— Los declaro marido y mujer. — La palabra del padre vino como una bendición en mi vida, todo lo que siempre soñé fue casarme con Henrique Rodrigues. Él es un hombre muy importante aquí en São Paulo, y por obra del destino, él me vio después de que salvé a su madre de un asalto. — Puede besar a la novia, señor Rodrigues.
Él mira a todos lados antes de acercarse a mí y besarme. Soy la mujer más feliz del mundo, pues mi vida ahora será solo alegría. Henrique permanece serio, como siempre fue, pero eso ya no me incomoda más, pues él siempre fue así.
Seguimos hacia la fiesta, todo simple, pero muy bonito. Alquilamos un buffet para preparar todo, pero solo elegí las comidas que a Henrique más le gustan. Intento sujetar su mano, pero él cruza los brazos sin mirarme. Sé que con el tiempo, él ablandará su corazón, y me amará del mismo modo que yo lo amo.
— ¿Vamos a bailar, mi amor? — Pregunto animada, pero él me mira de reojo y niega con la cabeza.
— Yo no sé bailar, y odio ese tipo de cosas. Vamos a cortar el pastel e irnos de aquí, necesito trabajar.
— Está bien, vamos. — Su madre se acerca a nosotros antes de que lleguemos a la mesa de los dulces.
— Ahora es el baile de vals, y los novios son los que empiezan. — Él bufa revolviendo los ojos, coloco mi mano en su brazo, y sonrío para ella.
— No vamos a bailar, a Henrique no le gusta. — Ella lo mira como si quisiera matarlo. Él retira su brazo, haciéndome soltarlo y sigue hacia la mesa de los dulces. — Está todo bien, doña Vera, yo también estoy cansada.
Ella da una sonrisa débil, y seguimos junto a Henrique. Él no sostiene mi mano para que cortemos el pastel juntos, yo lo hago sola. Él está más distante que antes, yo quería que él estuviera tan feliz como yo lo estoy.
Salimos de la fiesta yendo directo a nuestra nueva casa. Su madre lo obligó a comprarla para nosotros dos, pues él vivía en un apartamento de soltero antes del matrimonio. En cuanto llegamos al pasillo de los cuartos, él se detiene y abre la primera puerta.
— Este es tu cuarto, puedes hacer lo que quieras aquí, cambiar el color, los muebles, qué sé yo. Haz lo que quieras.
— ¿Mi cuarto? ¿Cómo así? ¿No vamos a dormir juntos, Henrique?
— No duermo con nadie. Aparte de que puedes ser dueña de esta casa, y de todo lo que sea mío, pero nunca serás mi dueña. Voy a tomar un baño y salir con mis amigos.
— Pero es nuestra luna de miel, no puedes hacer eso, yo... — Él gira la espalda y comienza a caminar por el pasillo. — Henrique, te estoy hablando.
— Me importa una mierda. — Él simplemente entra al cuarto y cierra la puerta con todo. Me quedo parada, mirando hacia la dirección que él tomó. Yo nunca me entregué a nadie, quería que fuera especial, con el hombre de mi vida, y cuando conocí a Henrique, siempre soñé con entregarme a él. Pero, ¿por qué él está tan frío conmigo?
Voy caminando hasta la puerta de su cuarto, y veo que él la cerró con llave, miro hacia abajo, y aún estoy usando mi vestido de novia. Él necesita verme fuera de él, de una forma que él sienta atracción por mí.
Corro hasta mi cuarto, tomo un baño rapidito, y me pongo una camisola bien sexy. Suelto mi cabello, e incluso con un poco de vergüenza, abro la puerta y lo espero. Cuando él sale, camina en mi dirección y yo doy una sonrisa, yo sabía que él no iba a resistir. Sin embargo, él se detiene en frente y habla.
— No me esperes despierta, no tengo horas para llegar. — Él pasa directo y se va, y yo me quedo perdida, sin entender lo que acaba de suceder. Miro hacia adelante, y voy en dirección al cuarto de él, abro la puerta y entro.
El cuarto todo en tonalidades negro y gris, bien extraño para un hombre que acaba de casarse. Voy hasta su armario, y comienzo a ver lo que hay dentro de él. Hasta que veo detrás de las dos ropas, un lindo vestido rojo. Él tiene un escote y una abertura en la parte de la pierna.
Lo tomo y voy hasta el espejo y lo coloco en frente mío. No es mío, y ni sería para mí, pues parece que es de alguna mujer alta. Siento el perfume, y es tan dulce que llega a ser empalagoso. Vuelvo hasta el armario y lo coloco de vuelta en su lugar. Comienzo a mirar para los lados, y voy hasta la mesita de noche, y abro el cajón.
