraba su piel con manos cuidadosas y cariñosas, como si cada centímetro fuera un tesoro que debía proteger. Seungmin susurraba su nombre entre suspiros, encontrando consuelo y placer en el tacto de la persona que más amaba en el mundo.

Cuando sus cuerpos se unieron, fue con una conexión tan profunda como la de su música –cada movimiento sincronizado, cada gesto cargado de cariño y respeto mutuo. Se murmuraban promesas al oído, recordándoles que, sin importar lo ocupada que fuera su vida, siempre tendrían ese espacio solo para ellos dos.

Después, acurrucados uno contra el otro, Chan tomó un cuaderno de notas y empezó a escribir algunas letras nuevas, mientras Seungmin leía en silencio junto a él, de vez en cuando dejando un beso

REFUGIO EN EL SILENCIO

El vuelo había sido interminable, y cuando llegaron al hotel en la madrugada, ambos estaban agotados. Chan abrió la puerta de la habitación con las llaves temblando un poco, mientras Seungmin llevaba los bolsos pequeños que habían traído para la estadía.

No necesitaron palabras –simplemente se miraron, y en sus ojos se reflejaba la misma sensación de agotamiento y anhelo de cercanía. Seungmin se desvistió lentamente, dejando la ropa sobre la silla, mientras Chan encendía las luces tenues del cuarto.

Se abrazaron en el centro de la habitación, sus cuerpos cansados buscando consuelo en el contacto. Chan posó sus labios sobre la frente de Seungmin, luego bajó hasta sus mejillas, sus besos suaves como plumas.

—Te extrañé mucho —susurró Seungmin, hundiendo la cara en el pecho de su novio.

Chan lo llevó hasta la cama, acostándose con él en sus brazos. Sus manos recorrieron su espalda con ternura, desenredando los nudos del estrés acumulado. Se acercaron más, sus cuerpos entrelazándose en una danza lenta y cariñosa, cada movimiento cargado de un amor que había estado esperando este momento de intimidad.

Después, acurrucados uno al lado del otro, el silencio del hotel los envolvió. Chan acariciaba su cabello mientras Seungmin dormía tranquilamente sobre su pecho.

—Nunca te dejaré ir —dijo Chan en voz baja, antes de cerrar los ojos.

refugio en el silencio

El vuelo había sido interminable, y cuando llegaron al hotel en la madrugada, ambos estaban agotados. Chan abrió la puerta de la habitación con las llaves temblando un poco, mientras Seungmin llevaba los bolsos pequeños que habían traído para la estadía.

No necesitaron palabras –simplemente se miraron, y en sus ojos se reflejaba la misma sensación de agotamiento y anhelo de cercanía. Seungmin se desvistió lentamente, dejando la ropa sobre la silla, mientras Chan encendía las luces tenues del cuarto.

Se abrazaron en el centro de la habitación, sus cuerpos cansados buscando consuelo en el contacto. Chan posó sus labios sobre la frente de Seungmin, luego bajó hasta sus mejillas, sus besos suaves como plumas.

—Te extrañé mucho —susurró Seungmin, hundiendo la cara en el pecho de su novio.

Chan lo llevó hasta la cama, acostándose con él en sus brazos. Sus manos recorrieron su espalda con ternura, desenredando los nudos del estrés acumulado. Se acercaron más, sus cuerpos entrelazándose en una danza lenta y cariñosa, cada movimiento cargado de un amor que había estado esperando este momento de intimidad.

Después, acurrucados uno al lado del otro, el silencio del hotel los envolvió. Chan acariciaba su cabello mientras Seungmin dormía tranquilamente sobre su pecho.

—Nunca te dejaré ir —dijo Chan en voz baja, antes de cerrar los ojos.

CUANDO LAS LUZES SE APAGAN

El backstage del estadio estaba en completo caos. Instrumentos esparcidos por todas partes, cables que cruzaban el suelo como serpientes de goma, y el bullicio de técnicos corriendo de un lado a otro para ajustar los últimos detalles antes del concierto en Seúl. Bang Chan revisaba por tercera vez la lista de canciones en su cuaderno, aunque ya la conocía de memoria –cada acorde, cada cambio de tempo estaba grabado en su mente como el rostro de Seungmin.

Habían estado dos semanas sin poder estar solos, entre ensayos intensivos, entrevistas y sesiones de fotos. El amor que normalmente fluía entre ellos se había visto reducido a miradas rápidas entre bastidores, toques discretos en el brazo o una palabra cariñosa susurrada en medio de la multitud. Seungmin estaba en el rincón, ajustando su micrófono con la mirada perdida en el suelo, y Chan notó de inmediato que algo no iba bien.

—¿Todo bien, amor? —preguntó él, acercándose a él cuando nadie miraba. Seungmin levantó la cabeza, y en sus ojos brillaban unas lágrimas que luchaba por contener.