Dentro hay un libro de tapa roja. Lo tomo y lo abro. Voy pasando las hojas, hasta que veo una foto entre ellas. Una rubia usando exactamente el vestido rojo que está en su armario. Giro la foto, y tiene una leyenda.
"Un recuerdo para que nunca te olvides de mí, Rick."
Suelto la foto en el suelo, y mi mundo todo se despedaza. Me acuerdo de ver a esa mujer en nuestra boda, solo no imaginaba quién era ella. Para mí, era solo una de las invitadas de él, pero parece que va más allá de eso.
— No, calma Carol, puede ser apenas un malentendido. No tomes ninguna iniciativa ahora. — Levanto la foto del suelo, la coloco nuevamente en el libro y lo guardo en el cajón. Vuelvo para mi cuarto, me acuesto en la cama pero no consigo dormir.
Las horas van pasando, y cuando miro para la ventana, veo que el día ya amaneció. No oí el carro de él llegando, ni siquiera sus pasos por el pasillo del cuarto. Él no volvió a casa, con certeza.
Me levanto y sigo hacia el baño, hago mi higiene, me cambio y voy hasta la empresa de Henrique, y espero que él esté allí.
Carolina,
Al llegar a la empresa, subo directo a su sala. Todos aquí me conocen, saben que ya soy la esposa de Henrique. Su secretaria, así que me ve, corre en mi dirección.
— Señora Rodrigues, ¿qué hace aquí tan temprano?
— Vine a ver a mi marido, ¿sucedió algo?
— No, es que el jefe aún no ha llegado. Pensé que ustedes estarían de luna de miel, pues él canceló todas las reuniones de la semana. — La miro sin entender, pues él mismo dijo que no iba a haber luna de miel porque necesitaba trabajar.
— Él dijo que vendría aquí a buscar unos documentos antes de irnos. — Miento para no pasar vergüenza. — Yo voy para casa, él debe haber desistido en el medio del camino. Él dijo que iba a hacerme una sorpresa, ¿sabes para dónde vamos?
— Él dijo que ustedes iban para Isla Bella, solo no digas que yo hablé, ¿está bien? — Le sonrío y asiento con la cabeza. Doy media vuelta y salgo de la empresa, yendo en dirección a mi coche.
Algunos minutos después, llego a casa y los empleados ya están haciendo sus trabajos, pero el coche de él no está en la cochera, lo que indica que él ni siquiera volvió. Suelto un suspiro, y entro, yendo directo a mi cuarto.
Con el pasar de los días, Henrique siempre llega tarde a casa, intento hacer de todo para llamar su atención, hasta incluso hice su plato preferido. Pero él come, y después vuelve al cuarto y se encierra allá adentro, como si yo no hubiera hecho nada para agradarle.
Suspiro hondo, y yo necesito tomar una iniciativa, antes de que nuestro matrimonio termine. Voy hasta su cuarto, y oigo el ruido de la ducha. Esta es mi oportunidad de mostrar que yo soy toda de él. Me quito la ropa aún en el cuarto, y sigo para el baño. Él está de espaldas, entonces, entro despacio, sin hacer ningún ruido, y cuando yo entro en el box, él se gira y me mira asustado.
— ¿Qué mierda estás haciendo aquí, Carolina?
— Estamos casados hace una semana, y tú nunca me tocaste. Por todo este tiempo yo me guardé para el amor de mi vida, y eres tú, Henrique.
— ¿Me amas o amas mi dinero y la vida de lujo que yo te doy?
— ¿Qué? Yo nunca gasté tu dinero con cosas fútiles, todo lo que yo tengo, fue lo que tu madre me dio. ¿Cómo puedes pensar así de mí?
— Sal de aquí, y no vuelvas a entrar en mi cuarto. Aquí es un área prohibida para ti. — Me aproximo más a él, y todo en su pectoral, tan lindo, perfectamente moldeado con músculos. — ¡Sal! — Él agarra mis pulsos y me da un leve empujón.
— Yo soy tu esposa, ¿por qué te casaste conmigo, si no ibas a tocarme?
— Me casé contigo porque mi madre mandó. Pero yo no tengo ningún sentimiento por ti. Ahora sal de aquí, no voy a repetir. — Las palabras de él duelen más que una bofetada en la cara. Mi corazón queda tan apretado, que parece estar siendo aplastado.
Apenas asiento con la cabeza, y me giro de espaldas. Agarro mi ropa y corro para mi cuarto. Me desplomo en la cama y comienzo a llorar. Él no se casó conmigo porque quiso, él se casó por obligación. La madre de él está agradecida por yo haberla salvado, pero yo estoy pagando caro por eso. Amo a un hombre que no me ama, y por sus noches afuera, tampoco me respeta.