—Solo... extraño estar contigo —dijo en voz baja, agarrándose de la manga de su camiseta de ensayo—. Extraño nuestras mañanas tranquilas, extraño que me cantes canciones nuevas en la cama... siento que entre tanto trabajo, nos estamos perdiendo el uno al otro.

Chan sintió cómo un nudo se formaba en su garganta. Tenía razón –la presión del comeback los había consumido por completo, y aunque siempre habían prometido que su relación sería lo primero, últimamente se habían visto obligados a ponerla en un segundo plano. Tomó su mano con cuidado, llevándola hasta su boca para besar sus dedos.

—Después del concierto, te lo prometo —le dijo con firmeza—. Tendremos todo el tiempo del mundo. Ahora ve a prepararte, ¿vale? Te veré en el escenario.

El show fue espectacular. Las luces del estadio iluminaron a miles de fans que cantaban cada letra al unísono, y la energía que fluía entre el grupo y la audiencia era electrizante. Chan se encontró buscando a Seungmin en el escenario una y otra vez, y cada vez que sus miradas se cruzaban, sentía cómo el fuego de su amor se encendía con más fuerza. Cuando llegaron a la canción que había compuesto para él –la que nadie sabía que era especial– Seungmin cerró los ojos por un instante, sintiendo cada palabra como si fueran dichas solo para él.

Terminado el concierto, los miembros se dirigieron a sus habitaciones del hotel asignadas, pero Chan se desvió por el camino, encontrándose con Seungmin en el pasillo antes de que este entrara en su cuarto. Sin decir nada, tomó su mano y lo llevó hasta la suya, cerrando la puerta con cuidado a sus espaldas.

La habitación estaba en penumbras, solo iluminada por la luz de la luna que se filtraba por la ventana. Se acercaron lentamente, como si se estuvieran encontrando de nuevo después de años de separación. Chan tomó el rostro de Seungmin entre sus manos, borrando con sus pulgares las últimas lágrimas que aún quedaban en sus mejillas.

—Te amo más que cualquier cosa en este mundo —susurró él, antes de besarlo con una pasión que había estado acumulándose durante semanas. El beso fue profundo y necesario, como si necesitaran respirar el uno del otro para sobrevivir. Se desvistieron lentamente, ayudándose el uno al otro con ternura, cada toque un recordatorio de lo mucho que se querían.

Se tumbaron en la cama, y Chan empezó a besar su cuello, sus hombros, cada parte de su cuerpo con la misma dedicación que ponía en su música. Seungmin susurraba su nombre, sus manos recorriendo su espalda, sintiendo cada músculo tensado por el esfuerzo del concierto. Cuando sus cuerpos se unieron, fue con una intensidad que no tenían desde hacía tiempo –unión completa, donde no había espacio para el estrés ni la fama, solo el amor que los mantenía unidos.

Después, permanecieron entrelazados, el corazón de Chan latiendo contra la espalda de Seungmin mientras este jugueteaba con sus dedos. Chan tomó su guitarra acústica que siempre llevaba consigo, afinándola con cuidado antes de tocar una melodía nueva –suave, tranquila, llena de esperanza.

—La escribí en el avión —dijo él, mientras sus dedos recorrían las cuerdas—. Se llama "Refugio". Porque para mí, tú eres el único lugar donde realmente me siento en casa.

Seungmin se giró para mirarlo, con una sonrisa que iluminó su rostro cansado pero feliz.

—Yo también te amo, hyung —respondió, acurrucándose más en su pecho mientras la música llenaba la habitación—. Siempre serás mi refugio.

El sol empezaba a asomarse por la ventana cuando terminó la canción, pintando el cielo de tonos rosa y naranja. Ninguno de los dos dormía –ambos sabían que el mañana traería de nuevo el ajetreo y la presión, pero en ese momento, solo existían ellos dos, unidos por un amor que era más fuerte que cualquier escenario o multitud del mundo.

rumores y resolución

El café en la taza de Chan se había enfriado hacía rato, pero él no podía apartar la mirada de la pantalla de su teléfono. En las redes sociales, las fotos estaban por doquier –imágenes suyas y de Seungmin tomadas en secreto el día anterior, cuando habían salido a caminar por un pequeño parque cerca del hotel antes del amanecer. Los rumores se habían extendido como pólvora: "¿Son más que amigos?", "El dúo más querido del grupo tiene un secreto", "Fotos que revelan la verdad".

Seungmin entró en la habitación con dos nuevas tazas de café caliente, y al ver la expresión en el rostro de su novio, supo de inmediato lo que pasaba. Dejó las tazas sobre la mesita y se sentó junto a él en la cama, tomando su mano con firmeza.

—Ya lo vi —dijo en voz baja—. La agencia nos llamó hace unos minutos. Quieren que tengamos una reunión urgente en la oficina.