Un mes se pasa, y no descubrí quién era aquella rubia de la foto, pero ya sentí el mismo perfume de aquel vestido en sus ropas. No somos una pareja, somos dos conocidos viviendo en la misma casa. Hago de todo para llamar la atención de él, pero él no me nota, no ve, parece hasta que yo soy invisible para él. A los 23 años, aún soy virgen, pues hasta hoy él no me llevó para la cama.
Me levanto, voy al baño y paso agua en mi rostro.
— Basta de llorar, Carol, vamos a darle la vuelta. Si él cree que yo estoy con él solo por el dinero, entonces voy a ser la esposa que gasta todo. Voy a transformarme en una nueva mujer, vamos a ver hasta dónde va su odio por mí, Henrique Rodrigues.
Me pongo la ropa más bonita que yo tengo, pero mi intención ahora es cambiar todo mi guardarropas. Agarro mi bolso, y salgo. Está de noche, pero si él puede pasar la noche afuera, yo también puedo. Entro en mi coche y sigo hasta la casa de una amiga mía de infancia. Como ella vive sola, voy a poder desahogarme con ella a gusto.
— ¿Carol? Pensé que ibas a estar de luna de miel, ¿qué haces aquí? — Ella me tira para dentro de su casa y vamos caminando hasta la sala.
— Bia, yo necesito tu ayuda. Yo me casé apenas en el papel, mi marido es un iceberg, y yo no estoy aguantando más vivir con él. ¿Crees que Henrique cree que yo me casé con él por dinero?
— Me gusta cuando los hombres son así, pues cuando llevan un tropiezo, raramente consiguen levantarse. Voy a ayudarte, vamos a cambiar tu visual, tus ropas, tu forma de ser, todo. Si él no te dio valor siendo una persona buena, va a dar valor cuando seas una persona mala.
— Yo no sé si voy a conseguir, yo lo amo mucho. Pero él no me ama, ni siquiera mira para mí. ¿Qué tengo que hacer, pintar mi cabello de rubia?
— Tú no vas a hacer eso. Jamás cambies tu forma de ser solo para llamar la atención de alguien. Si vas a hacer, tiene que ser por tu voluntad. Calma, ¿está bien?, yo voy a estar a tu lado para lo que necesites. Vamos allá, levanta esa cabeza, y vamos a darle la vuelta. Vamos a dejarte indisponible para el marido imbécil.
Por más que yo ache extraño esto, ella tiene razón. Estoy muy encima de él, ¿pero no sería así que una esposa debería comportarse? ¿Estar siempre allí cuando el marido necesite?
— Toma, vístete esto, vamos a dar una vuelta.
— Bia, ¿esto es mismo necesario? — agarro la ropa en una mano bien abierta, mirando para ella viendo que no es el tipo de ropa que yo usaría.
— Ella es perfecta, si él puede mirar para otras mujeres que muestran partes de su cuerpo, tú también puedes mostrar el tuyo para que otros hombres miren. Tú eras más divertida, Carol, no seas una vieja gruñona.
Concuerdo con ella y comienzo a cambiarme. En seguida, él agarra el bolso, y salimos de su casa. Entramos en mi coche y seguimos para una casa de shows.
Carolina,
Entramos, y Bia ya pide dos bebidas para el bartender. Gin, energizante y una piedra enorme de hielo dentro del vaso grande. Pagamos la bebida, y seguimos a la pista de baile.
— Olvida que estás casada, solo disfruta el sonido. No necesitas dar ideas a nadie, solo necesitas disfrutar. — Estoy de acuerdo con ella, y juntas comenzamos a bailar.
La música cambia, y el alcohol comienza a pegar de verdad. Entonces, comienzo a soltarme más, bailando libremente, como si realmente no tuviera a Henrique en mi vida. Pero, cuando voy a vaciar el vaso en mi boca una vez más, siento una mano grande que me tira fuera de la pista.
— ¿Qué m#erda estás haciendo aquí?
— ¿Henrique? Yo... yo...
— Tú como una mujer casada, deberías estar en casa.
— Y tú también. Tú deberías estar en casa con tu esposa, t#ansando con ella, y no dejándola sola. Quien no da asistencia, abre competencia, Henrique.
— Ah, no es la santita que mi madre pensaba que eras. Tú hiciste que me obligara a casarme contigo, ¿ahora estás aquí vestida de esa manera, y aún hablando sobre competencia?
— Vete al infierno, desgraciado, yo no obligué a nadie a nada. — Lo empujo con fuerza, haciéndolo ir hacia atrás. — ¿Quieres saber?, estoy cansada de esto, quiero el divorcio.