Chan cerró los ojos, presionando los dedos entre las cejas para calmar el dolor de cabeza que empezaba a aparecer. Habían cuidado tanto su relación, habían hecho todo lo posible para protegerla del ojo indiscreto de los medios, pero al final, el azar había jugado en su contra.

—Temo lo peor —murmuró él—. Quizás quieran que terminemos... que mantengamos la distancia para no dañar la imagen del grupo.

Seungmin negó con la cabeza, apretándole la mano con más fuerza.

—No lo permitiré —dijo con determinación—. Nuestro amor no es un problema a resolver, es lo mejor que nos ha pasado. Si tienen que elegir entre la fama y nosotros, entonces... entonces tendremos que tomar decisiones difíciles.

La reunión en la agencia fue tensa. Los directivos sentados frente a ellos hablaban de "manejo de imagen", de "expectativas de los fans", de "responsabilidades con el grupo". Chan escuchaba con atención, pero su mano nunca soltó la de Seungmin debajo de la mesa. Cuando llegó el momento de hablar, fue Seungmin quien se adelantó.

—Entendemos la preocupación —comenzó él—, pero no estamos dispuestos a dejar de amarnos. Somos mejores artistas cuando estamos bien, cuando tenemos el apoyo del otro. Si la gente no puede aceptarnos como somos, entonces tal vez no estamos en el lugar correcto.

Los directivos se miraron entre sí, sorprendidos por la firmeza de sus palabras. Después de un largo silencio, el jefe de la agencia suspiró y se inclinó hacia adelante.

—No queremos perderlos a ninguno de los dos —dijo—. Hemos visto cómo trabajan juntos, cómo se apoyan mutuamente. Tal vez sea hora de cambiar las reglas. No podemos confirmar nada públicamente todavía, pero tampoco vamos a obligarlos a ocultar lo que sienten. Vamos a manejarlo con cuidado, paso a paso.

Al salir de la oficina, Chan y Seungmin se abrazaron en el pasillo vacío, soltando el aliento que no sabían que estaban reteniendo. Caminaron hasta el coche que los esperaba, y Chan decidió tomar un atajo por el mismo parque donde los habían fotografiado. La luz del sol bañaba el césped, y algunos niños jugaban cerca del lago.

Se detuvieron bajo un árbol grande, y Chan tomó el rostro de Seungmin entre sus manos, besándolo con toda la pasión y gratitud que sentía en ese momento. No importaba que alguien los viera –ya no tenían miedo.

—Te dije que estaríamos bien —susurró Seungmin, sonriendo mientras una lágrima de alegría bajaba por su mejilla.

Chan sacó su guitarra de la funda que siempre llevaba consigo –había traído la melodía de "Refugio" terminada. Se sentaron en un banco, y él empezó a tocar, sus dedos recorriendo las cuerdas con gracia. Esta vez, no eran solo ellos quienes escuchaban –algunos transeúntes se detuvieron a admirar la música, y hasta algunos fans que los reconocieron se quedaron en silencio, escuchando cada nota.

Cuando terminó la canción, hubo un pequeño aplauso. Chan miró a Seungmin con los ojos llenos de amor, y este le entregó un pequeño paquete envuelto en papel kraft.

—Lo hice con mis propias manos —dijo Seungmin—. Es un collar de chanmin, tejido con hilos de los colores de nuestra luz oficial. Para que siempre tengas un pedacito de mí contigo, dondequiera que vayas.

Chan se puso el collar con ayuda de su novio, luego tomó una pulsera similar que llevaba oculta en su bolsillo –la había hecho en secreto durante las noches de ensayo.

—Para ti —dijo, abrocharándosela en la muñeca—. Un juego. Para que el mundo sepa que estamos juntos, aunque no lo digamos en voz alta.

Regresaron al hotel con la cabeza alta, listos para enfrentar lo que viniera. Sabían que el camino no sería fácil, que habría críticas y dudas, pero también sabían que tenían el apoyo del grupo, de la agencia y de los fans que realmente los amaban.

Esa noche, acostados en la cama, Seungmin apoyó su cabeza en el pecho de Chan, escuchando el ritmo firme de su corazón.

—¿Crees que algún día podremos decirlo todo en público? —preguntó él en voz baja.

Chan acarició su cabello, mirando hacia la ventana donde la luna brillaba en el cielo.

—Sí, amor —respondió con seguridad—. Un día, el mundo entero sabrá lo mucho que te amo. Por ahora, esto es suficiente. Tenemos el uno al otro, y eso es todo lo que importa.

Se besaron suavemente, cerrando los ojos mientras el sueño los envolvía. Al lado de la cama, la guitarra de Chan reposaba sobre una silla, y en su cuerdas se reflejaba la luz de la luna –un recordatorio de que la música y el amor siempre encontrarán la manera de unirse.

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