Henrique comienza a reír a carcajadas, me toma del brazo y comienza a sacarme del salón. Intento tirar de mi mano de vuelta, pero él la sujeta de una forma que no tengo fuerzas para soltarme. Así que llegamos al coche de él, Bia aparece, intentando ser mi abogada.
— Suéltala, Henrique, si no la quieres, hay quien la quiera.
— ¡Ocúpate de tu vida! — Él le grita, y prácticamente me tira dentro del coche. Él cierra la puerta y da la vuelta, para ir al asiento del conductor. Miro a Bia, y ella sonríe, guiñando el ojo. — Vas a quedarte en casa, y hacer lo que siempre has hecho, tu papel de esposa.
— No voy a hacerlo. No voy a ser más tu esposa, es más, nunca lo fui, ¿por qué me estás cobrando eso ahora? — Él se queda callado, y eso me irrita. — Detén el coche, quiero bajarme. — Él ignora mi pedido, y acelera más el coche.
En pocos minutos, llegamos a casa y yo bajo primero. Lo miro a él que aún está sujetando el volante con fuerza, llega hasta para ver sus dedos poniéndose blancos.
— Aún usas una ropa de esas, ¿realmente estás tan loca por c#ger que ibas a hacerlo con cualquiera?
— Sí, iba a hacerlo, ¿piensas que solo los hombres tienen necesidades? Yo me guardé para ti hasta ahora, pero aunque no sea hoy, voy a perder mi virginidad con un desconocido. — Él da un golpe en el volante y abre la puerta. Yo entro corriendo para dentro de casa y sigo a mi cuarto, ya cerrando la puerta con llave.
Espero que venga detrás, pero no viene, ni siquiera oigo los pasos de él en el pasillo. Voy hasta el balcón, y lo veo volviendo para dentro del coche y saliendo. Imbécil, estúpido, solo tú puedes salir, ¿no es así? Vamos a ver mañana, lo que vas a hacer cuando yo salga.
Voy para el baño, me quito la ropa, y me pongo mi pijama. Esta es la última vez que uso esto, pues a partir de mañana, voy a usar solo camisón. Si él mandó que me comporte como una esposa, así lo haré.
(...)
Por la mañana, me levanto temprano, y voy directo a hacer mi higiene. Cuando abro mi armario, reparo mejor en lo que Bia quiso decir. Solo tengo ropas que son muy recatadas, y eso realmente me envejece más.
Saco todo, coloco sobre la cama, y miro la que puedo usar ahora para hacer las compras. Salgo de casa justo en el momento en que él está llegando, y para mejorar la situación, aparenta estar borracho.
— ¡No me fastidies! — Él habla bajando del coche y cerrando la puerta.
Entro en mi tragándome sapos, pues voy a controlarme y no voy a cobrarle más nada, así, él no va a poder cobrarme nada a mí. Me cansé, estoy ya en mi límite de todo, y si él quiere un matrimonio solo por apariencia, así será.
Enciendo el coche y él se queda mirando, miro por el retrovisor cuando salgo del portón, y él aún está allí parado como un poste. Sigo hasta una tienda muy conocida en Morumbi, hago una compra enorme, cambiando totalmente mi estilo, para como yo era antes de conocer a Henrique. Cuando estoy en la caja para pagar, oigo a dos mujeres detrás de mí conversando.
— Tú sacaste fue la suerte grande, mejor que ganar en la lotería, pues ese dinero nunca va a acabar.
— Qué hacer, él me ama y está loco por mí. Pena que la madre de él lo obligó a casarse con aquella sosa, pues yo debería ser la dueña de todo el dinero de Henrique. — Al oír el nombre de él, miro hacia atrás, y me deparo con la rubia de la foto. Miro hacia adelante nuevamente, es como si mi mundo entero se cayera.
Él está bancando ella, dando todo lo que ella quiere, solo para tener el placer de tenerla a su lado, incluso siendo amante. Cierro mis ojos y aguanto el llanto, pues aunque eso me duela, no puedo dejar que aparezca.
Paso la tarjeta que él me dio en nuestro noviazgo por primera vez, tomo mis compras y las llevo para el coche. Y aquí dentro, sin que nadie me vea, me permito llorar, dejar todo el dolor que estoy sintiendo, salir por mis ojos.
Yo solo no entiendo el por qué él aceptó casarse conmigo, siendo que ama a otra mujer. Incluso con la madre de él obligándolo, él ya es mayor de edad, y podría decir no. Haberla visto en la foto me dolió, pero haber visto y oído todo lo que ella habló, me dolió aún más. Seco mi rostro, enciendo el coche y sigo de vuelta para casa.
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